De Piketty a María Olvido

La económica es una información áspera, no cabe la menor duda. Toda disciplina repleta de tecnicismos es de difícil abordaje, pero la que hace referencia a la economía se hace especialmente abrupta merced a lo difuso e intercambiable de sus conceptos básicos. Y a la diferencia de criterio tan abismal con la que unos y otros intérpretes analizan la realidad.unas veces la deflación es mala y otras veces no es tan mala, por ejemplo. Los periodistas no especializados en información económica, que somos la mayoría, hemos venido manejando dos o tres conceptos básicos y hemos despachado el asunto con un par de banalidades muy sonoras. con saber diferenciar activos y pasivos y recordar que ‘inflación’ se escribe y pronuncia con una sola ‘c’ ya había bastante.

Pero llegó la crisis, devastadora, desconocida, omnipresente, y nos mandó a estudiar a todos. Desde 2008 nos hemos familiarizado de tal manera con la terminología económica que hemos pasado a manejar con soltura conceptos hasta ayer desconocidos como default o hedge funds, o a hablar con una familiaridad asombrosa de indicadores que pocos meses atrás desconocíamos por completo, como la famosa prima de riesgo. Ninguno de nosotros, ciertamente, nos preguntábamos mañana alguna por el estado del diferencial del bono español respecto al alemán ni nos interesábamos por conocer el total de la deuda con relación al PIB como ahora. Ni en conocer el crecimiento económico de países vecinos o cosas así. Ahora, en cambio, leemos ensayos económicos y comparamos criterios de los principales gurús, desde Krugman hasta Prescott, por nombrar dos premios Nobel de economía.

Sin ir más lejos, estos días le son propicios a Thomas Piketty, economista francés particularmente estudioso de las desigualdades económicas, autor del ensayo de moda, El capital del siglo XXI. Piketty viene a decir que el capitalismo se acaba agotando al envenenarse de éxito, es decir, al conseguir acumular capital merced al rendimiento financiero y no merced al rendimiento de la productividad, del trabajo. con tal afirmación y tal moraleja es evidente que pasa a ser el ídolo del socialismo mundial y de parte de la socialdemocracia, especialmente cuando aconseja crear impuestos altos y especiales para la ‘riqueza’ y aumentar exponencialmente el gasto público. Digamos que viene a reeditar las lecturas de Marx. Y que ha venido asesorando al socialismo francés cuando ha gozado de oportunidad de gobierno. Y que deberá andar con desasosiego una vez compruebe que ni Hollande ni Valls le hacen ningún caso, antes al contrario.Sin embargo, más allá de las lecturas cultas y altamente específicas como la de Piketty, un simple libro de sencillas y asequibles informaciones económicas está acabando con el cuadro.

Más economía para andar por casa es el segundo volumen de una feliz idea de María Olvido Macías. Periodista de raza, trabajadora de continuo trazo, indiscutible comunicadora, Olvido convenció al profesor Rodríguez Braun y a los experimentados especialistas en información económica Ignacio Rodríguez Burgos y Pedro Pablo González para contestar a las preguntas más corrientes que pudieran hacerse los españoles no avezados en más cosas que vivir en primera persona todas las crisis posibles. Conocer si conviene más hacer la declaración de la renta de forma conjunta o separada, lo que debemos saber del IBAN, de los fondos buitres, de los trabajadores ‘zombis’ o del futuro de las pensiones son algunas de las claves que pone a nuestro alcance, de forma asequible y brillante, este equipo de buenos analistas económicos. Su lectura es un aconsejable primer paso para adentrarse en el espeso mundo de la literatura o los ensayos económicos que hoy proliferan en la industria editorial. Nunca antes se había escrito tanto de economía ni se había pretendido tanto divulgar los misterios de una de las ciencias más imprecisas de todas las existentes. Quien esto firma, que maneja con desparpajo términos que hace menos de una década le resultaban vetados e inaccesibles, debe mucho más a las María Olvidos que a los Pikettys. Siendo ambos aparatosamente interesantes.