¿Es tan válida la intuición como el conocimiento?

Me pregunto por qué nadie dice nada, cuando son cosas fáciles de entender, aunque la mayor parte de la gente prefiera no fijarse. Está comprobado que, en el cerebro, el pensamiento intuitivo prevalece sobre todo lo demás. A lo largo de toda una vida, en nuestro armario cerebral se van acumulando un sinfín de intuiciones que acaban arrinconando lo poco que en el cerebro hay de pensamiento racional. Durante mucho tiempo se nos ha vendido la peregrina idea de que la intuición no era una forma de conocimiento tan válida como la razón. Y durante siglos nos lo hemos creído.

Por eso, me cuesta creer que el legado de tres de los mayores expertos en ciencias de la educación el trío compuesto por el psicólogo John Bargh de la Universidad de Yale, con un solvente trabajo sobre la intuición; la neurocientífica irlandesa Eleanor Maguire, cuyas investigaciones sobre la plasticidad cerebral han abierto la posibilidad de que no solo los genes cuenten, sino también la cultura; y el investigador de la Universidad de Columbia Walter Mischel, que ha trabajado medio siglo en lo que yo llamo la ‘ventana del tiempo’ no haya provocado aún una esperada e ineludible reforma educativa.

La gente tiende a pensar que el cerebro apareció de repente, y eso no es verdad; apareció trabajosamente y ha tardado en desarrollarse nada menos que 750 millones de años.Lo que pasó es lo siguiente. las células únicas, que vivieron como tales durante dos mil millones de años, decidieron formar una corporación; es decir, hacer un animal. Más que nada porque como dice el científico neoyorquino Rodolfo Llinás hay grandes ventajas en ello. Entonces se crea un sistema que puede interactuar con cosas más grandes.

Así se crearon casi dos ‘filosofías’. Por un lado está la ‘filosofía’ de las plantas, que son ‘animales’ como nosotros que tienen circulación, se reproducen y mueren, pero que no se mueven activamente (si hay un incendio, los árboles no salen corriendo, pero los monos que hay en ellos sí). Esta es la ‘filosofía de estar quieto’. no me puedo mover y voy a hacer lo mínimo necesario para poder sobrevivir. Y luego está la otra ‘filosofía’, que es la del movimiento. Ahora bien, para moverse se requiere el sistema nervioso. Por eso surgió el sistema nervioso, que evolucionó por la necesidad de moverse. El cerebro surge realmente en aquellos organismos vivos que se mueven.

¿Pero cómo es posible que nadie evolucione en el campo educativo cuando se nos está diciendo que el pensamiento intuitivo es, en términos prácticos, el único que existe? ¿Cómo es posible que nadie se mueva, cuando se nos está demostrando que no son los genes los que deciden, sino la cultura? ¿Cómo es posible que nadie se mueva, cuando se nos sugiere que existe una edad precisa la comprendida entre los cuatro y los diez años para corregir lo que los genes solos no pueden hacer por su cuenta?

Lo que la ciencia está diciendo en los últimos años es que no tiene sentido cerrarse en banda a la inmensidad del pensamiento intuitivo. Se trata de un pensamiento que no requiere el mismo aprendizaje que el racional, esbozado en los últimos cien mil años, pero que sí requiere algún tipo de aprendizaje. Lo que la ciencia está recordando es que la plasticidad cerebral existe y que, afortunadamente, hemos aprendido a innovar no solo al dictado de los genes, sino de la cultura aprendida, y que sabemos cuándo se puede intentar recurriendo al aprendizaje social y emocional.