‘Youtubear’

ARTÍCULOS DE OCASIÓN

Me hizo pensar el entusiasmo desmedido con que un padre me informaba de que su hijo de doce años explotaba una cuenta en YouTube. No tanto por el hecho de que el niño se entretuviera de lo lindo y lo pasara de miedo colgando sus gracietas y reflexiones audiovisuales, sino porque el entusiasmo iba más que nada dirigido hacia la posibilidad de que el niño, en cuanto aumentara el número de seguidores, podría monetizar el esfuerzo. Creo que se dice así, con esa expresión tan chusca. Uno nunca espera de un niño que haga nada para ganar dinero, sino que lo haga porque le provoca placer. Nadie duda de que en un mundo hipercomunicado ser un referente, un personaje famoso, es algo que atrae a los menores. De hecho, lo habitual es que los menores se sientan muy influidos por los valores de sus mayores, así que si la fama y el dinero se han convertido en lo que más importa a los adultos, a nadie le puede extrañar que sea también a lo que más aspiran los jóvenes. No hay más que mirar los concursos televisivos para entender qué desea una sociedad y si antes era el coche y el apartamento en Torrevieja, ahora son la relevancia y el usufructo de ella.

Es posible que el lenguaje artístico experimente un cambio notable con la irrupción de estos nuevos medios de expresión. Podría incluso suceder algo que ese mismo padre entusiasta me anunció con grandilocuencia: «Si Picasso viviera, hoy sería youtuber». He oído necedades similares a lo largo de toda mi vida, incluso una vez un músico muy hortera y ya sepultado por el lodo de la actualidad me anunció que, si Mozart viviera, estaría componiendo la música que él nos propinaba en aquel momento. Pues bueno. De vivir Mozart o Picasso ahora seguramente tendrían su propio criterio. Lo increíble es esa desmedida admiración por los que han conseguido garantizarse un salario por medio de sus páginas en YouTube o sus recomendaciones en Instagram. Estos personajes tan influyentes perciben unos emolumentos en función del tráfico que generan y su salario me resulta tan respetable como el de cualquier otro profesional que cobre una nómina y cumpla con sus obligaciones tributarias.

Cuando se nos informó de que el salario medio que cobraban los trabajadores de Google en España rondaba los 150 mil euros anuales, era fácil pensar que los millones de esfuerzos por ser alguien en YouTube a quienes rendían un saludable dinero era a los empleadores. De esa plataforma siempre me ha sorprendido que haya pasado a ser la autopista por la que la mayoría de las personas escuchan música, por ejemplo. Carece de una cualidad sonora demasiado solvente, pero resulta práctica en los ordenadores y móviles. Es un archivo audiovisual ya imprescindible donde buscamos todo, y hasta en una ocasión localicé una película rara colgada por un usuario en Buenos Aires y me sorprendió que el tipo la había grabado directamente de un televisor y, al quedarse dormido, junto a la película se escuchaban sus ronquidos.

Otra sorpresa de YouTube es su rapidez a la hora de censurar cualquier contenido problemático. Especialmente si retratan una teta o un culo. A partir de ahí, su criterio es difuso. Censuran un poco a capricho, según les huele a su nariz de negociantes. Por ejemplo, con las licencias legales son más laxos, y hay productoras que se pasan el día reclamando la retirada de materiales piratas sin que exista una memoria para detectar lo que tiene dueño. Cada vez que alguien cuelga el contenido, vuelve a empezar la misma burocracia ladina para desanimar a cualquiera que pretenda mantener ese mercadillo limpio de producto pirata. Subidos a esa ola, la autopista más rutilante de la Red ofrece un mundo. Youtubear es más importante que vivir. Y por eso el padre que conocí estaba tan entusiasmado, su hijo podría convertirse en un ser afamado entre la sociedad más numerosa del momento. Ese mismo entusiasmo lleva a un tipo a poner su coche a 250 por hora en la autopista y grabarse con el móvil para colgarlo en Internet. Puede que le acarree una multa de tráfico, pero ¿acaso no es más importante ese fragmento ingrávido de gloria intersocial?