(Carles) Santos accidentes

Artículos de ocasion

Siempre he estado abierto a festejar los accidentes de la vida. Lo que controlamos resulta a menudo poco excitante, as√≠ que el azar se convierte en tu mejor aliado. Hace muchos a√Īos, uno de esos afortunados accidentes me llev√≥ a la √≥pera. Un d√≠a son√≥ el tel√©fono y fui citado a tomar un caf√© por un desconocido que se llamaba Luis Polanco. Era cr√≠tico de m√ļsica cl√°sica en El Peri√≥dico y al tiempo coordinaba la programaci√≥n del festival de verano en Perelada. No quiso decirme la raz√≥n de su inter√©s, pero como compart√≠amos peri√≥dico quedamos en vernos la siguiente vez que yo anduviera por Barcelona. Sentados en un caf√© me explic√≥ que Teresa Rubio, que llevaba la secci√≥n de cine en el diario, le hab√≠a sugerido mi nombre cuando √©l pregunt√≥ por un buen guionista de cine. Pero no, no quer√≠a proponerme que escribiera una pel√≠cula, sino una √≥pera. Me ech√© a re√≠r a carcajadas, yo no habr√≠a ido ni dos veces a la √≥pera por aquel entonces. Pero a Luis todo eso parec√≠a importarle poco, al contrario, lo consideraba una ventaja. Hablamos un rato largo y mi escepticismo era total, salvo que la persona me pareci√≥ un tipo estupendo, inteligente, buen conversador, saludable, majo.

Nos volvimos a ver y me regal√≥ una colecci√≥n de √≥peras contempor√°neas para convencerme de que el encargo no era disparatado. Esa segunda vez me nombr√≥ a Carles Santos. Me dijo que en la √≥pera el escritor del libreto era un don nadie, papel que yo pod√≠a asumir. Lo importante era el m√ļsico y que √©l me propon√≠a a Santos, que hab√≠a hablado con √©l y estaba encantado. Yo s√≠ hab√≠a visto un par de espect√°culos de Carles Santos y ah√≠ me cuadr√©. Eran piezas tan estupendas como llenas de humor, talento, inventiva y genialidad. A los meses ten√≠a una propuesta de libreto ambientado en los invernaderos de fresas de Almer√≠a. Un coro africano cantar√≠a tras los pl√°sticos mientras los protagonistas especulaban sobre el valor social del arte. Una demencia como punto de partida que a Carles Santos le hizo gracia y, cuando fuimos juntados por Luis Polanco, produjo entre nosotros una corriente inmediata de sinton√≠a.

Acabamos arrastrados unos meses despu√©s ante el director del Liceo, a quien tuve que cantar lo que llevaba escrito y contar el argumento de la pieza. Seg√ļn Carles, lo mejor era que me oyera contarlo, me dijo, esta gente no sabe leer, no sabe imaginar. A la salida de ese episodio memorable pas√© dos o tres jornadas con Carles, que viajaba a diario en su coche desde Vinar√≥s a Barcelona. El segundo d√≠a me habl√≥ de sus experiencias, de sus proyectos, de su lucha por la supervivencia y me dio un consejo: ¬ęNo escribas una palabra m√°s sin que te paguen, en este mundo no hay que soltar una sola nota sin cobrar, en esto todo son decepciones¬Ľ. Unos meses despu√©s, Luis Polanco, verdadero esp√≠ritu del proyecto, muri√≥ de un infarto y todo qued√≥ reducido a un espeso limbo de pena y olvido.

Por suerte, de tanto en tanto, me encontraba con Carles Santos, la √ļltima vez en el cine Icaria. Ve√≠a sus obras, su participaci√≥n en pel√≠culas, le√≠a sus entrevistas de heterodoxo ‘destrozapianos’ entre tanta charla de autopromoci√≥n. Y si nos cruz√°bamos con alguien, le explic√°bamos, riendo ambos, que hab√≠amos estado a punto de hacer una √≥pera juntos. Cuando me enter√© de la muerte de Santos, alguien mucho m√°s cercano a √©l me dijo que pasaba apreturas econ√≥micas, que sus √ļltimos a√Īos fueron duros. Pens√©, una vez m√°s, que vivimos en un lugar muy cruel para el talento libre, para la creatividad cuando no est√° puesta al servicio del negocio, sino al servicio del reto. No tiene arreglo, supongo, tiene que ser as√≠. En esos mismos d√≠as las autoridades de Arag√≥n y Catalu√Īa disputaban la propiedad de las piezas del monasterio de Sijena y pens√© que s√≠, a√Īos despu√©s, damos un valor incalculable a la cultura y el arte, pero en su tiempo, en el d√≠a a d√≠a, lo despreciamos y sometemos, lo vejamos y degradamos, lo quemamos y lo malvendemos. Y entonces Carles Santos me pareci√≥ inmortal y todos los dem√°s, muertos.