El amor es para quien se lo trabaja

Desde que el mundo es mundo, la gente intenta comprender ese extraño fenómeno del que Ovidio dio la que para mí es una de sus más certeras definiciones. Según él, el amor es un no sé qué que viene no sé por dónde, se va no sé por qué y a veces incluso mata. Ese no sé qué ha hecho, por ejemplo, que los psicólogos se devanen los sesos intentando teorizar sobre él. Sin embargo, hasta finales de los ochenta se interesaban primordialmente por su lado patológico. Es decir, trataban de comprender las razones clínicas por las que algunas personas no eran capaces de amar y otras amaban en exceso sin interesarse por averiguar cómo aman las personas como usted y como yo, la gente normal.

Según el psicólogo Robert J. Sternberg, uno de los primeros en investigar sobre lo que podríamos llamar el amor sano, se trata de una relación interpersonal que se caracteriza por tener tres componentes. pasión, es decir, un estado de intenso deseo sexual; afinidad o, como se dice ahora, estar en la misma onda; y, por fin, compromiso, que él define como la intención de las partes de mantener el amor y formalizarlo de alguna manera. Sobre estos tres vértices se sustenta tal sentimiento, y las diversas combinaciones de dichos elementos dan como resultado siete tipos de amor diferentes, sabiendo que las relaciones que se apoyan en uno o dos de estos vértices son más frágiles que las que se apoyan en los tres. El primer tipo de amor que describe Sternberg es el encaprichamiento (solo pasión). Se trata del típico flechazo con un intenso deseo sexual. Es muy potente, pero, si no desarrolla alguno de los otros dos pilares (afinidad y/o compromiso), unas veces se extingue y otras se convierte en obsesión. El segundo es el cariño (solo afinidad). Se trata, por ejemplo, del amor que se siente por un amigo con el que uno tiene mucho en común e intenta construir una relación amorosa. Como carece de pasión y de compromiso, o bien evoluciona o suele morir al cabo de unos meses. El amor vacío (solo compromiso) es característico de las uniones de conveniencia o de las parejas que con los años han perdido pasión e intimidad. Amor romántico. este ya se sostiene sobre dos patas, la pasión y la afinidad, pero, si no busca el compromiso, a la larga también puede languidecer. Amor sociable es el que se apoya en la afinidad y el compromiso. Es típico de matrimonios de muchos años donde la pasión se ha extinguido; funciona, sí, pero solo si uno u otro no se encapricha de otra persona. El amor fatuo tiene también dos patas, la pasión y el compromiso, pero le falta afinidad los gustos comunes, por lo que, si falla la pasión, posiblemente tampoco sobreviva. Y por fin está el amor consumado, que es el que se sustenta en los tres pilares de los que venimos hablando. Es la situación ideal, la que todos desearíamos alcanzar, una en la que hay pasión, afinidad y también compromiso. Según Sternberg, este amor no es tan difícil de encontrar, lo realmente difícil es mantenerlo.

¿Por qué si a uno le ha tocado el gordo de la lotería? Pues en mi opinión, y ya no es Sternberg quien habla sino servidora, porque la gente cree que el amor es un rayo que le cae del cielo sin que él o ella tenga nada que ver en el asunto. Piensa y me incluyo, porque yo también he cometido en tiempos el mismo error que ese no sé qué que viene no sé por dónde y se va no sé por qué es tan caprichoso como inexorable. Y es verdad que lo es, pero solo en su comienzo o, mejor dicho, en una de sus tres patas, en el amor pasión, sin que las otras dos se vuelvan inservibles. Sin embargo, a partir de que esta funciona y las otras dos existen o han existido, el amor deja de ser un no sé qué inescrutable, para convertirse en un afán. Algo así como el campo. No solo porque hay que cultivarlo, abonarlo y regarlo con perseverancia y mucha paciencia, sino porque, parafraseando un viejo eslogan político, el amor perdurable no es para quien lo posee, es siempre para quien se lo trabaja.