Una deliciosa receta de pato

Ingredientes. 2 magrets de pato, 2 endibias, 75 g de zumo de pomelo, 50 g de zumo de naranja, 2 cucharadas soperas de miel, 30 g de mantequilla y otros 20 g para ligar la salsa, sal y pimienta.

Elaboración. se retira el sobrante de grasa del magret. Se le hacen cortes por el lado de la piel formando una cuadrícula, sin cortar la carne. Se coloca por el lado de la piel sobre una sartén antiadherente, se salpimienta y se cocina 5 minutos a fuego bajo. Se da la vuelta y se cuece 3 minutos más. Se retira del fuego y se acaba en el horno, 5 minutos, a 180 C. Se saca y se deja reposar 5 minutos sobre una rejilla cubierto con papel de plata, haciendo dos agujeros en forma de chimenea.Mientras reposa, se cortan las endibias en 4 a lo largo y se marcan en otra sartén con la mantequilla y sal. Se confitan rociándolas con su propio jugo durante 5 minutos, se retiran y se dejan reposar en la rejilla con el magret.

Acabado y presentación. se agrega la miel a la sartén, se desglasa con el zumo de pomelo y naranja y se monta la salsa con otra pizca de mantequilla fría en dados pequeños. Se corta el magret en lonchas de bocado y se acompaña con las endibias confitadas y la salsa de cítricos y miel.

Reinos de humo, por Carlos Maribona

Coleccionistas de restaurantes

Siempre han existido, pero las redes sociales han multiplicado su presencia. Son los coleccionistas de restaurantes. Gente cuya principal aspiración es visitar la mayor cantidad de establecimientos, a poder ser con estrellas Michelin, y dejar constancia de ello en Twitter o en Instagram. A muchos no les importa tanto disfrutar de la comida, que debería ser lo principal, como exhibir en sus redes todo lo que han comido. Prefieren dejar que los platos se enfríen a renunciar a hacer artísticas fotografías con su teléfono de última generación. Por supuesto, todos ellos piden siempre el menú más largo posible, e incluso solicitan al cocinero algún plato más para poder presumir.

Muchos son también coleccionistas de vinos. Le piden al sumiller que guarde todas las botellas que van consumiendo, grandes champanes, los mejores vinos franceses, algún español sobresaliente, para fotografiarlas al final en otra muestra de poderío. En algunos casos son tantas que surgen serias dudas sobre si se las han bebido todas o sobre el estado del hígado del coleccionista y de sus compañeros de mesa. A diferencia de la fauna que utiliza las redes sociales para insultar y difamar, no hacen daño a nadie. Pero tal vez en tiempos de crisis, cuando hay gente que apenas tiene para comer, ese exhibicionismo roce, en ocasiones, lo impúdico.