Ha sido nuestro embajador en la meca del cine durante dos décadas, el mismo tiempo que lleva sin trabajar con Almodóvar. Pero ha vuelto. En septiembre estrenan ‘La piel que habito’, su reencuentro en plena madurez. Por Laura Requejo

Es el auténtico pionero. Tomó Hollywood por asalto, lo desarmó con sus encantos de seductor y allí sigue, entre los grandes. Ahora, Antonio divide su tiempo entre sus compromisos cinematográficos con Woody Allen o Steven Soderbergh, la puesta en marcha de la nueva película que va a dirigir, su línea de fragancias con Puig -que ya cuenta con nueve referencias y es todo un best seller en España-, la escudería de motos con la que compite a nivel profesional, sus compromisos familiares… Y actualmente, también, la fotografía artística, con una exposición que pasó fugazmente por Madrid, ha estado en Buenos Aires y se verá en mayo en Río de Janeiro, Secretos sobre negro.

XLSemanal. ¿Tienes una inclinación natural a estar siempre haciendo algo?

Antonio Banderas. Creo que es porque soy una persona muy inquieta.

XL. ¿Hiperactivo?

A.B. Hiperactivo, un poco; pero, además, es que, como buen andaluz, la presencia de la muerte es constante en mi vida y hay que hacer muchas cosas para burlarla.

XL. ¿Te mueve el miedo a la muerte?

A.B. La muerte, sí, pero no porque me asuste; me da por saco, que es distinto. Es como un grano en el culo que está jodiendo todo el rato. Es la única certeza que existe, todo lo demás es relativo. Pero, claro, a la vez eso me da un impulso tremendo para vivir.

XL. Y esa es la razón de tus aventuras.

A.B. Hay otras razones, pero lo de la muerte es una razón de fondo, digamos. Existe también un interés por las cosas que hago. Por el cine es natural porque lo llevo haciendo ya como profesional casi 33 años. También me dedico a la música, pero es un hobby y nunca me lo he planteado profesionalmente. Como nunca me había planteado profesionalmente la fotografía hasta que en Puig me propusieron montar una producción, y con el resultado he hecho mi primera exposición.

XL. ¿Tienes algún fotógrafo favorito?

A.B. Hay fotógrafos con los que he trabajado que han convertido la sesión de retratos en una experiencia estupenda, Helmut Newton, Peter Lindbergh o Herb Ritts, con quien siempre me lo he pasado muy bien. Más retratista que fotógrafo, era un tío al que le gustaba mucho que me sintiera totalmente libre y me volviera loco ante el objetivo mientras él iba tirando fotos y cambiando de cámara.

XL. ¿Te enseñaron algo?

A.B. El que más me ha enseñado es Gregg Goldman, que es amiguete. Con él sí que he compartido mucho porque se dio cuenta de que me interesaba y me contaba muchos trucos.

XL. ¿Algún fotógrafo español que te haya impresionado?

A.B. Me gusta Ouka Leele por lo que representa de los años 80, fue un icono de la Movida y la conocí en aquella época. Es una mujer con un estilo muy especial; se saltó las normas de lo que se hacía en ese momento.

XL. ¿Y Juan Gatti, que ha trabajado siempre con Almodóvar?

A.B. ¡Gatti, por supuesto! Pero es que Gatti no es un fotógrafo; es algo más, es un director artístico. Hace fotogramas más que fotos. Pero sí, me encanta. Y García-Alix. Yo creo que me llegó a fotografiar en aquella época de la Movida porque me suena, pero la verdad es que no lo recuerdo. Es que he estado mucho tiempo fuera de aquí.

XL. También te gusta escribir…

A.B. Sí, me encanta escribir novelitas y cosas así, pero no lo hago mucho porque me faltan horas. Este año pasado, porque el trabajo con Almodóvar me ha chupado completamente el tiempo.

XL. ¿Y vas a publicarlas algún día?

A.B. ¡Buff! No, solo lo hago porque disfruto escribiendo.

XL. ¿A quién tienes presente cuando te pones a hacer una película?

A.B. En ese momento, no quiero acordarme absolutamente de nadie. Me dejo llevar por la intuición.

XL. ¿Cómo es tu proceso creativo?

A.B. Depende de con quién estoy trabajando y de su nivel de exigencia. Con Pedro Almodóvar, por ejemplo, se trata de captar su universo, de entenderlo, que es exactamente lo que él quiere. Tratar de comprender el mundo que está planteando. Llego al rodaje fresco para poder adaptarme siempre a lo que me pidan, pero hay veces en las que se produce una cierta rebeldía cuando te das cuenta de que el director no sabe ni él mismo por dónde va.

XL. ¿Qué haces cuando eres consciente de que no te están dirigiendo bien?

A.B. Te rebelas, por supuesto.

