Feos y sabrosos

Reinos de humo

Ya está aquí la Navidad. Para muchos españoles, el marisco es un producto imprescindible en las mesas durante estos días. España, por variedad y, sobre todo, por calidad, es el paraíso de estos frutos del mar. Personalmente tengo mi favorito: el percebe. Pese a su peculiar aspecto, desagradable incluso, estamos ante uno de los mariscos más sabrosos y cotizados. La enorme dificultad para recogerlos en las rocas batidas por el mar en las que viven fuertemente adheridos y su escasez son las causas de que su precio se dispare. Pero su intenso sabor a mar los convierte en un producto muy apreciado. Solo hay que tenerlos medio minuto en agua con sal que ya esté hirviendo para disfrutar de ellos. Luego, con una cierta habilidad y mucho cuidado de no mancharse se va separando la uña superior de la parte negra y blanda para extraer el sabroso cuerpo. Hay quien los prefiere calientes, recién hervidos, y quien opta por tomarlos templados. Cuestión de gustos porque tan buenos están de una forma como de otra. Algunos cocineros los emplean ya pelados en platos de alta cocina, pero creo que pierden mucho. Los mejores suelen ser los cortos y gruesos, procedentes del norte de Galicia y de Asturias. Estos días he disfrutado de unos excepcionales en Casa Consuelo, en Otur, recogidos en esa costa del Occidente asturiano especialmente rica en percebes.