¿Qué hace falta para desarrollar con éxito la investigación?

El premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica 2014 ha recaído sin que se hayan dado cuenta los miembros del jurado, entre los que figura desde hace muchos años el autor de este artículo en tres químicos singulares que habrían podido figurar en la lista de los químicos que impulsaron la Revolución Industrial.

En mi opinión, los miembros del jurado no se percataron a tiempo del doble significado que entrañaba la elección de tres químicos como los de antes, pero totalmente nuevos. Avelino Corma, Mark E. Davis y Galen D. Stucky, los galardonados, representan la herencia de antaño, pero ejemplifican de qué estamos hablando cuando lo hacemos de la nueva o novísima Revolución Industrial.

No olvidaré nunca ni el nombre ni la estampa de las tres estatuas doradas de Boulton, Watt y Murdoch. Y cuando digo ‘doradas’, quiero decir que en Birmingham, donde están ubicadas, se pintaron de oro las tres esculturas de estos tres sabios que dieron curso a la Revolución Industrial. Fue muy llamativo recordar, como jurado de los Príncipes de Asturias, la implicación del gentío de la calle cuando las estatuas se restauraron hace pocos años y la popularidad de los ingenieros e industriales (los tres fueron claves en la invención de la máquina de vapor) que dieron cauce a la Revolución Industrial.

Como entonces, la gente en la calle ha vuelto a congeniar con los científicos que le estaban abriendo las puertas a las nuevas tecnologías. Boulton, Watt y Murdoch habían explicado los mil vericuetos de la luz a su público, de la misma manera que Avelino Corma, Mark E. Davis y Galen D. Stucky divulgan una materia para la que están mejor versados que los cuánticos. Una característica que une a estos tres químicos es que son científicos a la vanguardia en la creación de nuevos materiales; concretamente, de los llamados ‘microporosos’ y ‘mesoporosos’.

Los primeros se caracterizan por poseer una estructura con poros de un diámetro inferior a dos nanómetros, entre los que se encuentran las zeolitas aluminosilicatos naturales o artificiales de extraordinarias propiedades absorbentes y como catalizadores industriales; los segundos tienen una estructura con poros de hasta 50 nanómetros de diámetro y abarcan sustancias como la sílice, la alúmina u óxidos de diferentes elementos mecánicos. Gracias a Avelino, Mark y Galen aprenderemos y lo sabremos todo de los materiales nuevos.

La segunda característica de los químicos galardonados con el premio Príncipe de Asturias es que, igual que los impulsores de la Revolución Industrial, se han pegado literalmente al sector empresarial, utilizando los métodos adecuados para formar la unión necesaria entre tecnología y sector industrial. El futuro está en el aprovechamiento mutuo de los dos sectores, el tecnológico y el industrial, algo que en España no se ha sabido aprovechar o inventar.

El tercer rasgo que comparten los viejos químicos y los nuevos galardonados con el Príncipe de Asturias es que unos y otros consideran que el que trae el dinero para financiar la nueva inversión no puede controlar también la forma de instrumentar el trabajo o la nueva tecnología. Financiar y crear son dos cosas distintas; la mayor parte de las veces, absolutamente distintas.

Por último, vale la pena mencionar que, además de trabajar, hace falta dar a conocer los resultados. Avelino Corma, por ejemplo, posee más de cien patentes de invención, aparte de estar entre los 25 químicos más citados del mundo el primer español. Echamos de menos en el sector científico lo que el grupo de Avelino Corma domina. una vez más, lo que se necesita es convertir los dos modelos en uno solo.