‘Spoiler’

Hace un par de semanas les hablaba de esas prohibiciones que no se sabe quién inventa, pero que todos acatamos sin cuestionar si tienen o no sentido. Hoy quiero añadir a la lista un tabú relativamente reciente que se ha puesto de moda a través de Internet. Se conoce con la palabra inglesa spoiler, un término que viene del verbo to spoil y que significa estropear, chafar. Es curioso ver cómo, según el manual de cortesía y buenos modales que las nuevas tecnologías han incorporado a nuestras vidas, el pirateo, el voyerismo y hasta el plagio están tolerados, pero ay como se te ocurra hacer un spoiler, porque caerá sobre ti toda la ira de Twitter. El otro día a un amigo casi lo lapidan en la Red porque se le ocurrió revelar en un blog que en la película JFK asesinan a Kennedy.

Si la cosa sigue así, cualquier día lincharán a alguien por desvelar que el lobo se comió a la abuela de Caperucita. Según los sociólogos, esta fobia a los spoilers se debe a eso que en lenguaje psicoanalítico llaman un desplazamiento, una proyección. Dicho en román paladino, como vivimos en un mundo en el que nos prohíben tantas cosas (no fumes; no bebas; no critiques a las mujeres, a los niños, a los perros ), un mundo además en el que uno tiene que lidiar con todo tipo de desencantos respecto a las instituciones, el poder, la sociedad, al final necesitamos soltar gas por algún lado y lo hacemos volviéndonos intransigentes en tonterías. Me parece interesante esta explicación, pero yo le veo al spoiler otra razón curiosa. Tiene que ver, por un lado, con la falta de cultura y, por otro, con los tiempos utilitarios en los que vivimos. Hoy en día todo, hasta el placer de leer o de ver una película, debe tener un fin práctico, útil, en el más pedestre sentido de la palabra. Antes, la gente leía por el simple placer de hacerlo. Y daba igual saber (porque, además, era cultura popular) que Romeo no se casa con Julieta o que Ana Karenina se tira a las vías del ferrocarril al final de la novela de Tolstói.

Porque, como en todo lo agradable en esta vida, desde un gran amor hasta un buen viaje, lo importante es la andadura, lo que se siente y aprende en el camino. Si este llega a buen fin, alabado sea Dios, pero, si no, que nos quiten lo bailado (o lo vivido). En cambio, con esta visión entre utilitaria y poco ilustrada que se tiene ahora de los libros, resulta que lo único que importa es resolver el enigma. Y eso está muy bien cuando uno lee una novela policiaca de esas de usar y tirar o un best seller de aventuras, pero cuando se trata de un buen libro, el enigma es solo un ingrediente y ni siquiera el más interesante. Y es que, a menos que uno sea un niño o un adolescente, lo importante es cómo está trabada la historia, la emoción que producen los personajes, las divinas palabras de Shakespeare o de Tolstói, no descubrir si el asesino es el mayordomo o el jardinero. Como habrán podido comprobar, este artículo está lleno de spoilers. He empezado por chivarles el final de Romeo y Julieta, el de Ana Karenina y hasta el de Caperucita Roja y ahora me dispongo a espoilearles la película Casablanca.

No tengo más remedio que hacerlo para explicar algo que seguro también ustedes han vivido. Me refiero a la sensación única de sumergirse en una obra de arte que uno ya ha visto o leído no solo una, sino multitud de veces. ¿Acaso saber el final de un buen libro o de una buena película impide disfrutar de ellos? ¿Caduca, por ejemplo, el placer de entrar por enésima vez en el Ricks Café, pedirle a Sam que toque de nuevo As time goes by y llorar porque nuestra kid decide tomarse un avión? A mí me parece que ocurre todo lo contrario. Cada vez que uno se adentra en un territorio ya conocido como este descubre nuevos matices, nuevas emociones, escondidas perlas que nunca antes había visto. Ocurre así porque el arte se parece al amor y, por muchas veces que uno repita, emociona igual o más que la primera vez. He aquí la razón por la que me he atrevido a espoilearles tanto en tan pocas líneas. Espero que sepan perdonarme y que esto, en vez de casus belli, sea el comienzo de una buena amistad. Me encantaría.