Los profetas del tiempo

La de profeta es considerada profesión de riesgo. Cómo va a ser si no. Hasta el más evidente de los futuros puede no producirse por el más simple e incalculable de los imprevistos. Cien veces jugará la selección más potente del mundo contra un equipo de pobrecitos. cualquier apuesta da por hecha la victoria, pero cabe la posibilidad de que una de esas cien pierda por cualquier imponderable. Si ese es el día en el que hemos decidido apostar, nos llevaremos el chasco más inexplicable. Así con todo. La previsión del tiempo, siendo una materia basada en evidencias científicas, cuenta con tal cantidad de variables que hace muy difícil su acierto pleno. La ciencia ha avanzado de tal manera que los instrumentos con los que pueden trabajar los profesionales de la cosa son sensiblemente mejores que los que utilizaban los pioneros en meteorología, pero aun así su infalibilidad es imposible. Ves que las nubes cargadas de agua vienen directamente hacia tu cabeza, y lo cuentas, pero por un imprevisto giran a última hora, descargan a doscientos kilómetros y donde tú habías calculado tormentas intensas luce un sol espectacular.

En España conocimos este género tan televisivo y radiofónico a través del primer hombre del tiempo, el gran Mariano Medina, voz y temple que los españoles de una cierta edad tenemos grabados a fuego en la memoria. Como también la de Eugenio Martín Rubio, gran tipo que apostó -y perdió- su bigote a cuenta de unas lluvias creo que en Almería. O como la del insustituible Maldonado, licenciado en Ciencias Físicas como los dos anteriores, que hoy dirige una espléndida página en la Red (www.eltiempo.es) cada día más consultada por miles de españoles que quieren conocer hora a hora qué va a pasar en su pueblo o en su destino. Pero tanto mi amigo del alma Maldonado, como mi admirado Brasero o Mónica López no son infalibles. Ven venir la borrasca, las bajas presiones, aventuran que lloverá un par de horas y casi siempre aciertan, pero en ocasiones la naturaleza no les hace caso y hace un sol que te abrasas.

Eso comporta especial controversia en momentos muy puntuales. Un fin de semana largo, en el que se prevén importantes desplazamientos, pueden estos ser alterados en su movimiento general si una previsión asegura que en determinada zona van a caer chuzos de punta. Imaginen que se producen anulaciones de reservas hoteleras y, después, hace un sol de narices y no cae ni una gota. No faltará el político local o el empresario suspicaz que crea que la gente del Tiempo está untada por otra zona vacacional de España. Otro momento delicado de su ejecutoria es la Semana Santa. En Sevilla, sin ir más lejos, el maestro Julio Marvizón, el andaluz más culto en décadas, meteorólogo de Canal Sur, era el hombre más buscado de Domingo de Ramos a Domingo de Resurrección, tal como ahora le pasa a Maldonado. Poner una Cofradía en la calle son muchos días de trabajo y mucho Patrimonio expuesto al riesgo de la lluvia; si hay una amenaza de agua, las Hermandades quieren saber de qué hora a qué hora exactamente, ya que de esa información depende salir o no salir. Cuando los Marvizón o Maldonado de turno informan de lo que ven, siempre añaden que eso puede cambiar por las elementales variaciones de una naturaleza que es más o menos calculable, pero que puede girar de forma imprevista igual que la embestida de un toro noble puede cambiar en la décima de un segundo y masacrarte la femoral. No pocas veces alguien ha decidido ceder a las presiones apasionadas de su cuerpo de nazarenos y salir con sus Titulares a la calle y se han encontrado con un chaparrón de cinco minutos que destroza totalmente una Cofradía. Y al revés. hay quien no ha querido arriesgarse y ha tenido que sufrir viendo una tarde de sol y moscas de auténtico escándalo. En el mundo cofrade hay auténticos expertos en descifrar páginas de previsión de tiempo en Internet. Y quien más quien menos conoce una página de la NASA que es infalible y tal y tal, pero al final, creo yo, los hombres y mujeres del tiempo son los primeros sorprendidos de que aquella nube que se veía venir cargada de rayos y truenos deje una tarde de sol y lubricán. Es imposible ser profeta, está claro.