Lo llaman «el Messi de la ciencia», trabaja en el Instituto Max Planck, de Alemania, y su nombre suena año tras año como candidato al Premio Nobel de Física. Hablamos con Juan Ignacio Cirac, el ‘ideólogo’ del ordenador cuántico. Por Ixone Díaz Landaluce

El suyo es uno de esos miles de cerebros formados en la universidad pública española que un día se fue para no volver. Pero no es un cerebro cualquiera. El físico Juan Ignacio Cirac (Manresa, 1965) demostró en 1995 la posibilidad teórica de construir un ordenador cuántico. Gracias a su investigación, empresas y universidades de todo el mundo trabajan en los prototipos de una computadora que revolucionará la tecnología. Cirac dirige el Instituto Max Planck de Óptica Cuántica, en Alemania, de cuyos laboratorios han salido 18 premios Nobel. Él mismo, Premio Príncipe de Asturias en 2006, está entre los aspirantes al Nobel de Física.

XLSemanal. Supongo que le han hecho esta pregunta cientos de veces, pero… ¿qué es un ordenador cuántico?

Juan Ignacio Cirac. Funcionan de una manera muy distinta. Estos ordenadores siguen las leyes de la física cuántica que rigen el mundo microscópico. Y estas leyes son muy diferentes a las que estamos acostumbrados a ver en el mundo que nos rodea. Permiten procesar y transmitir información de una manera distinta, que hace que sean más rápidos y eficientes.

XL. Suele decir que los ordenadores cuánticos tienen que trabajar sin que nadie los vea. ¿Qué quiere decir con eso?

J.I.C. Para que las leyes de la física cuántica funcionen correctamente, es necesario que el sistema donde ocurren esos procesos cuánticos no interaccione con nada, ni siquiera con nosotros mismos. Si intentamos observar el proceso, dejaría de funcionar. Por eso tienen que estar aislados.

XL. ¿Qué aspecto tendría un ordenador de estas características?

J.I.C. Ya existen prototipos. Ocupan laboratorios de 50 metros cuadrados, llenos de láseres y equipos electrónicos… Parecen monstruos. ¡Y son solo un pequeño prototipo! Para que fueran realmente útiles, tendrán que ser más grandes, requerirán espacios enormes. Pero la tecnología permite hacer las cosas cada vez más pequeñas. Los ordenadores que hoy tenemos sobre la mesa no tienen nada que ver con los primeros, que ocupaban edificios enteros.

XL. ¿Cuál es la mayor complejidad que hay que superar para su construcción?

J.I.C. Las leyes de la física cuántica ocurren en el universo microscópico de los átomos y los electrones y nos ha costado mucho controlar ese mundo, pero ya lo hemos conseguido. Ahora, el principal obstáculo es aislar estos ordenadores. Eso es lo que nos está haciendo la vida difícil ahora mismo.

XL. ¿Cuándo empezará a funcionar el primer ordenador cuántico?

J.I.C. Yo calculo que en los próximos 5 años se construirán prototipos más potentes que un ordenador clásico. Y luego pasarán 15, 20 o 30 años hasta que tengamos ordenadores cuánticos a pleno rendimiento.

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XL. ¿Por qué se dice que revolucionarán el universo tecnológico? Cómo será el mundo de los ordenadores cuánticos?

J.I.C. No lo tenemos claro. De momento, sabemos que harán cálculos muy complicados. Pero esos son cálculos que solo los necesitan los ingenieros, los diseñadores de materiales, los farmacólogos… Las aplicaciones más importantes no las entendemos todavía. Es difícil de imaginar.

XL. ¿En el futuro tendremos ordenadores cuánticos en casa?

J.I.C. Yo diría que no, pero con estas aseveraciones hay que tener mucho cuidado. Hace 50 años, IBM no podía imaginar que los ordenadores acabarían siendo personales. Nadie pensó que sustituirían a las máquinas de escribir y que tendríamos Internet o correo electrónico. Así que quién sabe.

XL. Empresas privadas, como Google, y varios gobiernos están desarrollando sus propios prototipos. ¿Quién lleva más ventaja en la carrera cuántica?

J.I.C. Es difícil saber quién llegará antes. Google o IBM están trabajando en la construcción de prototipos, igual que varias universidades. Pero todavía falta muchísimo. Quizá por el camino Google se canse, pero las agencias públicas seguirán hasta que los construyan.

XL. Se dice que los ordenadores cuánticos tendrán la capacidad de descifrar cualquier código. ¿Cómo cambiará eso la seguridad en Internet?

J.I.C. Con los ordenadores cuánticos, los métodos de encriptación actuales ya no serán seguros. Por eso, ya se están buscando alternativas para encriptar los mensajes. Además, la física cuántica permite crear sistemas de comunicación secreta que ni siquiera un ordenador cuántico podría violar.

“El científico, cuando llega a casa, sigue dándole vueltas a la cabeza. A veces la solución llega después de haber soñado algo”

XL. Vaya paradoja. La física cuántica a menudo raya con la filosofía. ¿Le incomoda o le gusta esa relación?

J.I.C. Mi trabajo da lugar a preguntas filosóficas constantemente « de qué estamos hechos?, cómo estamos hechos?, cómo fue el inicio de todo?, es realmente lo que vemos lo que es?». La relación de la física y la filosofía me parece fascinante.

