Populismo en cada casa

Artículos de ocasión

Hay un populismo para cada situación. Yo he conocido hasta directores de cine populistas y escritores populistas. Populista es el que dice que España es el mejor país del mundo para estimular el afecto de los nacionales, pero también quienes dicen que España es lo peor para arañar el cariño de los que tienen sus motivos para el resentimiento. Hasta en las tertulias de cotilleo a los populistas les regocija el aplauso espontáneo de los espectadores de plató. Populismo es la apelación a los sentimientos para encubrir la racionalidad. A mí no me pareció populista que Marta Sánchez cantara en un concierto el himno de España con letra propia. Lograr resonancia es un reto de reafirmación colectiva. Lo que me pareció populista fue su explicación posterior en las entrevistas: «A los que no les gusta España lo que tienen que hacer es irse». Tan español es quien goza de ello como quien lo padece, quien critica los males de su país para corregirlos como quien aplaude sus defectos por amor ciego. Sin dejar el campo de la canción, Marlene Dietrich cantó para las tropas norteamericanas que partían a luchar contra su país, Alemania, que se había entregado a la maldad nazi. He ahí una patriota.

Hace poco leí unas declaraciones muy elocuentes de un jugador de golf español que reconocía su admiración por Donald Trump. No era nada nuevo, se reconocía entre esa masa de votantes norteamericanos que consideraban a su propio país más importante que los demás, que exigen un control fronterizo agresivo y que desprecian las políticas de integración y respeto contra los derechos humanos cuando no convienen a su economía local. Al parecer, este golfista tenía una estelada catalana que usaba de felpudo y reclamaba para España políticos como Trump, de una derecha menos acomplejada que Rajoy. El populismo llegaba en su declaración final: «Y tengo derecho a decir todo esto, a ver si sólo va a tener derecho a opinar Javier Bardem». Nunca nadie le ha negado el derecho a decir lo que dice, como no le ha concedido a Bardem o Willy Toledo ni exclusividad en su derecho a hablar ni galardones por lo que dicen en público. ¿De dónde viene esa falsa sensación de que su derecho de expresión está limitado? Lo que ocurre es que sus opiniones no han necesitado de su expresión explícita pues están representadas por el voto mayoritario tanto en Estados Unidos como aquí. La protesta no nace del poder, sino de quien carece de presencia en las instituciones. Ese victimismo del dominante es populismo.

Algo parecido me sucedió al leer una entrevista con el veterano galán Arturo Fernández, un actor que se conserva radiante por más que cumple años. El titular decía: «Yo jamás he pedido una subvención». Y me hizo gracia, porque los actores no piden subvenciones, sino las productoras. En la misma entrevista consideraba Truhanes, junto con Paco Rabal, como su mejor película, pero es una cinta que no existiría sin la Ley Miró, que concedió ayudas para financiar cine a productores nacionales. También protagonizó la mítica serie Como el perro y el gato para TVE, financiada por los impuestos de los españoles; y la última vez que lo vi en escena, porque yo sigo su labor, fue en un Don Juan, a las órdenes de Albert Boadella en los Teatros del Canal, sostenidos por el Gobierno autónomo a cargo del erario de los ciudadanos madrileños. Suele ocurrir que las subvenciones uno no las percibe del todo cuando son para sí mismo, en cambio, le molestan mucho cuando son para los demás.

Hace años me sucedió con un rockero español con el que coincidí en una entrevista en la radio y le escuché decir que el rock en España no estaba subvencionado. Me vi en la obligación de recordarle que la gran mayoría de sus actuaciones tenían lugar en fiestas de ayuntamientos y comunidades autónomas y en festivales estimulados por dinero público y que si tuviera que descontar de sus ingresos históricos la parte que le llegó desde instituciones públicas sostenidas por los ciudadanos, quizá tendría que buscarse otro empleo para llegar a fin de mes. Esa es exactamente la esencia del populismo. Nosotros somos los buenos y no voy a intentar entender al que está enfrente.