Se ha ganado su imagen de tipo duro, inquietante y al mismo tiempo seductor por sus papeles como actor y sus ‘involuntarias’ apariciones en la prensa del corazón. Pero, de cerca, la dureza de Coronado se transforma en franqueza y la seducción, en cercanía. Su nueva película, ‘El hombre de las mil caras’, se sumerge en las cloacas del Estado y nos permite adentrarnos en terrenos escabrosos. Sin perder el humor.

José Coronado descubrió tarde su vocación como actor. Cristina Rota le enseñó interpretación y a los 30 años debutó en el cine. Ricardo Franco dijo de él que sabía mirar muy bien a las mujeres, y su fama de seductor lo acompaña desde entonces. Este mes de agosto ha cumplido 59 años. El eterno galán del que hablan bien todas sus conquistas, el policía corrupto y el duro más duro de la película se dan cita en esta entrevista en la que no podían faltar el tabaco y el savoir faire. Coronado en estado puro.

XLSemanal. Francisco Paesa, el personaje central de su nueva película, fue un agente secreto del Gobierno, vendió misiles a ETA, engañó a la mafia rusa, estafó al presidente de Guinea, ayudó a fugarse a Luis Roldán…

José Coronado. Sin duda, es el protagonista de esta historia por méritos propios. Hizo verdaderas barbaridades. En plena guerra de los Balcanes aterrizaron con un avión lleno de pegatinas de la Cruz Roja, lo cargaron de obras de arte y se las llevaron para París, por ejemplo. Paesa se rodeaba, además, de la peor escoria para poder manejar a todos a su antojo.

XL. ¿Quién es Jesús Camoes, su personaje?

J.C. Es el amigo piloto de Paesa, que llega donde el propio Paesa no puede llegar por su falta de cultura y de savoir faire. Camoes es un tipo de buena familia, que se metió en esta aventura por la adrenalina que le provocaban todas estas peripecias. Era un aventurero, no especialmente ambicioso con el dinero, muy mujeriego… Y eso le perdió. Jesús Camoes está inspirado en el piloto Jesús Guimerá, que fue mano derecha de Paesa durante muchos años.

XL. Después de sacarle 300 millones de pesetas al entonces ministro del Interior Juan Alberto Belloch y de quitarle otros 1500 millones a Roldán, Paesa falsificó su certificado de defunción y anunció su muerte en Tailandia para que dejaran de buscarlo.

J. C. Sí, porque sigue vivo. Se publicó su esquela (el 2 de julio de 1998) y hasta contrató misas para que rezaran por él. Paesa se lo jugó a dos barajas y se lo llevo todo por el morro. Era un genio; un hombre sin preparación alguna, pero tremendamente astuto. No tenía conocimientos de derecho ni de economía, pero fue el primero en jugar con las sociedades offshore en Panamá y los paraísos fiscales.

XL. ¿Dónde está ahora?

J. C. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Cuando rodábamos en París, junto al Sena, estábamos seguros de que nos estaba observando desde algún lugar. No teníamos ninguna duda de que Paesa sabía que estábamos rodando esta película y hasta mirábamos detrás de los árboles porque sentíamos su presencia (ríe). De Roldán, en cambio, se sabe que vive por Zaragoza, jubilado.

Aprendió a jugar al mus y al póker en las facultades de Derecho y Medicina. Lavó cadáveres para tener dinero. Probó con éxito el mundo de la publicidad y puso una agencia de modelos, otra de viajes y un restaurante

XL. ¿Cree que Roldán tiene todavía parte del dinero que robó?

J.C. Yo creo que sí, aunque no lo puede gastar; porque creo que, además de los millones que le quitó Paesa, tenía más dinero.

XL. Recordando aquella época y comparándola con la presente, da la impresión de que en este país ha robado todo el que ha querido y durante muchos años.

