Prospecto para libros

Animales de compañía

Ignoro cuáles son las abstrusas razones que impiden al Ministerio de Sanidad prohibir o al menos restringir la venta de libros, que tanto distraen al personal de otras aficiones y formas de ocio más gratificantes, como la participación democrática en redes sociales, el consumo bulímico de series televisivas o la práctica salutífera del deporte. Mi desazón se acrecienta cuando llega la primavera, ante la proliferación monstruosa de ferias del libro que infestan las plazas y jardines de nuestras ciudades, incitando a gentes plácidas que jamás habían posado la vista sobre la letra impresa a la adquisición de estos objetos que tanto fomentan el ensimismamiento, la lucubración obsesiva y la ideación fantasiosa. ¿No sería conveniente obligar a los editores –como ya se ha obligado a los fabricantes de cigarrillos– a estampar en las portadas de los libros un letrero que advierta sobre los perjuicios que la lectura inflige a la salud, estimulando la secreción de pensamientos suspicaces o disolventes, quién sabe si favoreciendo incluso la formación de tumores cerebrales? No niego que las amonestaciones del Ministerio de Sanidad se toparían con la hostilidad de cierto sector irreductible de fatuos sabihondos, empeñado en vindicar la naturaleza placentera y hasta espiritualmente remuneradora de la lectura (que, afortunadamente, es una práctica cada vez más minoritaria), pero el compromiso de las autoridades con el bienestar de la ciudadanía se demuestra en estos gestos gallardos e inequívocos. A la espera de que empiecen a dictarse ordenanzas de la Unión Europea que prohíban la fabricación y el comercio de letra impresa, convendría que los libros se expidiesen con receta médica, acompañados de un prospecto que alertase al usuario sobre su naturaleza perniciosa y execrable. Sirva el siguiente texto a modo de recomendación para el legislador:

Composición: El libro se presenta en cuadernillos de papel, cosidos y camuflados tras una atractiva portada. Cada cuadernillo consta de un número variable de hojas abarrotadas de signos cuya contemplación produce vértigos y mareos.

Indicaciones: Admitimos el uso del libro como signo de prestigio o relumbrón social, siempre que el usuario no pose la mirada sobre su abominable contenido. El uso del libro como objeto de estudio o mero disfrute intelectual puede, en cambio, acarrear consecuencias indeseables. Recomendamos que las bibliotecas particulares no renieguen nunca de su condición meramente ornamental; además de dar mucho lustre a cualquier salón, pueden ser el mejor disfraz del polvo.
Posología: En caso de adicción aguda a los libros, el lector no debe rebasar la dosis de tres o cuatro párrafos al día, preferiblemente los que figuran en la contraportada y en las solapas, que son los más zafiamente propagandísticos y no suelen incurrir en pensamientos subversivos.

Precauciones: Existen serias sospechas de que la lectura sea enfermedad contagiosa y hereditaria. Si está usted embarazada o embarazado, absténgase de descifrar una sola letra; pues, de lo contrario, su feto podría nacer con malformaciones. Si alguno de sus amigos se ha rendido a tan irrefrenable vicio, póngalo en cuarentena, antes de que le traslade los microbios.
Efectos secundarios: La lectura produce meningitis, jaquecas, náuseas sartrianas, aversión a los lugares comunes y el pensamiento estereotipado, síndrome de Alonso Quijano, delirium tremens, capacidad para tomar decisiones propias, fluidez dialéctica, así como otras calamidades de larguísima enumeración.

Intoxicación y tratamiento: Cuando se lee en dosis muy elevadas, el enfermo puede padecer insomnio y excitabilidad, ensimismamiento y actitudes cavilosas, incluso ciertos accesos de ingenio que se manifiestan en ironías y sarcasmos contra el régimen político vigente. El mejor antídoto contra estos desarreglos consiste en exponer al paciente a irradiaciones prolongadas de rayos catódicos, preferiblemente con emisiones de concursos televisivos en los que participen homínidos chocarreros y homínidas pechugonas; también se recomienda una terapia de inmersión intensiva en Twitter y WhatsApp. En casos de enfermos irrecuperables, se los someterá a una dieta sustitutiva, con lecturas programadas de folletos de propaganda electoral y cursillos (o másteres) de tócame Roque.

Huelga decir que los libros deben mantenerse fuera del alcance de los niños, antes de que los perviertan.