El ojo del amo

ARTÍCULOS DE OCASIÓN

El presunto fraude de las contratas de recogidas de basura en Barcelona y Badalona ha venido a sumarse a la indefensión del propio Ayuntamiento de Madrid contra los concursos de adjudicación privada de la limpieza de la ciudad, cuya letra pequeña bordea la extorsión voluntaria. A lo largo de la última década, la capital pareciera que pugna por ganarse el título de la capital más sucia de Europa. Las prácticas irregulares dentro de empresas privadas que han ganado concursos para la gestión de servicios públicos comienzan a ser demasiado frecuente. Hemos hecho mal el camino hacia la privatización de tantos recursos, porque, aunque la música suena bien, falla la letra porque requieren mecanismos de vigilancia muy precisos y rigurosos. En la batalla por llegar a saber qué produce más corrupción y abandono, si la gestión pública o la privada, el resultado final a día de hoy en España está en tablas. Hay tanta amenaza de corrupción en unos como en otros. Lo cual nos arroja a un pantano de dudas. Y en caso de duda lo mejor es optar por protegernos a nosotros mismos y reforzar los mecanismos de control.

Al contrario de lo que dicen algunos líderes políticos y sociales para exculparse de su propia corrupción, la corrupción no es algo intrínseco a las personas. Hay muchas personas que pagan sus impuestos con rigor, que jamás echarían mano de lo que no les pertenece y que tratan de guiarse por un sentido de justicia en cada acción que emprenden. No van dando lecciones de moral, porque saben que no es fácil resistir las tentaciones. Pero de ahí a tolerar que los corruptos nos expliquen que la humanidad consiste en robar y engañar hay un salto peligroso que no deberíamos tolerar. Todo servicio público privatizado requiere, de inmediato, un escuadrón de funcionarios que revisen, vigilen y controlen que la tarea se está llevando a cabo con rigor. También una oficina activa y ágil que recoja las quejas de los ciudadanos y su insatisfacción. Sin ese ejército paralelo, toda privatización es falsa, es un engaño a la ciudadanía. Pues en España, para empezar, ya tenemos atisbos de que el propio concurso por el que se entrega la gestión a una u otra empresa está manchado por las sospechas. No hay caso de corrupción política donde no aparezca una contrata, una concesión o un concurso amañado como bulbo raquídeo del expolio.

Y luego está un elemento que nadie parece querer tener en cuenta. Existen servicios a la ciudadanía que no podrán ser nunca guiados en exclusiva por el valor de la rentabilidad. La educación, la sanidad, el transporte, la ecología, la justicia, la investigación y los servicios básicos no pueden entregarse a una gestión que persiga su propio beneficio. Ganar dinero es la finalidad de cualquier negocio privado y por lo tanto el Estado elude su responsabilidad cuando decide que no se atreve a gestionar lo que le corresponde. Hemos vivido casos tremendos donde se utilizan los recursos de todos para negocios particulares. Sabemos que el uso de laboratorios y tecnología médica está siendo costeado por dinero público y disfrutado en centros privados y se suma a la sospecha de engaño de estas empresas de recogida de basura.

Si alguien no está recogiendo las basuras con la rigurosidad necesaria, si no recicla pese a cobrarnos por hacerlo, si reduce personal hasta cotas que hacen inviable el servicio, si revisan el precio de coste con datos falseados y si finalmente no se hacen siquiera responsables del estado de las calles, entonces, tenemos un problema. Y ese problema pasa de ser un caso concreto de una empresa fraudulenta o un mandato corrupto en la cabeza del Ayuntamiento a convertirse en un problema conceptual. A menudo un amo de casa se ve tentado de delegar en otros la educación de sus hijos, la limpieza de casa, la alimentación familiar y el cuidado de las macetas. No es raro que descubra que ocuparse en persona, o al menos permanecer vigilante y alerta, le ahorra disgustos. Nadie sabe si el ojo del amo engorda al caballo, como dice el refrán, pero si quieres acercarte a la satisfacción no delegues todo aquello que es fundamental en tu vida.