Comer con las sobrinas

REINOS DE HUMO

Durante estas fiestas navideñas nos toca salir al estadio de la gula con alineaciones familiares distintas. De Nochebuena a Navidad se pierde una tía y un hermano y se ganan dos cuñados. Qué decir ya para Nochevieja. Si uno vive en pareja, a veces toca compartir mesa con un equipo nuevo. Así no juega ni Messi. as Navidades tienen los derbis estelares del 24 y el 31, pero también las cenas con las sobrinas, esos otros encuentros gastronómicos, tan desprestigiados como entrañables, que no reúnen en la mesa a las hijas de los hermanos “como todo asturiano sabe”, sino que, en una segunda oportunidad, convierten en protagonistas a aquellos actores de reparto que salieron a la mesa en las grandes noches y en los que nadie reparó. El langostino pequeño que se quedó solo en el plato logra convertirse en toda una estrella a los dos días. La punta del lomo embuchado que no llegó a salir a escena por fea alegra el desayuno tardío de una de esas mañanas de regreso a la tribu. Qué decir de la grasita plena de umami recuperada de la bandeja del cordero o del huérfano trocito de foie-gras que ilustra de matices una sopa de cocido. Hay gente que en estos días abre la nevera y mira dentro con la tristeza de una morgue. Ante la misma vista mis sentimientos son opuestos. si hay sobras, hay vida familiar y mesas llenas, hay esperanza.