J.C. Sin duda, pero lo peor es que se ha impuesto la idea de que el que roba no es un ladrón, sino que es el puto amo, el que se lo hace bien, el listo, el tipo al que imitar… Y lo aplaudimos.

XL. Las mujeres de los corruptos no salen muy bien paradas en esta película. miran para otro lado y aceptan la situación encantadas porque a ellas también les va bien…

J.C. En la película y en la vida real es así. Dos que duermen en un colchón son de la misma condición. Yo estoy seguro de que sigue siendo así. Claro que lo saben, son cómplices y firman.

XL. ¿Se ve dando el salto a la política?

J.C. No, desde luego que no.

XL. No sería la primera vez que un actor termina siendo diputado, senador o incluso presidente de su país.

J.C. Los políticos son terribles actores que te intentan mentir, pero que lo hacen muy mal. Nosotros los actores mentimos después de un trabajo previo para trabajar con la verdad y que esta llegue. Los políticos van directamente con la mentira, son unos personajes que no tienen ninguna credibilidad.

XL. ¿Le han tirado los tejos alguna vez?

J.C. ¿A mí? Muchas veces. Y lo que es increíble es que me los han tirado de todos los colores. Del PP hasta me ofrecieron presentarme para la alcaldía de Pozuelo, un pueblo de 300.000 habitantes, y estoy seguro de que, si me meto, la saco. Eran los tiempos de Gil y Gil… Pero te repito. me tiraron los tejos desde todos los lados.

XL. No lo veo yo muy ‘morado-podemita’…

J.C. No, con Podemos no ha habido nada; pero con otros partidos… Es una pena no poder pronunciarme abiertamente como lo hacen todos los actores y actrices en Estados Unidos o en Francia.

XL. ¿Cree que puede haber represalias si se expresa libremente?

J.C. Dejar de trabajar no; pero a lo mejor sí que me podrían mermar un poquitín los proyectos. Al cabo de 30 años he conseguido que vengan y me saluden con el mismo respeto el de la derecha como el de la izquierda.

XL. ¿Al final, nos quedamos sin saber quién le hizo una oferta desde la izquierda por precaución?

J.C. Mmmm… Por precaución, sí [sonríe].

XL. Usted es de los que se alegraron por el final del bipartidismo, para que tuvieran que pactar los cuatro partidos políticos mayoritarios.

J.C. ¡Ya! Me pareció bueno entonces que entrara gente con ideas nuevas; pero en el punto en el que estamos ya no pienso lo mismo. Recuerdo que me comentaba Pedro Sánchez que yo estaba muy equivocado por alegrarme de que no hubiera bipartidismo. Ahora, visto lo visto, le doy la razón a Pedro.

XL. Así que se codea con Pedro Sánchez en la intimidad.

J.C. Alguna vez lo he visto, pero como cualquier actor. También tengo amigos en el PP y en Podemos, sin ningún problema; aunque no creo que Podemos esté en el camino para sacar al país de la crisis.

XL. Con los años se va haciendo más conservador.

J.C. No especialmente. Yo siempre he intentado estar en el centro en todos los aspectos de la vida. Me gusta la tolerancia, el respeto, que nadie esté en poder de verdades absolutas…

XL. ¿Es verdad que se nos está haciendo bastante budista?

J.C. Sí, cada vez más. Tuve la suerte de hacer un viaje a Nepal, al Tíbet, con mi hijo y Jesús Calleja. Fue un viaje maravilloso. La filosofía de vida zen me llama la atención desde hace tiempo y cada vez la practico más. Me gusta vivir el momento presente, sin molestar a nadie y sin grandes alharacas.

XL. ¿Es usted una persona de fiar?

J.C. Sí, yo soy una persona honesta, intento ser honesto.

XL. ¿Aparecerá su firma en algún papel de Panamá?

J.C. ¡No, no, por Dios! En ninguno, pese a que también me tentaron con eso y gracias a Dios no caí.

