Buscar la luz

ARTÍCULOS DE OCASIÓN

Lo he escrito varias veces y aún la gente no me cree del todo. A España la salvan las mujeres de más de ochenta años. No voy a extenderme en su actitud moral y social, en su ejemplar resistencia a los tiempos más oscuros y su decencia a la hora de encarar la última estación de su vida. Pero si tienen hora y media de tiempo no se pierdan un pequeño documental dedicado a la fotógrafa Joana Biarnés. Es un rescate en toda regla que arrancó desde algunos fotógrafos sorprendidos de su poca relevancia y que terminó en una exposición itinerante, un libro de sus fotos más destacadas y este documental, titulado Una entre todos, en acertada definición de una de sus amigas íntimas, Natalia Figueroa, que la vio trabajar de fotoperiodista rodeada solo de hombres. La fotografía, como la mejor novela, ha sido un arte que han practicado con enorme finura las mujeres frente a la apuesta por la testosterona masculina. Si uno cita los nombres de Gerda Taro, Lee Miller, Diane Arbus, Marianne Breslauer o Vivian Meier, quizá entonces vaya haciéndose una idea más ajustada de lo que se quiere decir. El caso de Joana Biarnés es mucho más festivo y ligero. Sencillamente fue una mujer audaz en un país reducido por los hombres a un país para hombres, donde, pese al poder político y religioso, las mujeres lograron ser creativas, inteligentes y dignas entre el anonimato y la marginalidad.

El cuento de Joana Biarnés es un cuento feliz, que nace con un padre apasionado de la fotografía y sigue con un marido francés, que sumaron a su horma una desacostumbrada tolerancia que el documental muestra en pequeños guiños muy significativos. La mala estudiante se convirtió en una fotoperiodista atrevida e intrépida, tramposa también cuando no pícara, vivaz y con talento para vislumbrar ‘la foto’ entre la riada de fotos. Si algo aprende uno de los grandes fotógrafos de prensa cuando los ve trabajar, incluso sobre sujetos tan poco fotogénicos como uno mismo, es que el talento suele ir acompañado de la economía y la velocidad de decisión. A veces una o dos fotos bastan para tener lo que se busca. Aún me recuerdo preguntándole a Jordi Socías, pero ¿ya?, ¿ya tienes la foto?, sorprendido de que hubiera tirado una o dos veces sobre el personaje que tenía que retratar.

Lateralmente, la peripecia de Joana Biarnés sirve también para retratar la redacción del vespertino Pueblo en todo su esplendor. Hay elementos que parecen sacados de una crónica vital de Maruja Torres, en su memorable retrato de la oficina de la revista Por favor, aunque en este caso, más que bañado en el vitriolo añadido, está teñido del encantamiento de la fotógrafa. Una profesional de la exclusiva que lo mismo se colaba en la habitación de los Beatles que en la intimidad de Raphael, sin ponerse demasiado selectiva. Lo mejor es la destilación del entusiasmo de esa mujer de Terrasa, cuya primera obra maestra fue el retrato de su ciudad devastada por la riada del 62 que tantas veces le oí rememorar a otra mujer maravillosa, Concha García Campoy, entonces vecina del lugar. Biarnés, que fue cocinera después de fotógrafa, capitaliza con su sonrisa esa hora y media de mujer de más ochenta recordándoles a los españoles en qué consisten la pasión y el oficio. Recordándonos que la mirada inteligente casi siempre es una mirada alegre. El documental provoca ganas de coger la cámara de fotos y salir a la calle a decirle a las televisiones de España que aprendan de una vez a retratar algo que sea más trascendente que esa decadencia chabacana y despreciable de sus amañadas pantomimas. El momento visionario en que Joana Biarnés decide dejar la fotografía de prensa porque siente la irrupción definitiva del cotilleo y la inanidad, cuando llega la rebaja del personaje relevante a la condición de famoso con el que traficar al peso, es también un notable ejercicio de memoria histórica. Pero diviértanse con esta España paralela al franquismo, porque en tiempos oscuros también las polillas buscan la luz.