XL. ¿Y cómo ha sido reencontrarte con Almodóvar profesionalmente?

A.B. Ha sido fantástico. Además, para mi sorpresa, me he encontrado un Almodóvar más escueto, más minimalista o menos barroco. Mucho más profundo en los contenidos, más sólido y con una exigencia de economía total sobre el actor. Y trabajar en esos terrenos no es nada fácil. Es complejo trabajar sobre un planteamiento en el que una mirada o el movimiento de una mano tienen un significado enorme. Es totalmente diferente al mundo de Woody Allen, donde las manos las puedes mover como quieras y hasta el tartamudeo está permitido. Pedro está en otra onda.

antonio banderas, xlsemanal

XL. Estás haciendo películas con directores independientes, como Woody Allen, Steven Soderbergh, Jean-Jacques Annaud…

A.B. Trabajar con Woody ha sido una experiencia cojonuda. Y con Soderbergh se ha producido una cosa increíble que no me había pasado nunca en mi carrera. El año pasado rodé con él cinco escenas: dos en Barcelona y tres en Santa Fe, Nuevo México. Y cuando ya había terminado todo, me llamó para decirme que quería cinco escenas más. «Pero si la película debe de estar ya montada», le dije. Y me contestó: «Sí, pero el personaje es muy enigmático y quiero empujarlo, quiero que crezca». Así que voy a rodar con él ahora en Washington D. C., Puerto Rico y Memphis. Y le va a dar un giro al personaje. Lo ha convertido en el cerebro de toda la operación. Eso de que mi personaje evolucione después de que el director haya visto mi trabajo en la sala de montaje y decida convertirlo en algo más importante en la película no me había pasado nunca.

XL. ¿Cómo es trabajar con Soderbergh?

A.B. Pues es pum, pum, pum. Tú llegas a la Plaza Real de Barcelona, él está ya allí; no hay luces, ¡ni una! No ilumina. Te sientas; te sabes los textos; acción; bien; acción; o. k.; la siguiente. Después fuimos al aeropuerto y lo mismo. Ese día rodamos siete secuencias.

XL. ¿Tienes algún director con el que hayas trabajado por el que sientas una especial debilidad?

A.B. Me gustó mucho trabajar con Alan Parker en Evita; es un tipo realmente interesante. Fue maravilloso trabajar con Brian de Palma. Coincidimos en una película muy rara, Femme fatale, y era fascinante cómo encuadraba, cómo montaba los planos. Él se peleó mucho con Hollywood; le pasó un poco como a Coppola, quien dijo a Hollywood que le dieran por ahí. Se largaron de la órbita del sistema. Es que Hollywood es también mucha prensa controlada por Hollywood, son los estudios enormes; como vayan a por ti…

XL. El Hollywood de antes parecía más glamuroso e irreal.

A.B. Pues yo creo que ese Hollywood glamuroso e irreal de los años 40 y 50 era mucho más jodido. Eso es lo que me cuenta mi suegra, que aquel Hollywood era leonino y despiadado.

XL. ¿Mucho más duro que el de ahora?

A.B. Muchísimo más. Fichabas por un estudio como el que fichaba por un equipo de fútbol y estabas atado a él de por vida. Y si tenías un éxito, no había forma de liberarse.

XL. ¿Y la presión del éxito inmediato que hay ahora cuando, si la película no hace equis millones en el primer fin de semana, ya ha fracasado…?

A.B. Empieza a no ser presión porque ahora en un fin de semana se juntan 15 estrenos. Eso es terrible; se están matando a ellos mismos. Hollywood está en un momento muy complicado.

XL. Pero vivirlo cada día parece difícil.

A.B. Hollywood son muchas cosas. También, maravillosos directores de arte, fantásticos cinematógrafos, magníficos compañeros con los que trabajas y que viven cerca de tu casa; eso es Hollywood también. Y después están los ejecutivos, que te tratan como a un proyecto, como a un negocio. Esos podrían estar dirigiendo estudios o una fábrica de madera.

XL. ¿Cómo has hecho tú para sobrevivir?

A.B. Depende mucho de tu actitud. El hombre que no busca nada es invencible. Si tú llegas allí pensando: «Yo voy a jugar aquí hasta que pueda… ¿que se acaba? Pues me voy». Y ya llevo 21 años.

XL. Tu hija Stella tiene más o menos la misma edad que tenías tú cuando te lanzaste a recorrer el mundo con un grupo de teatro. ¿Qué le dirías si decidiera hacer lo mismo?

A.B. No lo va a hacer, pero, si lo hiciera, habría que aguantarse.

XL. ¿A qué crees que va a dedicarse?

A.B. No le gustan las cámaras. Le gusta mucho la literatura, lee mucho y, si al final se dedica también al mismo negocio que su madre y yo, estoy seguro de que va a ser tras las cámaras. Pero no la quiero conducir a ningún terreno; que ella elija lo que quiera.

XL. ¿Es difícil vivir con una hija adolescente?

A.B. No con Stella; es una niña muy sólida, muy madura, con una estructura de pensamiento apasionante y que no me da ningún problema. Dakota fue un poquito más complicada en esa edad. Estaba enloquecida, por momento pensábamos que la perdíamos. No que la perdíamos físicamente, pero, cuidado, que se metía en terrenos muy jodidos. Y ahora está muy bien, está haciendo películas. Alexander tiene 24 años, tiene una banda de rock y vive en Brooklyn. Estoy muy orgulloso de ellos.

XL. ¿Y te hacen sentir viejo?

A.B. En absoluto.

XL. De tus primeras películas ¿hay alguna que recuerdes de forma especial?

A.B. Átame. Le tengo muchísimo cariño. Significó mucho para mí entonces y sigue siempre en mi memoria.