Un poco de cunicultura

Algunos lectores coñones me zahieren por haber publicado en ABC un artículo titulado El puñetazo a Gasbarri en defensa del Papa Francisco, justo el día en que comparaba a ciertos católicos de numerosa prole con los conejos. No soy, desde luego, alguien que se distinga por sus adulaciones a Francisco; de hecho, los fariseos profesionales me pusieron a caldo el día en que publiqué un artículo titulado Los nidos de antaño, lamentando unas penosas declaraciones del Papa. Hace ya algún tiempo que quemé todas mis naves. no aspiro a ninguna prebenda, mamandurria o distinción, de modo que me expreso con la libertad de un hijo de Dios, que es la libertad del que busca la verdad, se despoja de las anteojeras de los respetos humanos y renuncia a falsas glorias mundanas. Creo que quienes me leen (independientemente de que estén o no de acuerdo con lo que escribo) saben que no tengo otro señor sino mis convicciones, que por no ser las que halagan al mundo me valen muchos coscorrones y magulladuras.

En mi artículo El puñetazo a Gasbarri, donde en efecto defendía al Papa, decía también que Francisco ha contado mayormente con el aplauso del mundo, que es la compañía más perniciosa para el cristiano ; y que este aplauso del mundo Francisco lo ha logrado con un lenguaje campechano un poco chanta (que diría un argentino) y un involuntario embarullamiento en cuestiones doctrinales sensibles, que ha sido aprovechado con regocijo por los demoledores de la Iglesia . Creo que la referencia a los ‘conejos’ forma parte de ese lenguaje campechano y de ese embarullamiento.Cada vez que he escuchado unas declaraciones penosas (o simplemente bienquedas) de Francisco me he consolado pensando en aquel pasaje evangélico en que Cristo tiene que increpar a un Pedro inspirado con pensamientos mundanos que lo invita a rehuir su Pasión. Como afirmaba Castellani, Pedro representa a Cristo y está en lugar de Cristo; y cuando reconoce, confiesa, profesa y proclama a Cristo, habla con la voz de Dios; pero el mismo Pedro como persona privada, hablando con sus fuerzas naturales y con su entendimiento humano, puede decir y hacer cosas indignas, escandalosas e incluso satánicas . Quien niegue esto es un papólatra descerebrado; o, como jocosamente añade Castellani, alguien que confunde el amor al Papa con el fetichismo africano. Porque amar a alguien no consiste en asentir bobaliconamente a sus sandeces, o tratar de justificarlas de modos babosos que injurien la inteligencia. Pienso que Francisco, sobre todo cuando se sube a un avión o tiene un teléfono a mano, propende a la facundia; y a veces su facundia puede incluir alguna sandez que cualquier católico no afectado por el síndrome del fetichismo africano puede señalar con naturalidad.

Observaba Gustave Thibon que, cuando las instituciones son fuertes e inamovibles, están por encima de las personas que las encarnan coyunturalmente. Dante, por ejemplo, incluyó en el elenco de condenados al che fece per viltade il gran rifiuto, refiriéndose a Celestino V (que renunció a la tiara pontificia), sin que por ello se menoscabara el prestigio del papado. Hoy, a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Dante, cuando las instituciones se han debilitado y casi nadie las defiende, surge como una putrescencia el fervorín idolátrico, la exaltación grosera y grotesca de las personas que coyunturalmente las encarnan. Pero tales excesos papólatras -tan vacuos- ocurren mientras la Iglesia católica es arrastrada por el fango un día sí y otro también, a veces como consecuencia de sus pecados, pero casi siempre por odium fidei.

Benedicto XV dedicó a Dante una encíclica (¡ay, aquellos tiempos en que los papas dedicaban sus encíclicas a asuntos imperecederos!), In praeclara summorum, en la que reconoce que arremetió con terrible acrimonia contra los Sumos Pontífices de su tiempo ; mas no por ello deja de declararlo el más grande poeta católico de todos los tiempos.Y Pablo VI, en su motu proprio Altissimi cantus, dedicado también a Dante, repetía la misma idea, reconociendo al divino autor de la Commedia como el más elevado fruto del genio católico, sin que sus reprensiones acerbas a los Papas manchen tal consideración, pues actuaba de juez y censor de vicios lamentables . Yo creo que intentar halagar al mundo hablando de ‘conejos’ para referirse a quienes heroicamente crían a sus hijos en un mundo que los mira como si fuesen friquis es algo lamentable. Desde luego, mi pobre pluma vale infinitamente menos que la de Dante; pero la de los fetichistas africanos que alaban o justifican toda palabra inepta salida de la boca papal vale infinitamente menos que la mía.