Teoría y práctica de Rubén Gallo

ARENAS MOVEDIZAS

Soy un declarado seguidor de Rubén Gallo. Mexicano asentado en Estados Unidos, es profesor de lengua y literatura en la Universidad de Princeton y autor de algunos volúmenes particularmente atractivos de los que citaré algunos en el transcurso de este suelto. Dos de ellos son relativamente recientes: Conversación en Princeton y Teoría y práctica de La Habana.

El primero de los libros dedicados a la capital de Cuba (el segundo es un apunte histórico sobre la ciudad que estoy esperando como agua de mayo) es un interesantísimo repaso al delirio mágico que, escondido bajo la pesada losa de un régimen anacrónico y condenado al marasmo, se vislumbra en cada acción individual o colectiva de una población cuya principal hazaña diaria es ‘resolver’ y encontrar salida a todos los laberintos con los que el Sistema somete a los ciudadanos. Ciertamente, La Habana es una escenificación permanente de muchas enajenaciones y algún que otro frenesí, donde la mezcla de la ficción y la realidad es químicamente perfecta -quizá la más perfecta que he conocido- y donde el lenguaje es, como señala Gallo, una estrategia para ocultarse, para torear la obsesiva observación de la Autoridad, dispuesta a entrar en todos los rincones de la vida de los individuos. En lenguaje habanero, vengo a decir, toda metáfora y todo disimulo es posible: al mismísimo Fidel le han llamado de varias maneras para zafarse de cualquier identificación inculpatoria, siendo la más fascinante ‘Yolanda’, por aquello de «eternamente, Yolanda…». Muchos, durante años, se preguntaron cómo reaccionarían los habaneros cuando Yolanda desapareciese y no era demasiado difícil prever cómo sobre la ciudad se hizo el silencio. Cuarenta años de omnipresencia hacen que creas que es un familiar muy próximo. Gallo recoge para el análisis el tiempo que va desde esta muerte, hacia atrás, al comienzo de una euforia cierta que sobrevino tras los acuerdos que firmaron Barack Obama y Raúl Castro en 2014. Cuando los gringos reconocieron el régimen de los hermanos Castro y se prestaron a levantar unas pocas de las restricciones que fueron creándose con los años, algunos creyeron falsamente que nacía una etapa de evolución en la isla tendente a hacer de ese régimen un ente vivo dispuesto a su apertura a los tiempos que corren. Los que apuntamos que eso no sería así y fuimos tachados de cenizos, desgraciadamente, hemos visto nuestro razonamiento aplaudido por la realidad. El régimen es un fósil de imposible evolución en tanto permanezcan vivos los actores de la Revolución. Después de que se produzca alguna que otra desaparición biológica -la que ha comenzado con Fidel- puede que estemos en condiciones de hablar de tránsito a una sociedad abierta y efectiva; mientras sigan vivos y chocheando, no.

El profesor Gallo ha mantenido conversaciones con Mario Vargas Llosa, el Nobel que compartimos con Perú, acerca de sus obras y pareceres en un libro ligero y fértil que resulta un estupendo manual de instrucciones para comprender algunas de sus obras más significativas. Es una delicia ‘escuchar’ a Vargas Llosa hablar de Conversación en la Catedral y -especialmente- de La fiesta del Chivo, el novelón que retrata los años de Trujillo al frente de vidas y haciendas de la República Dominicana. La lectura de este libro invita a repasar debidamente buena parte de la obra de un escritor descomunal y fascinante que destila caballerosidad a cada palabra que pronuncia. Si Mario se hiciera el borde, el loco, el imprevisible, eructara tras las comidas o se negara a hablar con la gente, alcanzaría el halo de genio maldito (tan rentable) que los gilipollas le dan a cualquier provocador.

Aparte de las ‘conversaciones’ en las que el Premio Nobel cuenta cómo fueron las primeras horas que se sucedieron tras la proclamación y anuncio del mismo, de Rubén Gallo recomiendo leer un par de libros dedicados a su cuna, México, que son instrumentos imprescindibles para la interpretación de un territorio tan fascinante como aquel país. Heterodoxos mexicanos (un repaso de individuos irrepetibles que van de Octavio Paz a Pancho Villa) y México DF, lectura para paseantes (antología brillantemente seleccionada de autores mexicanos imprescindibles tales como Jorge Ibargüengoitia o Carlos Fuentes). Es bueno dar la bienvenida al año nuevo con lecturas de autores meritorios. En Gallo tienen a uno.