¿Por qué España ha fracasado en el Mundial de Fútbol?

Reinventar el modelo democrático . Eso es lo que dijo el expresidente francés Nicolas Sarkozy a comienzos de verano. Hay que cambiarlo todo , añadió pocos días después. Estoy en Francia unos meses dando los últimos retoques al libro que mis editores tienen previsto publicar a finales del próximo mes de octubre. Se titulará El viaje a la vida. Más intuición y menos Estado. Aquí, todo el mundo está de acuerdo en que Nicolas Sarkozy no hacía sino recoger el sentir generalizado de que no solo en Francia, sino también en el resto de Europa, la gente está harta de los partidos políticos y del sistema sucesorio.

¿Por qué la gente está tan harta que quiere cambiar de partidos políticos? Intentemos explicar lo que ha ocurrido sin algaradas y sin añadir encono a un tema ya enconado. Si intentamos llegar a una conclusión analizando fríamente lo que ha ocurrido, podremos sacar algunas enseñanzas. En primer lugar, no ha ocurrido nada nuevo; todo ha sido más de lo mismo. Y lo que sucede en la política es muy similar a lo que ha ocurrido en la Copa del Mundo de fútbol. Hemos perdido por muchas razones, pero es evidente que ni el entrenador ni los jugadores han intentado inventar nada nuevo. No se han replanteado ni el tipo de juego necesario ni han tenido en cuenta que debían superar el pasado.

Los jugadores siguen siendo probablemente los mismos; ni peores ni mejores de lo que fueron hace unos años, solo más viejos. Figuras que ilusionaban al graderío han dejado de hacerlo y se les nota que han perdido lo que otros equipos, como la selección francesa, han acrecentado.

Primera conclusión. En una competición de las más encarnizadas era notorio que el equipo seguía apostando por los valores de antes, sin cambiar a los jugadores que antaño le dieron la gloria ni al entrenador que supo dirigirlos con acierto en el pasado. Es evidente, a la luz de lo que estoy diciendo, que no hemos osado cambiar a unas personas y jugadores que habían dado lo mejor de sí mismos, pero que ya habían dejado de darlo.

Segunda conclusión. Tal vez no hemos sabido conjugar el juego tradicional con lo que la ciencia de la mente está descubriendo. ¿Sabían todos nuestros jugadores que el trabajo de la mente es tanto o más importante que la fuerza física? Tal vez nadie haya querido aplicar al fútbol las sonrisas que se desparramaban en los juegos con ratones, venciendo sin misericordia estos últimos a los que seguían empeñados en soltar patadas con cara de palo. ¿Alguien está meditando sobre el hecho de que en el mundo nuevo es mejor trabajar por el bien de todos que por el de unos pocos? ¿Alguien ha meditado sobre algo por lo que los científicos siguen alucinados. el reciente descubrimiento de que el organismo humano tiene diez veces más bacterias malas y buenas que células, a las que atribuíamos hasta ahora todos los bienes imaginados? Quizá los resultados finales dependan también de cómo tratemos a las bacterias.

En la vida moderna estamos descubriendo la multidisciplinariedad como fuente del conocimiento. Como dice el premio Nobel de Medicina Sydney Brenner, los que más me han enseñado son los que menos sabían de lo mío . ¿Están seguros todos los jugadores y entrenadores de que lo mejor es fichar a supersabios que dominen el terreno que les hemos asignado? En la vida normal, los que están teniendo éxito son, al contrario, los que además de saber biología saben algo de informática. El conocimiento es hoy tan ingente y disperso que no puede uno centrarse en saber todo de algo. Al final, sabrá todo de nada.