La cena de Via Veneto

Qué, senyor Herrera, ens fem un Veneto? . Era la manera que tenía el inolvidable José María Ballvé -que siempre trataba de usted- de decirte que quería comer contigo y que te invitaba a su reservado en el inalterable y descomunal restaurante Via Veneto en la calle Ganduxer de Barcelona, vecino a su oficina. ¿Nos hacemos un Veneto? sonaba a los oídos de un joven locutor de radio como la frase mágica de apertura del tesoro. Ballvé era propietario de JMB Grupo, publicidad y radio (Miramar, Mataró, etc.), y fue durante toda su vida el ejemplo perfecto del hombre hecho a sí mismo. salido de la nada, llegó al todo gracias a su constancia, trabajo, talento y humanidad. Al ser propietario de Radio Miramar, entendió que tenía la pieza que le faltaba a la COPE para completar su red. Barcelona, a la que inexplicablemente el arzobispado de la época renunció a solicitar. Lo propuso, convenció a Luis del Olmo para que aterrizara en la radio comercial y se reinventó las veces que hiciera falta para mantener su empresa siempre arriba. Debo decir que le echo mucho en falta, que siempre le vi como un gigante y que nunca dejaré de agradecerle aquellos mediodías en el Veneto que tanto me enseñaron de radio y de restaurantes, yo que no sabía casi nada de ambas cosas.

A Via Veneto vuelvo con regularidad matemática cada año en compañía de tres diletantes de inconmensurable estatura. Es la cena que nuestros respectivos enemigos en Twitter esperan con ansiedad para tratar de despedazarnos tras el comentario con el que acompañamos la foto del evento. Somos Juan Carlos Girauta, Salvador Sostres, Arcadi Espada y un servidor. Pagamos todos menos Arcadi. Es siempre el día 22 de diciembre y acabamos a altas horas de la madrugada escuchando villancicos trianeros camino del Tirsa en Hospitalet, que este año nos lo han cerrado, dejándonos una herida irreparable. Este año, Sostres nos convenció acerca de trabajarnos la trufa blanca hasta con el gin tonic, no defraudaron los guisantes de Llavaneras, y Girauta revivió después de una agotadora campaña electoral que le ha valido, por cierto, un escaño como diputado en el Congreso. Nuestros odiadores, que son legión, sé que disfrutan casi tanto como nosotros con el relato de los pormenores de una cena que no deja indiferente a nadie.

¿Y por qué Via Veneto? Amigo mío. el Veneto es la expresión de buen gusto mejor conseguida de España. Nació al final de los sesenta, y ahí estaba como aprendiz el que hoy es su propietario, José Monje, quizá el más sabio director de escena de la gastronomía patria. Ha sorteado casi cincuenta años de cambios y modas y se mantiene en el podio merced a varias virtudes, a saber. calidad indiscutible del producto, adaptación a nuevas tendencias sin exagerar, seguridad de que siempre vas a encontrar sus platos señeros y un servicio de sala que prácticamente nadie tiene en nuestro país. Zalacaín en Madrid, con el monumental Carmelo Pérez al frente, goza también de esta distinción y de ese nivel de fogones. En Via Veneto se topa uno con la alta cocina catalana puesta al día, con cierto afrancesamiento, convirtiendo todo lo que tocan en un clásico. Sólo que es un clásico debidamente actualizado, modernizado. Frente a los fogones está Sergio Humada, joven y experimentado chef que viene de formarse en las mejores cocinas vascas y catalanas, pero la prudencia del Veneto estriba en que, a pesar de las soberbias individualidades que pueblan la plantilla, la única estrella de la mañana o la noche es el cliente, que es tratado con una amabilidad exquisita. Uno, sea quien sea, sale del local de cortinas venecianas convencido de que les ha hecho mucha ilusión verte, atenderte, sea cliente primerizo o consumidor habitual de sus cosas. Y a lo mejor es que es verdad.

El año próximo, si el país sigue abierto y esto no se ha ido todo al carajo, nos volveremos a dar cita en esa casa y nos dedicaremos a despellejar debidamente a todos los que no están. Y a los propios que estamos, evidentemente. Siempre, eso sí, bajo la mirada atenta de los Monje y todos sus figuras.