Atún del Tormes

REINOS DE HUMO

Si no fuera porque se está poniendo en juego la salud de las personas, el caso tendría su punto cómico. Vuelven los listillos españoles dando gato por liebre, pero esta vez en clave marinera. El Lazarillo en versión 3.0 vende atún fresco del Tormes o del Pisuerga. El bicharraco de las almadrabas se ha vuelto más preciado que el azafrán ahora que el mundo entero se ha entregado al sushi. Así que si hay poco y es caro, para qué vamos a desilusionar al pueblo: se le mete un primo, que al fin y al cabo son familia, y santas pascuas. Qué diferencia habrá entre Thunnus thynnus y Thunnus albacares, como entre Martín y Martínez. Tampoco es para tanto. Y si el segundo, que es el de las latas baratas, se les hace paliducho pues le metemos agua de remolacha para subirle los colores y en un quítame allá esas pajas brilla y sangra como el Cristo de las cinco llagas. Ya se sabe que a río revuelto ganancia de pescadores o, mejor dicho, de intermediarios. ¡Qué vergüenza! Que nos tengan que reñir de Europa, otra vez, por pensar que los guiris son tontos cuando son solo guiris, paliduchos como Thunnus albacares, pero nada más que guiris. Sé que con la comida no se juega y casi me arrepiento de ponerle tono burlón a esta columna, pero vean en ella tan solo un breve homenaje a la picaresca, esa gran creación española anterior al esperpento, ahora que se lleva tanto el tema de las patrias. El hidalgo Quique Dacosta me contaba que cuando mozo desteñían el atún rojo para poder vender mejor el género y dar liebre por gato a los turistas. Qué no veremos, decía mi tío abuelo Jose Mari.