En recuerdo al artista que revolucionó el humor en España, recuperamos esta entrevista publicada en 2005.

Siento haberle interrumpido la siesta, ¿duerme usted mal?

Para qué te voy a mentir. Igual que si estuviera arrestado de imaginaria. Yo digo: «¡Al ataqueeeeeer!» y cierro los ojos. Pero apenas duermo. Tres o cuatro horas diarias. Soy más hiperactivo que la abeja Maya.

Confiese, ¿cuál es el verdadero significado de finstro?

Es una palabra planetaria. Nació en mí. Salió de repente cuando estaba en el escenario. Lo mejor es no buscar ningún significado.

¿Es el chiquitistaní la lengua de relación de los pueblos de España?

[Ríe] No creo que sea para tanto. Simplemente, llegó un momento en que todos hablaban como yo. Todavía lo hacen en cuanto pongo un pie en la calle. Para los que me rodean llega a ser una pesadilla.

¿Le molesta mucho que digan de usted que es un freak?

¿Qué es eso, shiquillo? ¿Freak? ¿Raro? Pero yo raro no soy. Si raro es llegar a todo tipo de público, entonces sí que lo soy. Paso al lado de una obra y no veas la que se monta.

Se dijo también que era usted un símbolo de la telebasura, ¿y eso?

Lo único que sé es que me descubrió Tomás Summers y estuve tres años apareciendo casi a diario en televisión. Y eso es muy difícil. ¿Telebasura? Veo poco la tele. Sólo partidos de fútbol. Los del Málaga. Mi equipo.

¿Cuándo introducirá la Academia en el diccionario las palabras jarl o diudeno?

Sigo esperando a que dejen una silla vacía para meterme allí. He creado un vocabulario especial y eso no es fácil.

Usted llevó a juicio a Florentino Fernández por imitarle demasiado, ¿cómo acabó aquello?

Mucha gente vivió más de mi personaje que yo mismo. Y eso tenía que acabar. Al final llegamos a un acuerdo.

Cuénteme un chiste de cinco palabras.

Me pillas con el celebro sexual descansando. Pero ahí va. Uno que llega borracho a casa y le dice la mujer: «¿No te da vergüenza? Parece que tengas una promesa. Estamos en Navidad y vienen a cenar nuestros hijos. Anda, ayúdame. Yo hago el pollo al ajillo y tú arregla las angulas». Y él pregunta: «¿Qué quieres? ¿Que esté otras tres horas pintando los ojos a los fideos como el año pasado?».

Hay gente que dice que cuenta usted chistes muy malos, ¿qué les diría?

[Ríe] Poca cosa. Que llevo 13 años en esto y aún me llaman a menudo. Algo tendré, ¿no?

¿Sería usted capaz de despedirse en japonés?

Y tanto que sí, mushasho. Ahí va: sayonara a los pecadores de XLSemanal. Aprendí allí el idioma para medio comer. Pero le daba tres veces la mano al mismo.