Soy hija, esposa y madre de diplomáticos. Escribir El árbol de fuego (Ediciones B) ha sido una catarsis para cicatrizar la herida que se abrió tras el asesinato de mi hermano Pedro en Beirut.

XLSemanal. El embajador Pedro de Arístegui murió hace 23 años al impactar un proyectil sirio contra la Embajada española en el Líbano. ¿Todo este tiempo ha vivido con esa herida abierta?Pilar de Arístegui. Perder a mi hermano me cambió profundamente. Y, aunque la vida te empuja a seguir adelante, descubrí que, soterrado, seguía dentro de mí tanto dolor. XL. ¿Y ha conseguido liberarlo? P.A. De alguna manera, sí; aunque te queda una cicatriz para siempre. Fue un año horrible, yo estaba en Kenia cuando asesinaron a mi hermano, murió mi madre, mi cuñada estuvo en coma XL. Hija, hermana, tía, esposa y madre de diplomáticos, siempre a la sombra del embajador.P.A. Siempre, pero de alguna utilidad somos [risas]; porque llevar la intendencia de una casa grande es complejo. Hasta ahora solo hay cinco países que dan un sueldo a la mujer de los diplomáticos. En España, nada; ni una carta de agradecimiento cuando se van los maridos. XL. ¿Y siempre tan simpáticos, correctos y agradables en todo momento?P.A. Bueno, bueno, algunos diplomáticos impertinentes y antipáticos sí que he conocido; como en cualquier otra profesión [se ríe].XL. ¿Es verdad que nació durante un bombardeo?P.A. Sí, mis padres estaban en Bruselas y las bombas caían alrededor. La gente se cree que los diplomáticos viven entre copas de champán, de recepción en recepción, y se olvidan de las guerras, epidemias Mi marido fue a la frontera de Uganda para salvar a los misioneros. Y mi hijo, en Congo, se encontró con la epidemia de ébola, el éxodo de los campos de refugiados y las dos guerras de Zaire y Congo.XL. Y con todo lo que sabía, ¿se casa con un diplomático?P.A. Era muy joven. Tenía 18 años, me parecía que el mundo era un lugar maravilloso y estaba enamorada.XL. Tras La diamantista de la emperatriz y La Roldana, esta es su tercera novela; la más autobiográfica.P.A. No todo lo que cuento lo he vivido yo, pero muchas cosas sí. Es rigurosamente cierto que di de comer mangos a un elefante en mi mano.XL. ¡Menudo momento para hablar de elefantes y de safaris en África!P.A. Terminé el libro mucho antes de que empezara esta polémica.

Muy clásicoLos domingos suele tomar para desayunar un café con leche acompañado de algo dulce, mejor si son pastas.