XL. ¡Pero cuántas tentaciones ha tenido! ¿Quién lo tienta para corromperse?

J.C. Pues los despachos que te llevan las cosas, los abogados de los bufetes que llegan y te ofrecen ese tipo de posibilidades…

XL. ¿Cree entonces en la inocencia de aquellos otros actores que se dejaron tentar?

J.C. [Hace el gesto de cerrar sus labios con una cremallera].

XL. ¿Es más culpable quien ofrece posibilidades turbias o quien las acepta?

J.C. A todos nos han tentado y cada uno se la ha jugado como ha podido. También es verdad que muchas veces nosotros no sabemos de leyes y nos venden cosas como si estuvieran bien hechas… y tú confías. Estoy pensando, por ejemplo, en el caso de Leo Messi. Estoy convencido de que, con el volumen de dinero que gana por diferentes conceptos, él no quiere saber nada de eso. Él solo quiere jugar al fútbol y nada más.

XL. ¡Ya, ya! ¿Es usted del Barça?

J.C. No; yo soy totalmente del Real Madrid.

XL. Hubo un tiempo en que también lo tentaron para trabajar en Hollywood, pero rechazó la oferta y comentó. «Los actores de Hollywood son monigotes al servicio del marketing». ¿Haciendo amigos?

J.C. En general, sí son monigotes. Por lo que yo he visto, en Hollywood priman mucho más los beneficios que la calidad de tu trabajo. A los tres o cuatro años de empezar a hacer cine me fui a Los Ángeles y me horrorizó comprobar que era así. A mí es que me gusta mucho mi país, me encanta España.

XL. Muchas tentaciones ha tenido usted en la vida hasta terminar convirtiéndose en un policía duro y corrupto.

J.C. Dios me vino a ver con ese papel que me encanta y que me viene como anillo al dedo. Me gustan mucho los polis y es un gremio al que admiro mucho.

XL. Hábleme de una última tentación que le hicieron en Milán dos hermanos gais.

J.C. ¿También he contado eso? ¡Madre mía! Es totalmente cierto, ocurrió en una fiesta en una casa en el lago Como.

XL. ¿Así que también le tiran los tejos los hombres?

J.C. Sí, sí, más de una vez. Pero es que en aquella ocasión fue hasta peligroso. En la fiesta estábamos unas 200 personas y algo me debieron de meter en la bebida porque perdí la noción de todo. Cuando me quise dar cuenta, me encontraba solo en un cuarto con los dos hermanos que me estaban ‘atacando’.

XL. ¿Y qué pasó entonces?

J.C. Entonces saqué un poquitín de fuerza de no sé dónde y les dije. «Por favor, no; por favor…». Y, que yo recuerde, no pasó nada; ¡pero vete tú a saber! [ríe].

XL. ¿Es más fácil decirle ‘no’ a un señor o a una señora sin que se ofenda?

J.C. Yo creo que es lo mismo y no tienen por qué ofenderse. Las cosas dichas con educación se le pueden decir a quien sea. Yo no tengo enemigos de ningún tipo; pero es que, además, no podría vivir teniéndolos.

XL. ¿Una persona famosa que ha triunfado en su profesión no tiene ningún enemigo?

J.C. Mi lema es vive y deja vivir, me ha funcionado siempre muy bien y duermo muy tranquilo.

XL. A veces hay un papel en la biografía de muchos actores que perdurará eternamente, guste o no guste; y, en su caso, ese fue el de amante de Isabel Pantoja.

J.C. [Ríe]. Aquel fue un toro difícil de torear, sí. ¡Fue una locura! Cuando los chavales que empiezan me piden un consejo, siempre les digo que toreen lo que les salga y por donde les salga, que ya vendrán los mihuras si se los merecen. Así es como yo he ido haciendo mi carrera. De muchos trabajos mediocres es de donde más he aprendido.

XL. Isabel Pantoja ha cumplido 60 años el pasado 2 de agosto…

J.C. Sí, ya he visto algo en la prensa. Yo he cumplido 59 el 14 de agosto.

