Delicioso plato de pescado

-Ingredientes. 600 g de cocochas de bacalao, 1 patata, 1 cayena fresca picada sin pepitas, 2 cebolletas picadas, 4 dientes de ajo fileteados, 2 pimientos verdes picados, 4 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra, sal y cebollino picado.

-Elaboración. se sudan la cebolleta, el ajo y el pimiento verde, sazonados con las cuatro cucharadassoperas de aceite.Se añade la patata cortada en dados de 5 mm y se sigue sudando, moviendo el conjunto con cuidado, durante 8 minutos, a fuego lento y tapado, hasta que todo estéhecho. Una vez bien pochadas la verdura y la patata, se agrega la guindilla fresca, sin pepitas. Se echa también el aceite de oliva y, cuando haya tomado temperatura, se colocan encima las cocochas cortadas por la mitad. Se cuece tapado durante 5 minutos.

-Acabado y presentación. una vez transcurridos los 5 minutos, se echa el aceite a otro recipiente para que se enfríe y, una vez que se ha enfriado, se va montando el pilpil, vertiendo el aceite en hilo a la cazuela y haciendo continuos movimientos en vaivén hasta que todo ligue perfectamente. Por último, se espolvorea con cebollino picado y se sirve.

Reinos de humo, por Benjamín Lana

Dice Gastón Acurio, ese cocinero peruano que ha logrado convertir las papas y el ceviche en una atómica herramienta de transformación social en su país, elevando los niveles de dignidad colectiva y los de la renta campesina andina, que cocinar es compartir y repartir alegría . Escuchándole uno vuelve a encontrar sentido a tomarse tan en serio un fogón. Sobre todo cuando explica que el éxito se puede celebrar o se puede compartir y que es en este segundo caso cuando se vuelve fértil y transformador. Uniformado de chaquetilla blanca, con su prestigio y su rostro por delante, ha logrado para los desfavorecidos infinitamente más que el subcomandante Marcos.

Desde pararle los pies a los transgénicos en el Congreso hasta hacer escuchar a los poderosos en el Foro Económico Mundial por qué es importante que todos los eslabones de la sociedad ganen. Me reconforta mucho pensar en su labor en estos tiempos en los que cualquier acontecimiento o disciplina tiene que asumir el peaje de su frivolización para ser popular. Y el mundo de la cocina no es ajeno a esta realidad, muy al contrario. Millones de personas se han vuelto locas por las magdalenas de colores en Segovia se llaman ahora cupcakes, la FNAC vende exprimidores y los restaurantes con mantel y sin pizarra empiezan a estar mal vistos. Hasta revistas tan serias como The New Yorker dedican su portada a Un manifiesto anti-foodie como reacción. ¿Será que tenemos que pensar menos en los colorines y más en para qué de esta afición-profesión nuestra? @uncomino