El necesario fortalecimiento de España

Arenas movedizas

Tengo por los intervinientes en la charla múltiple El necesario fortalecimiento de España un afecto de antiguo. Soy de los que creen que Bauzá, el expresidente balear, no fue el causante de todos los males de su partido; Bonig, la jefa de oposición en Valencia, tiene un difícil camino por delante para restablecer lo que fue el PP en su comunidad –no arrugarse en según qué momentos habla bien de quienes se atreven a pisar los terrenos del toro–; Girauta es viejo amigo y compañero de batallas, con quien cada noche del 22 de diciembre ceno en agradable compañía con la intención de soliviantar a los tontorrones de Twitter; Fidalgo, José María, es una suerte de Shrek: culto, serio, desacomplejado y mucho más afectuoso de lo que él se permite ser y de lo que se creen quienes lo conocen a medias; Rosa Díez es aquella a quien no quieren escuchar los que hacen de la intolerancia fanática una suerte de norma de vida: de aspecto fibroso, rocosa, resuelta y tocacojones, la vizcaína puede apuntarse en su haber alguna de las más frescas y sólidas ideas de estos últimos años. Seguramente también podrá apuntarse las que caben en el debe, que de esas también hay, incluidos errores de estrategia, pero su balance la hace más un activo que un pasivo a ojos de quienes han venido reclamando cierto aire de regeneración en nuestra siempre apasionante vida política. María San Gil, a quien tanto admiro por su valentía y su discurso no variado tanto en el frío como en el calor, no me invitó al foro organizado por la Fundación Villacisneros – Valores y Sociedad y se lo tendré en cuenta, porque ese era un sitio al que merecía la pena acudir. Sólo se lo perdonaré mediante una buena mesa en San Sebastián.

¿Qué se dijo en ese auditorio como para lamentar no haber estado ahí?: se habló de España, sin el dolor contrito mal exhibido por los agoreros de largo recorrido ni el desprecio mal disimulado de los emergentes populistas. De España sin complejos, sin disimulos, sin justificaciones, sin recelos, sin excusas y sin tener que buscar atajos explicativos. Esa fundación dedica mucho tiempo a ello, a «promover los principios y valores que emanan de la dignidad de la persona y constituyen la esencia de la civilización occidental» y a divulgar conocimiento de la Historia de España y su patrimonio cultural, lo que la hace merecedora de atención en todas sus convocatorias. Adversarios muy serios del nacionalismo todos los intervinientes, coincidieron en que las concesiones a los nacionalistas sólo sirven para debilitar España y, a la larga, para la destrucción del Estado. Fidalgo lo tachó de arcaico, dañino, supremacista, xenófobo y racista. Girauta –al que no sé por qué algunos lo llaman ahora ‘Yirauta’– añadió el calificativo de ‘antieuropeísta’. Y Rosa Díez concluyó de forma aplastante: ser español es revolucionario y lo arriesgado es decirlo. Llevo muchos años afirmando algo que he visto también en su speech: parece que los españoles no existieran y que, cuando alguien ataca cualquier esencia de España, la gente se refugia en su condición de valenciano, canario, gallego o andaluz. De la misma manera, cuando el nacionalismo más vulgar masculla contra España cualquier vituperio, no se atreve inmediatamente a bajar un escalón: no se atreve a decir lo mismo singularizado en los mismos valencianos, canarios, gallegos o andaluces, los cuales se refugian en su condición local como si con ellos no fuera la cosa. Nadie habla en nombre de España, dice Rosa, en nombre de lo que nos une, frente al mito nacionalista que vertebra a los separatistas. Y si lo hace recibe el esputo del populismo, atribuyendo sus acciones al resurgir de la extrema derecha en España, del fascismo dormido, que por lo visto anda oculto en alguna cueva remota a la espera de dar pequeños saltos. Si todos los que se manifestaron en Barcelona los pasados meses fueran fascistas, en España tendríamos un conflicto único en el mundo.

Voces como las de este foro son necesarias de forma machacona, un día y otro, para aligerar el acartonamiento de tantos españoles que se tienen por tales y que padecen un miedo cerval a que los tachen de fachas. Vayan despertando de tan larga siesta. Enhorabuena por el acto.