XL. Diga algo de Isabel, no se vaya por las ramas.

J.C. Todavía recuerdo la que se formó con el beso aquel a la Pantoja, yo no daba crédito. Por aquel entonces yo ya estaba acostumbrado a ruedas de prensa y entrevistas; pero cuando llegué y vi a 300 cámaras juntos…

XL. Pero el romance entre Isabel y usted siguió durante un tiempo en la prensa…

J.C. ¡Bueno! ¡A mí me han inventado romances hasta con mi hermana! Nos han sacado fotos paseando por la calle y me la han puesto de novia.

XL. Reconozca que la fama se la ha ganado a pulso, a no ser que tenga 20 hermanas diferentes…

J.C. No sé, yo intento hacer en la vida lo que me gusta y con discreción. Además, creo que para un actor es primordial mantener el misterio de su vida privada para el buen devenir de sus personajes. Para alguien que está continuamente en los medios contando su vida es luego mucho más difícil hacer creíble el personaje que interpreta.

XL. ¿Con la edad se ha hecho más casero y menos nocturno?

J.C. ¡Totalmente! De los 18 a los 30 viví prácticamente de noche porque tenía negocios de noche. Me desmadré del todo, me lo bebí todo… Y encantado porque era una época mucho mejor que ahora, mucho más abierta, más amable… Creo que hay etapas en las que hay que vivir, en mayor o menor medida, determinadas cosas. Pretender vivir esas cosas a los 40 o a los 50 es patético.

XL. ¿Disfrutó su desmadre?

J.C. ¡Totalmente! Recuerdo con 25 años decirle a un amigo en una noche de copas. «Esto no se puede acabar nunca». No concebía que la vida pudiese ser atractiva sin toda esa juerga constante. Sin embargo, ahora es todo lo contrario. Me pueden pagar todo lo que quieran que no voy a una discoteca ni muerto. Mis prioridades han cambiado. Ahora ha pasado a un primer plano mi vida personal.

XL. ¿Y la tiene bien organizada?

J.C. Sí, perfectamente. Tengo mi familia y mi círculo de amigos, que saben quién soy. Y esto es lo que de verdad me mueve, aunque mi pasión, incluso en vacaciones, sea siempre levantarme prontito por la mañana, ponerme el casco e ir a trabajar.

XL. Es un acierto que hable siempre bien de las mujeres con las que ha estado -Paola Dominguín, Mónica Molina, Silvia Abascal…-, pero que, además, todas hablen bien de usted, ¿es un milagro?

J.C. Yo intento ir así por la vida, quedándome siempre con lo más positivo de cada persona y de cada relación.

XL. ¿Sus hijos lo definen como un padrazo?

J.C. Tengo muy buena relación con ellos. Peco de demasiado tolerante y les doy mucha libertad. Sé que me la juego a esa carta, pero no me gusta ser un padre estricto. Aunque hay quien dice que no puede ser, yo soy padre y amigo de mis hijos. Mi hija ahora tiene 14 años y con ella estoy haciendo el ejercicio duro para mí, como hombre, de seguir los mismos pasos y darle exactamente la misma libertad y la misma confianza que le di a su hermano.

XL. Hay una cuestión que es imposible que se quede en el tintero, porque en su día dejó sorprendido a medio mundo. ¿Qué pasó realmente entre la duquesa de Montoro y usted?

J.C. ¿Eh? [sonríe]. Mmmm… De eso prefiero no comentar nada.

XL. Algo me tiene que decir porque fue como una aparición.

J.C. Soy muy celoso de mi vida privada. Ahora me están ofreciendo escribir mis memorias y he dicho que no, porque entiendo que mis películas queden, pero no quiero que se hable de mí por mi vida personal.

XL. Tire al menos un balón fuera…

J.C. Ya te he contado que me han pasado muchas cosas. Me ven un día con alguien y luego… La verdad la sé yo y la persona a quien le afecta.