‘Primavera silenciosa’

MI HERMOSA LAVANDERÍA

Cuando este artículo vea la luz, ya será casi primavera. Los cerezos habrán florecido ya sin timidez, las hojas de los melocotoneros perderán la adustez del invierno y las calles se llenarán de chicas en shorts y camisetas de tirantes, aunque muchas lleven bufandas en las mochilas y en los bolsos. Mucha gente como yo correrá a las farmacias a por antihistamínicos al primer estornudo y los dueños de los bares cerrarán las estufas que ocupan un lugar desmesurado en las terrazas de invierno. Volverá con fuerza alguna moda absurda que dejó de estar de moda hace algunos lustros: quizá el yoyó, los calentadores, la sombra de ojos color pavo real o los pantalones de chándal con tacones. Unos dirán que hace mucho calor para ser marzo y otros que sí, pero que hace más fresquito que el año pasado. Como cada año, habrá gente que se siente renacer al ritmo del retorno de las golondrinas y jilgueros, mientras que otros nos sentiremos embargados de una extraña tristeza estacional, esa que divide a los médicos, que ya no saben qué tónico, pastilla o remedio darnos para que acabemos la estación con dignidad y sin que corra la sangre. En 1962, una mujer, Rachel Carson, que amaba la naturaleza y la primavera por encima de todas las cosas y que acababa de ser diagnosticada con un tumor que acabaría, muy pocos años después, con su vida, publicó un libro que, aún hoy, es considerado como el detonante de los movimientos ecologistas y del estudio sobre la influencia de los pesticidas: Silent spring (“Primavera silenciosa”). Rachel Carson fue el primer científico (en su caso completamente autodidacta) en darse cuenta de cómo los pesticidas (DDT) que acababan con los parásitos de las cosechas permanecían en estas y se abrían paso en la cadena alimentaria con funestos resultados. En su libro, de una manera científica, pero no exenta de lirismo, Rachel Carson argumenta que, si envenenamos a la naturaleza, esta a su vez nos envenenará a nosotros. El libro empieza con una poética descripción de un mundo en el que hombre y naturaleza coexisten pacíficamente y con respeto mutuo para derivar hacia el mundo en el que ella vivió y nosotros seguimos viviendo. Han pasado más de 50 años desde que Carson publicó su obra, que, desde entonces, ha vendido más de dos millones de ejemplares y su influencia no ha cesado. Muchos de los avisos que dio la científica en su momento son los mismos que -generación tras generación, los que estamos viendo desaparecer los hielos de los polos- escuchamos sin oír verdaderamente. Antes de Silent spring, había publicado varias obras sobre el mar y sus criaturas. Y aún hoy, como ya en su momento, hay numerosos grupos dedicados a intentar probar que ella se equivocó y que el DDT no es en absoluto dañino, poniendo como ejemplo lo eficaz que es para matar al parásito de la malaria. Ninguno de los que la defenestraron y la defenestran hoy ÿamó tanto la naturaleza como Rachel Carson. Cada primavera, en su ciudad natal, se celebra una fiesta silenciosa en su nombre. La ciudad se llama Springdale.