¡Que llueva, que llueva!

REINOS DE HUMO

La Virgen de la cueva, los pajaritos cantan… Los seteros estamos intentándolo todo, incluso el soniquete de la vieja canción infantil. Menudo año llevamos los que son de ir al monte y los que somos de esperar las cestas. Salvo en Aralar y en los más húmedos ‘nortes’, el resto sigue a dos velas y el otoño avanza. Soria está seca. Acaban de celebrar el Congreso de Micología y daba pena verlo. Hasta la subasta benéfica del Miguelón soriano, el boletus más grande de la temporada, tuvo que ser suspendida por falta de hongo. Menuda tristeza de otoño. Así no hay quien enfile el invierno. Vale que nos cambien la hora y nos recorten el día a los que somos de madrugar tarde, pase que las huertas empiecen a ponerse tristes, pero que tengamos que transitar por estos meses sin un buen salteado con olor a bosque es insoportable. A ver si ahora que por fin tenemos Gobierno empieza de verdad la temporada. Soy consciente de que al enunciar esta preocupación voy a recibir en el móvil las fotos de la última frondosa recolección de algún conocido, la burla subliminal tan del setero: «Setas hay, lo que pasa es que tú no sabes dónde». Y casi siempre la cosa ahí se queda, en la imagen, nada de recibir un paquetillo por mensajero, aunque fuera con pago contra reembolso. Pero yo no me resigno. Simulo que el otoño es normal y me pongo camino Soria para comer en Baluarte, donde el amigo Óscar García borda las pocas que haya. Ojalá que este artículo haya quedado inservible para cuando lo estén leyendo ustedes. Eso querrá decir que los montes están llenos de trompetas y de amanitas cesáreas y de pies azules y de rebozuelos y de hongos… ¡Que llueva, que llueva!