Clientes informales

Reinos de humo

Restaurante pequeño. Sábado noche. Todas las mesas están reservadas, por lo que han tenido que rechazar amablemente a varios potenciales clientes. Poco a poco, los comensales van llegando. Pero son casi las once y aún faltan los de una mesa de cuatro y los de otra de seis. Ambas reconfirmadas telefónicamente esa misma mañana. El propietario empieza a inquietarse. Llama a los números de teléfono que le dieron al reservar. Al otro lado de la línea, nadie responde. En ese momento, ya sabe que las mesas van a quedar vacías. Y sin tiempo para ofrecerlas a otros clientes. El resultado es que de cuarenta plazas posibles, diez quedan desiertas, un veinticinco por ciento. Género comprado que no tiene salida, lucro cesante. Un desastre económico para un pequeño negocio de márgenes ajustados. Este fenómeno, conocido como «no show», sigue creciendo en nuestro país. Informalidad, mala educación o falta de respeto que causan un enorme perjuicio. Y, sin embargo, la mayoría de los empresarios no se decide a pedir una tarjeta de crédito como aval de la reserva, de tal forma que si el cliente no se presenta se le haga un cargo. Ya ocurre en los hoteles. Y en muchos países. Y funciona. En España son muy pocos los que se han atrevido a implantarlo. ¿Por qué ese miedo? Luego no valen las quejas. Mejor una vez colorado que ciento amarillo.