Gato por liebre

REINOS DE HUMO

Si hay algún sector en el que el dicho popular «dar gato por liebre» tiene sentido es en el gastronómico. En el mundo de la restauración hay, por supuesto, una inmensa mayoría de gente seria, responsable y honesta, pero hay también ‘listillos’ que se ven favorecidos por el poco nivel de exigencia de algunos clientes. Son esos que venden productos congelados como si fueran frescos o que ofrecen pescados criados en piscifactorías como ‘salvajes’. Porque el fraude no está en servir productos congelados u obtenidos en un entorno artificial. El engaño está en hacerlos pasar por frescos o por naturales y, sobre todo, en cobrarlos como si lo fueran. Cuando en un renombrado restaurante, famoso por sus pescados, una merluza rebozada está insípida, acuosa y con la carne hebrosa, aunque eso sí, muy bien rebozada, sabemos que ha llegado congelada de algún mar africano de aguas cálidas. Por eso no se puede cobrar como si fuera fresca y de anzuelo. De ahí la importancia de que el público esté bien informado y sea exigente. Mientras a mucha gente le importe más el nombre del pescado que su calidad y su procedencia, mientras valore más el rodaballo o la lubina, aunque sean de piscifactoría, que la caballa o que unas anchoas del Cantábrico, el riesgo de fraude no dejará de existir. Que no les den gato por liebre.