Las reflexiones de Piqué

En el momento de redactar este suelto, Josep Piqué se recupera satisfactoriamente de un pequeño contratiempo vascular que le ha costado un sobresalto a él y a los suyos. Confiemos en su rápida mejoría. Horas antes del percance tuve el gusto de presentar en Madrid su interesante ensayo sociopolítico titulado Cambio de era, editado por Deusto. Es un libro plagado de geoestrategia redactado para los que no somos geoestrategas, para los que observamos el mundo sin tener los ojos repletos de códigos secretos. Es un libro directo y claro, atiborrado de sentido común y de reflexiones inteligibles y deductivas. Resulta interesante conocer esas deducciones de Piqué acerca de la evolución de esta España que él ha conocido como ministro, como empresario y como activista de la serenidad, bien escaso de nuestro tiempo. Piqué sostiene que España debe su primer paso a la prosperidad al Plan de Estabilización de 1959; y manifiesta que la arquitectura de la Transición metió en el canasto a las generaciones que entonces volaban en el activismo político y social. Sin embargo, sostiene que aquellos que hoy lucen menos de cincuenta años han quedado descolgados de la emoción de una Constitución que se les ha hecho indiferente. Reformarla en algún aspecto no debería suponer drama alguno, como de hecho ha ocurrido en otros lugares que, a diferencia de España, tienen cartas magnas longevas, sí, pero ampliamente reformadas, sin que ello haya supuesto drama alguno. Viene a decir el exministro que, de alguna forma, habría que volver a empezar. Pero va mucho más allá.

Occidente -es decir, nosotros- se está suicidando demográficamente. Tanto que ningún país europeo estará en un hipotético G8 así que pase una generación. Con la excepción de los Estados Unidos, que parte de otros marcadores, Occidente está a las puertas de una cierta decadencia. a mediados de siglo habrá más personas de más de sesenta años que tantas otras de menos de dieciséis. Ello supone un coste desmesurado para sostener los parámetros de bienestar a los que estamos acostumbrados, sean pensiones, salud o trabajo. Japón, aunque suponga salir de nuestro marco inmediato, ya consume muchos más pañales para el servicio a personas mayores que a recién nacidos. Y eso no ocurre en países emergentes que, en cualquier momento, se van a situar a la cabeza de la producción mundial. ¿Qué haremos entonces? La tecnología y los crecimientos demográficos han supuesto, paradójicamente, un impulso definitivo para países largamente condenados al suministro secundario. creíamos que se iban a morir de hambre, pero, sin embargo, Brasil, la India, México y no digamos China están a las puertas de una recolocación sorprendente en el concierto mundial. Otros países no invitados en principio a la fiesta van a convertirse en las nuevas capitales económicas mundiales. Atiendan a la ciudad de Singapur y a los países del entorno del Estrecho de Malaca, el que separa Indonesia y Malasia, por donde transita el negocio marítimo que cruza del Pacífico al Índico, y viceversa. Ese es el nuevo epicentro del terremoto productivo mundial. Sostiene Piqué que el viejo eurocentrismo de los mapamundis que dibujan un mundo centrado por el Meridiano de Greenwich deberá ser sustituido por otro cuyo eje se haya desplazado sensiblemente hacia el sur y hacia el este. La geografía siempre está y la historia siempre vuelve.

¿Y España? Harina de costales muy particulares. Nuestro país adolece gravemente, en este peculiar y enervante momento, de autoestima colectiva. Recuperarla será tarea ciclópea y obligará a una monumental campaña de trabajo colectivo. Por si fuera poco, se ve agravado ese trabajo por un más que preocupante defecto de cohesión nacional y una acelerada displicencia y desafección por nuestro sistema representativo. Piqué sugiere en este libro eléctrico y seductor las reformas imprescindibles, políticas, administrativas y sociales, que harían posible salvar los muebles en un futuro a medio plazo. Conviene leerlo detenidamente.