Haciendo músculo

Este verano, ilustrado con la foto de tres o cuatro famosos (y musculosos) maduritos, vi el siguiente titular. La famosa tableta de chocolate se vuelve rancia . A pesar del evidente tono vocinglero del encabezamiento, la noticia recurría a estadísticas y a la opinión de distintos médicos para alertar sobre algo que yo también he pensado en más de una ocasión. No sé bien en qué momento nació la fiebre (por no decir epidemia) por criar músculo y emular a los atletas griegos. Supongo que fue un paso más en el santo mandato que todos nos dimos hace unos cuantos años de practicar deporte. A partir de entonces, quien más quien menos intenta rendir culto a eso de mens sana in corpore sano, lo cual está muy bien si no fuera porque el ser humano tiende siempre a sobreactuar, a pasarse un poco o un mucho de la raya.

Obviamente, hacer vida sana es conveniente no solo para preservar la salud, sino también y esto es darwinismo puro porque aumenta nuestras posibilidades de gustar a los demás. Supongo que de ahí viene el problema. En el caso del sexo masculino, por ejemplo, donde antes había barriguitas cerveceras y declaraciones como el hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso ahora hay mucho torso digno de Praxíteles, bíceps lustrosos y muslos de discóbolo. Nada que objetar, por supuesto, hay por ahí cuerpos que quitan el hipo, lo cual siempre le alegra a una la vista. Lo que sí digo es lo que señalan los médicos, que el deporte y la gimnasia (como todo en esta vida, por otro lado) es saludable solo en su justa medida. Volviendo al artículo del que les hablaba, este se hacía eco, por ejemplo, de la preocupación de los especialistas por un fenómeno que supongo irá en aumento a medida que pasen los años. Y es que el exceso de deporte es tan perjudicial o más que la falta de él.

Por tanto, a medio y largo plazo se presentan todo tipo de patologías. Problemas de artrosis, por ejemplo, de huesos, así como desgaste de ligamentos o tendones. Eso por no mencionar el caso de deportistas de élite que, con el tiempo, desarrollan problemas cardiacos, o el de gimnastas, tanto profesionales como aficionados, que descubren el lado oscuro de los anabolizantes. Visto lo visto, se me ha ocurrido que si lo que nos empuja a cultivar el cuerpo es un afán, por un lado, de sentirse mejor y, por otro, de gustar a los demás, posiblemente trabajar otro músculo ahora un tanto en desuso puede darnos tantas o más alegrías que la tan mentada tableta de chocolate.

Decía Carl Sagan, el famoso astrónomo y divulgador científico norteamericano, que el cerebro es un músculo y que, cuando pensamos bien, nos sentimos bien. En esa línea, algunos médicos van más allá y sostienen que no solo es un músculo, sino uno muy fácil de engañar. Tanto es así que, si uno sonríe, el cerebro cree que está contento y le hace sentirse mejor. ¿Y cómo ejercitar ese músculo tan bien predispuesto? No voy a darles a ustedes el turrazo transcribiendo aquí lo que recomiendan tantos gurús de la autoayuda. Que si hay que pensar en positivo; que si hay que rechazar las conductas con R (rencor, rabia, resentimiento) y potenciar las con S (serenidad, sabiduría, sociabilidad, sueño, sonrisa ). Aunque puestos a elegir, entre todas estas S (bastante sensatas, por otro lado) yo me quedo con tres. Sonrisa, porque como dice un viejo proverbio oriental. Sonríe y el mundo te sonreirá; llora y llorarás solo . Serenidad, porque frente a esa esquiva quimera que llamamos felicidad y que está hecha solo de momentos, de ráfagas, la serenidad no solo es más estable y duradera, sino que hace que uno se sienta bien consigo mismo. Y por fin está la sabiduría. Ahora, todo el mundo piensa que el saber es algo que se consigue apretando una tecla del ordenador y entrando en Google. Para qué tomarse la molestia de leer, de curiosear, de aprender. Se les olvida que ese músculo que es el cerebro también necesita que lo ejerciten un poquito. Y cuando se hace, descubre uno que es tanto o más sexy y atractivo a los demás que la famosa tableta de chocolate. Palabrita del Niño Jesús.