Ingredientes.

-Para la cuajada. 250 g de leche entera, 250 g de nata, 5 yemas, 85 g de azúcar, 1 cucharada sopera de whisky (10 g) y 15 g de café soluble.

-Para el granizado de whisky. 0,5 l de agua mineral, 100 g de azúcar, 70 g de whisky y 1 hoja de gelatina.

Elaboración.

-Del granizado. se hidrata la gelatina con agua fría. En un cazo se mezclan el agua y al azúcar y se lleva a ebullición. Se retira del fuego, se deja templar y se agrega la gelatina escurrida. Se mezcla y se deja enfriar. Se añade el whisky, se vuelve a mezclar y se congela.

-De la crema cuajada. se precalienta el horno a 80 C. Se mezcla la leche con la nata en un cazo y se hierve. Se retira del fuego, se añade el café soluble y se deja infusionando 10 minutos. Se echan las yemas y el azúcar en un bol y sobre ello se agrega la mezcla fría de leche y nata. Se remueve bien y se pasa por un colador.

Acabado y presentación. se llenan los vasitos con el preparado para la cuajada y se hornean 90 minutos. Se sacan, se dejan templar y se llevan a la nevera. Se sirven con una cucharada sopera de escamas de granizado por encima, que sacaremos rayándolo con un tenedor.

Mis trucos

Si queremos que los más pequeños disfruten de este postre, basta con quitarle el whisky a la preparación. Pero también podemos hacer una crema cuajada de vainilla, limón, queso o frutas como el melocotón, por ejemplo.

Reinos de humo, por Carlos Maribona

Más allá de las sopas de ajo

Comería usted carne de perro o insectos? Seguramente no. Pero es probable que coma caracoles, ancas de rana, angulas o callos. El rechazo hacia ciertos alimentos es casi siempre algo puramente cultural. Comer es cultura y esta evoluciona con el conocimiento. También los platos. Salsas como la bechamel y la mayonesa se ‘inventaron’ en el siglo XVIII. La tortilla de patata, que ahora consideramos pura tradición, no apareció hasta finales del siglo XIX. Todas fueron, en su momento, nueva cocina. No es incompatible defender y recuperar la cocina popular y avanzar por el camino de una cocina experimental.

La cocina moderna no es un ‘engañabobos’ como se ha escrito. Sí es cierto que para disfrutarla hay que tener ganas de abrirse a lo nuevo. En la cocina, como en cualquier otro arte, se puede experimentar, buscar nuevas técnicas. la pintura no se acaba en Velázquez, ni la literatura en el Siglo de Oro, ni la gastronomía en las sopas de ajo. El buen gastrónomo no se chupa los dedos ante una fabada porque suele ser persona educada, pero se emociona comiéndola, tanto o más que un plato de nueva cocina. Y disfruta lo mismo con una buena tortilla de patata en un bar modesto que ante la deconstrucción de esa misma tortilla realizada por un chef vanguardista. Cada cosa en su momento.