Siempre pinchamos en hueso

Voces airadas o burlonas sonaron hace poco porque un equipo de cient ficos -gente seria, por otra parte- identific algunos restos seos de Cervantes en la iglesia de las Trinitarias de Madrid, donde llevaban perdidos casi cuatrocientos a os. Hubo quien defendi el asunto, como mi amigo Ignacio Camacho y alg n otro, pero la mayor parte se lo tom a chacota. Algunas de esas voces adversas proced an de gente respetable, con criterio digno de ser tenido en cuenta -mis tambi n amigos Javier Mar as y Francisco Rico, por ejemplo-, pero otras eran simplezas de imb ciles o cantama anas envanecidos, a quienes Cervantes y su obra siempre importaron un carajo, pero que vieron en este asunto la oportunidad de ponerse estupendos. Para qu remover osarios, coincid an las cr ticas de unos y otros. A qui n importa eso, a estas alturas. Lo que hay que hacer con Cervantes es leerlo. Etc tera. ?

Exactamente por las mismas fechas, en la p rfida Albi n y a punto de caramelo para el cuarto centenario de la muerte de Shakespeare, que es el a o que viene y coincide con la de Cervantes, la catedral de Leicester acog a, con gran aparato formal, los huesos del muy shakesperiano rey ingl s Ricardo III, que un equipo de arque logos descubri bajo las obras de un aparcamiento. En fin, y para entendernos. mientras en Espa a nos chote ?bamos de la b squeda de la tumba del autor del Quijote, afirmando que era una p rdida de tiempo y una gilipollez, los ingleses utilizaban el hallazgo de los huesos de un rey al que Shakespeare dedic una de sus grandes obras de teatro para montar un n mero patri tico-cultural de padre y muy se or m o, que incluy procesi n f nebre con miles de personas presenciando el paso del f retro, escolta militar y oficio religioso cat lico -Ricardo III lo era- en la catedral de Leicester. O sea, que el mismo episodio de unos huesos perdidos y hallados sirve en Inglaterra para montar un pifostio de homenaje a Shakespeare y a su personaje con lecturas y representaciones de la obra, visitas tur sticas, difusi n cultural y atractivo extra para la ciudad de Leicester, mientras que en Espa a no vale m ?s que para que los doctos hagan chistes, los oportunistas arruguen el hocico, y la alcaldesa de Madrid, esa palad n de la cultura municipal, se haga una foto antes de que los huesos, Cervantes y las Trinitarias, identificados o no, vuelvan a verse sepultados en el olvido.

Resumiendo m ?s, y dicho en corto. somos una cochina verg enza. Tenemos el cuarto centenario de la muerte de Cervantes y de la publicaci n de la segunda parte del Quijote a la vuelta de la esquina, coincidiendo con lo de Shakespeare; y mientras los ingleses preparan una gigantesca conmemoraci n nacional de orgullo cultural y potencia ling stica, para la que Ricardo III es una forma de calentar motores, aqu , en el cogollo cervantino, bandera de esa patria enorme de 500 millones de hispanohablantes que se extiende a ambas orillas del Atl ?ntico, nos descojonamos de risa o ponemos en solfa una humilde b squeda que ha costado menos de 120.000 euros -lo que se gasta un pol tico en tres noches de coca na y putas-, y cuyo resultado, no en manos de gestores analfabetos e incompetentes, sino de gente con criterio y visi n de futuro, podr a ser, o haber sido, la creaci n de un foco cultural, de un punto de peregrinaje obligatorio para turistas, de un motivo de patriotismo cultural, de un pretexto magn fico para honrar la memoria de Cervantes y para llegar con el marketing y la tienda de regalos -de algo se parte y algo siempre queda- all donde no alcanzan los planes de estudio ni la pedagog a. ?

Pero claro. Todo eso ocurrir a en un pa s normal culturalmente hablando, como lo son Inglaterra o Francia – imaginan si el Quijote lo hubieran escrito ellos?-, y no en esta triste Espa a en la que no ya los huesos de Cervantes, sino tambi n los de Calder n, Quevedo, Lope de Vega, Herrera, Claudio Coello, Murillo, Jorge Juan y tantos otros se perdieron para siempre. Una Espa a en la que, cuando en 1899 se edific el actual Pante n de Hombres Ilustres, no se encontraron restos de ninguno para enterrar all . Dense una vuelta por ese lugar, que est ? en Madrid, cerca de Atocha, y ver ?n que hasta en las l ?pidas quedamos retratados como lo que somos y nos gusta ser. Sagasta, Prim, C ?novas del Castillo S lo pol ticos. La cultura y la ciencia, como de costumbre, ni est ?n ni se las espera. Por eso merecemos que el a o que viene los ingleses, con su Shakespeare, nos den bien dado por ese lugar exacto donde siempre nos dieron, nos dan y nos van a dar.