¿Cómo pasamos de unirnos en grupos a crear sociedades?

Los especialistas en Geología consiguieron inculcar al resto de los mortales que los fósiles representaban realmente el pasado. Yo adoro los fósiles desde mi más tierna infancia. ¿Cómo voy a salir disparado, corriendo, cuando alguien me llama al móvil, después de confraternizar con un trilobita de mi colección que cuenta si mis cálculos siguen siendo acertados, tras la inesperada llamada telefónica con casi 600 millones de años? La primera ventaja de los fósiles es la de retrotraerte al pasado más lejano, pero no la de mostrarte cómo era ese pasado.

Hasta hace muy pocos años, nadie podía dirigirse a los demás para decir. ¡Hola!, ¿qué tal? , ¡Qué fría está la mañana! , ¡Buen provecho! después del desayuno, sin tener el presentimiento de que le fueran a entender. Los homínidos se habían acostumbrado a vivir, y casi siempre a odiarse, divididos en núcleos reducidos, sin entenderse los unos a los otros. Dirigirse al vecino diciendo. ¡Hola!, ¿qué tal?, ¿cómo estás? en cualquiera de los siete mil dialectos identificados a nivel universal no solo era la manera segura de provocar miedo, sino espanto. La gente vivía en núcleos muy reducidos e incomunicados; el amor era una excepción.

Es espeluznante pensar las razones por las que cuatro tribus del norte africano desplegaban cuatro idiomas distintos, amaneramientos y reflejos dispares. Resulta imposible comprender las razones por las que cuatro tribus diferenciadas hubieran generado no una sola, sino cuatro tradiciones, costumbres, saludos y maneras distintos de percibir el mundo. ¿Por qué cuatro y no solo un método de comunicación vehicular? ¿Por qué se habían empeñado los humanos en aglutinarse en pequeños grupos tribales, en lugar de hacerlo en sociedades homogéneas y grandes?

Más de siete mil maneras de decirse los unos a los otros buenos días para formar cada uno un pequeño grupo tribal en lugar de crear una sociedad homogénea. A menudo, los humanos no pueden hablar con otros miembros de su especie. El territorio disponible nunca ha predeterminado el tipo de organización social que mejor iba a adaptarse a las nuevas condiciones, por la simple razón de que hay más tipos de sociedades humanas que las simplemente esperadas de una determinada configuración geográfica. A nivel psicológico desplegamos formas de conducta social vinculadas al funcionamiento de pequeños grupos, dedicados a la cooperación social, individuos encargados de disciplinar a los que infringen la normativa grupal o de vigilar a los foráneos.

Hace miles de años, parientes de nuestros antepasados, los chimpancés, iniciaron una nueva forma de vida; en lugar de pasar otro millón de años cazando y pastoreando en grupos sociales de tipo familiar, les dio por ampliar esas tribus en las que la gente podía compartir el trabajo, formas de vida y hasta credos, ideas, competencias, tecnologías, música y arte. Como observó muy acertadamente el antropólogo James C. Scott, el mundo pudo contemplar el cambio del nuevo escenario del poder, definido por la lucha entre los genes y la cultura.

Extraño es que tan pocos constataran el último acto de la obra que describía el equilibrio de poder entre genes y mente. Resulta que los humanos habían aprendido cómo extraer conocimiento de los demás, imitarlos, copiarlos mejorando su modo de ser.

Nuestras culturas heredadas, que hoy ni siquiera valoramos, alteraron radicalmente para siempre el curso de la evolución y de nuestro mundo conocido. Saber utilizar la cultura heredada implicó convertirnos en la primera especie que extraía su aprendizaje para sobrevivir no de los genes, sino del conocimiento acumulado por nuestros antepasados; el historial genético indica que no llegábamos ni a siete mil personas cuando todo empezó.