‘Descarbonizar’ el mundo

Es cuestión de tiempo que podamos entenderlo todos, hasta los más reticentes, los que desconfían de los estudios científicos y creen que un misterioso enjambre de intereses guía las predicciones de los expertos. el mundo, el planeta, no puede continuar con su deriva actual si quiere garantizar mínimamente la vida de millones de sus pobladores. Reconozco que soy poco amigo del catastrofismo ecologista. en el aparatoso mundo del ecologismo militante abundan tipos de intolerancia manifiesta y de exageración interesada, gente que considera preferente el derecho de algunos animales (si es que los tienen, que creo que no, ya que no tienen deberes) a los del hombre, o el de algunos modelos territoriales a los del progreso más elemental. Pero esta vez no se trata de un calentón iracundo de unos cuantos progres ociosos. Esta vez va en serio. La Tierra no puede continuar con la emisión de gases de efecto invernadero, que es eso que nos permite vivir en la superficie de la misma, pero que debe guardar determinados equilibrios si se quiere que sigamos existiendo como hasta ahora. Parece mentira que sólo un par de grados de media pueda desequilibrar el planeta, pero científicos de diversa índole y categoría así lo certifican. si seguimos utilizando combustibles fósiles, léase petróleo y otros, las emisiones de CO2 harán más complicada la vida allá por los finales de este siglo. Usted y yo no estaremos, salvo sorpresas biológicas, pero sí nuestros nietos o bisnietos, y el panorama que se encontrarán puede llegar a ser catastrófico. Asómese a cualquier informe de los muchos publicados. una subida de un par de grados más de media en la temperatura global de la Tierra aboca indefectiblemente a esta bola que habitamos a auténticas catástrofes de difícil conllevancia. Se deshacen los polos, aumenta el nivel del mar, llega el agua hasta Córdoba, cambia la pluviometría, se desertifican territorios completos, no se puede alimentar a los más de dos mil millones extras que van a nacer de aquí a mediados de siglo Hay que ‘descarbonizar’ el mundo, en pocas palabras. Pero eso no es tan sencillo, más aún cuando no nos afecta en toda su gravedad a la generación que tomamos ahora mismo las decisiones. Hay que cambiar modelos energéticos y hacer posible un futuro mágico que ahora sólo cabe en las películas de ciencia ficción. Esa misión política parece imposible, pero Si hoy nos echáramos a dormir y despertásemos dentro de cien años, a buen seguro nos encontraríamos un mundo tecnológicamente desconocido para nosotros, ya que el progreso es geométrico, no aritmético. con unas horas de sol se podrá calentar un dispositivo que traducirá esa energía en electricidad para una ciudad, casas y coches incluidos. Con el viento de cualquier otero se alimentará automáticamente una provincia. Pero hasta llegar ahí hacen falta millones de horas de investigación y desarrollo. El petróleo será historia, sí, pero el camino habrá sido endemoniadamente complicado. muchos países en vías de desarrollo habrán necesitado durante este tiempo acceso a una energía rápida que les permita alcanzar la vida media de las sociedades más desarrolladas, y si no pueden acceder a ellas, los países punteros deberán ayudarlos. Con dinero, claro; no con buenas palabras. Y ese dinero es Mucho Dinero. De eso se ha hablado estos días en París, en la Cumbre del Clima que sucede a otras como Copenhage o Kioto, donde todo fueron buenas palabras pero pocos hechos. Las alarmas que han sonado en este momento obligan a los países más industrializados (encabezados por Estados Unidos y China) a compromisos vinculantes de ejercicio sacrificado. Pueden no hacerlo, pero su responsabilidad en los desequilibrios planetarios será descomunal.

Cambiar los combustibles fósiles por lo que conocemos como ‘energías renovables’ cambia literalmente el mundo en diversos órdenes. Incluidos los geoestratégicos. En nada se parecerá el globo terráqueo a lo que es hoy cuando ese paso sea dado, tras un par de generaciones al menos. No sé si lo veremos los que hoy debatimos en torno a este asunto, pero reconozcamos que supone una expectativa de futuro apetecible. Ya que no es políticamente correcto hablar de energía nuclear, la más efectiva hasta ahora, crucemos los dedos y deseemos que los investigadores y científicos den con la tecla cuanto antes, mejor.