XL. Después del bosón de Higgs, ¿cuál es ahora el santo grial de la física?

J.I.C. Quizá descubrir alguna partícula nueva que no esté definida en el modelo estándar. Hasta ahora, este modelo ha predicho con precisión todo lo que vemos en el mundo microscópico, pero cuando uno empuja una frontera y llega adonde nadie ha llegado, se puede encontrar con sorpresas. Y eso es lo que esperamos que ocurra, que aparezcan partículas nuevas que no estén de acuerdo con nuestro modelo y que nos obliguen a cambiar de ideas.

XL. Su nombre está en la quiniela de los Nobel. ¿Es peligroso para un científico trabajar pensando en los galardones?

J.I.C. Sí, puede ser peligroso. No puedes planificar tu vida o tu trabajo para que te den un premio.

XL. Pero no me diga que nunca ha soñado con recoger el Nobel…

J.I.C. Todos los chicos jóvenes apasionados de la ciencia han fantaseado alguna vez con ir a Estocolmo o trabajar con un premio Nobel. Yo también tuve esa época.

XL. Lo han llamado «el Messi de la física». ¿Cómo se toma ese tipo de piropos?

J.I.C. El de Messi me lo puso mi amigo Pedro Etxenike, un científico magnífico al que conozco desde muy joven. Pero este tipo de cosas solo sirven para que los periodistas escriban titulares.

XL. Usted es un científico mediático. ¿Le gusta aprovechar el tirón para hacer divulgación y pedagogía?

J.I.C. No es que me guste, es que considero imprescindible que la ciencia llegue a los ciudadanos. En primer lugar, porque saber cómo funcionan las cosas y cuáles son los principios por los que se rige nuestro mundo es una cuestión de cultura general. Pero también porque, en general, la ciencia se financia con los impuestos y hay que contarle a la gente en qué se está gastando su dinero y por qué es importante.

XL. El último Nobel español en una disciplina científica fue Severo Ochoa en 1959. ¿Es algo anecdótico o se trata de un motivo de preocupación legítima?

J.I.C. La escasez de premios Nobel no es un problema en sí mismo, que no seamos un país puntero en ciencia es lo que nos tiene que preocupar.

XL. ¿Cuál diría que es el principal problema de la ciencia en España?

J.I.C. En Alemania, Francia, Estados Unidos o Inglaterra la sociedad, las empresas y la industria entienden que la ciencia es algo muy importante para el futuro económico de su país. Antes de la crisis, eso había empezado a cambiar se había aumentado financiación, la sociedad y los
medios de comunicación eran más conscientes de su importancia y la industria se estaba incorporando, poco a poco, a ese proceso. Pero no todo se resuelve a golpe de talonario. Antes hay que desarrollar un clima adecuado para que la inversión sea consistente en el futuro.

XL. Y hay que entender que la ciencia es una apuesta a largo plazo…

J.I.C. Eso es. Es difícil entender que la investigación científica de hoy será la economía del país dentro de 20 años, pero es así. Los países que se preocuparon de ello en su momento se están beneficiando de ese trabajo ahora.

XL. ¿Se ha planteado volver a España?

J.I.C. La idea siempre te ronda, pero no es realista. Mi vida está en Alemania y mi situación en el instituto es ideal. No podría volver a España.

XL. ¿Qué tipo de niño fue usted?

J.I.C. Como todos, quise ser astronauta y futbolista. Pero me gustaban mucho las ciencias y se me daban bien las matemáticas y la física. Leía libros de ciencia ficción y me llamaban la atención las centrales nucleares. Cómo se podía sacar tanta energía de algo tan pequeño? Siempre me estaba haciendo ese tipo de preguntas.

XL. ¿Para ser un científico brillante hay que ser un adicto al trabajo?

J.I.C. Sí, pero sin exagerar. Yo trabajo mucho, pero también me voy de vacaciones, me gusta la música, salgo con amigos, hago deporte… Lo que pasa es que al terminar la jornada laboral, el científico se va a casa y sigue dándole vueltas a la cabeza. Eso es esencial, porque los grandes problemas no se resuelven en un momento de genialidad, sino después de hablar con mucha gente o de haber soñado algo.


LO QUE DICEN DE ÉL FUERA

¿El próximo premio Nobel?

En las ‘quinielas’

La revista Forbes, en 2007, ya lo señaló como una de las personas que va a cambiar el futuro del mundo. Seis años después recibió el Premio Wolf, considerado la antesala del Nobel de Física, por su manual sobre cómo construir un ordenador cuántico, y desde entonces su nombre suena como ‘nobelable’. También ha obtenido la medalla de oro del Instituto Niels Bohr y el galardón Benjamin Franklin.

Eminencia global

Dirige el Departamento de Óptica Cuántica del Instituto alemán Max Planck, y colabora con el Instituto Tecnológico de Massachusetts, el Instituto de Física Teórica de Santa Bárbara (EE.UU.) y la Universidad Tsinghua (China).