La edad de las mujeres

Mi hermosa lavandería

Las mujeres siempre tenemos una edad, y esta, sea la que sea, es siempre inconmensurablemente superior a la del hombre que tenemos cerca. Cuando Dustin Hoffman y Anne Bancroft rodaron El graduado, el actor tenía tan sólo 6 años menos que la actriz, aunque en términos del guion esta se suponía que tenía nada menos que 23 años más. En la película se hacen continuas referencias a la madurez otoñal del personaje de Mrs. Robinson. En Sunset Boulevard, William Holden califica de anciana a Gloria Swanson, que en aquel momento tenía 51 años, tan sólo 15 años más que el actor que acaba muerto en la piscina. En el nuevo filme de Woody Allen, Wonder wheel, Kate Winslet tiene un romance con Justin Timberlake. En el texto se subraya una y otra vez que el personaje de Winslet es mucho más mayor que el del cantante/actor. En la realidad son sólo 5 años los que los separan. Todos estos son sólo una pequeña muestra de lo que es una realidad, cuando menos, curiosa: mientras que es incontable el número de películas en que el hombre tiene 20 y 30 años más que su pareja (ahí están todas las de Clint Eastwood y el propio Woody Allen), cuando la mujer es mayor, esa diferencia se ve aumentada por tres, esto es, una mujer ligeramente mayor que un hombre resulta, por las convenciones del guion, en alguien muchísimo más mayor, como si la ficción tuviera un extraño poder multiplicador. Otro de los fenómenos que se produce en el cine es también sospechoso: que a partir de una cierta edad, los 40, las actrices, salvo escasas excepciones, pasan en un suspiro de interpretar a novias, mujeres o amantes a madres, solteras solitarias enloquecidas o psicópatas. No es una teoría, sino una realidad que me sigue pasmando cada vez que la compruebo. Todas las actrices con las que he trabajado o hablado saben bien de qué estoy hablando. Todas temen el momento en que les llegue ese guion en el que ya no hay escenas de sexo salvaje en bosques solitarios o furtivos encuentros en hoteles o declaraciones pasionales en apartamentos vacíos, todo lo que hay es escenas en tediosas comidas familiares o secuencias donde llueve y la protagonista llega tarde a recoger a los niños del colegio, donde estos la esperan de mal humor. Hay actrices que aceptan el cambio con resignación y abrazan esta etapa con dignidad. Otras se desesperan por encontrar guiones diferentes, historias que huyan de los estereotipos. A veces, raramente, las encuentran: Isabelle Huppert o Meryl Streep lo han conseguido. Pero ese no es el común denominador. Una vez más la edad, y no el talento, marcan el periplo vital de una actriz. A la edad de George Clooney, ya van a ofrecerle papeles de abuela, mientras que a él le seguirán lloviendo papeles de galán, objeto de deseo de veinteañeras en edad de merecer. ¿Cambiaremos algún día esta dinámica en las películas? ¿Y en la vida real? No puedo responder a esa pregunta, pero al menos tengo la conciencia tranquila: tanto en la vida como en las películas, yo lo he intentado.