Norteamericano Freeman, británico Caine: dos leyendas del cine cuyos países ocupan hoy el centro de la actualidad. Convertidos en jubilados justicieros contra la banca en su nueva película, estos dos abuelos de Hollywood tienen todavía mucho que decir. Por Fernando Goitia

Morgan Freeman y Michael Caine son grandes amigos. No hay duda. Queda claro en cuanto entran en la habitación del lujoso hotel donde reciben a XLSemanal, en una nevada mañana neoyorquina. No se han sentado todavía y el guante ortopédico gris que cubre la mano izquierda de Freeman da pie a un comentario malicioso de Caine. «No lo lleva porque haga frío, ojo», advierte el actor británico. «No, no, es por un accidente que sufrí en 2008, volviendo a casa una noche. Estoy vivo de milagro -refiere Freeman; hablar pausado, mirada que exige atención plena a su interlocutor-. Mi coche dio varias vueltas de campana y la mano se me quedó paralizada. Como no la muevo, debo llevar un guante para que haga presión; ya sabes, que fluya la sangre y no se me hinche».

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (4)

A su lado, ya sentado, Caine, cejas arqueadas y dobles intenciones, señala hacia abajo y dispara: «Sí, claro, ya se sabe, sobre todo a ciertas edades, que todo lo que no se utiliza se atrofia».

Las carcajadas resuenan en la estancia. Es solo una introducción a esa socarronería tan británica de Caine, esculpida en una infancia entre cargamentos de pescado en los muelles de Londres, donde trabajaba su padre. «Bueno, ¿qué más quieres saber?», zanja Freeman, fingiendo seriedad, invitando a iniciar una charla cuya excusa es el estreno [el 12 de abril] de Un golpe con estilo, su sexta película juntos en nueve años.

XLSemanal. El banco se queda con su casa, la empresa de toda su vida se traslada al sudeste asiático y pierden su pensión. Son las razones que llevan a sus personajes en Un golpe con estilo a realizar un atraco. ¿Empatizan con ellos?

Freeman. Oh, sí, completamente. Ese banco se merece ser atracado, ¿no?

Caine. Por supuesto.

Freeman: “Yo no le tengo miedo a Trump. Pero parece que no conoce nuestra constitución”

XL. En la vida real, ¿creen que estos ancianos habrían votado a Trump?

Caine. Me temo que sí.

Freeman. Es muy posible, sí. Son el tipo de gente al que se dirigió en la campaña. Trump, sin duda, eligió muy bien su mensaje y a quién lanzárselo.

Caine: “Los británicos no podemos seguir gobernados por un puñado de burócratas desde bruselas”

XL. Muchos atribuyen la victoria de Trump y la del brexit a una misma raíz: la indignación de las clases trabajadoras locales, que se sienten abandonadas por las élites y temen a la inmigración…

Caine. Oh, sí. El brexit triunfó por similares razones que Trump. A mí, de todos modos, más que la inmigración, que va a continuar porque las empresas necesitan mano de obra, me indigna la pérdida de soberanía. No podemos seguir gobernados por un puñado de burócratas sin rostro desde Bruselas.

Caine: “Yo quiero saber quién entra en mi país. Dicen que no hay empleo para los británicos. ¿No tendrá que ver con la emigración?”

XL. Hoy, nueve meses después del referéndum, ¿sigue viendo todo bajo el mismo prisma?

Caine. Sigo estando a favor, sí. Mira, un día vi que un tal Juncker le decía a mi primer ministro lo que este debía hacer en su propio país. Me dije: «Pero, hombre, ¿quién es este tal Juncker?». Y cuando vi quién era, pensé. «¡Cómo! ¡El ex primer ministro de Luxemburgo le está diciendo a David Cameron lo que tiene que hacer!». Por Dios, ¡pero si yo crecí pensando que Luxemburgo era una emisora de radio y no un país! [Se ríen].

XL. En todo caso, tanto Trump como los partidarios del brexit lanzaron mensajes antiinmigración, con tintes racistas…

Caine. Yo no soy racista, desde luego.

Freeman. Sí, pues yo… Todos somos personas. No nos define ser negros ni blancos ni musulmanes ni cristianos…

Caine. Yo estoy a favor de la inmigración, pero controlada. Quiero saber quién entra en mi país. No solo porque se puedan colar terroristas y gente que viene a delinquir -asesinos, violadores…- a los que luego no podemos deportar; también hay gente que viene para ser tratada gratis en nuestro sistema sanitario, que nos cuesta millones de libras al año. El sistema de salud y el de vivienda están al borde de la quiebra. Dicen que no hay servicios, casas y empleos suficientes para la clase trabajadora. Y digo yo: ¿tendrá esto algo que ver con dejar entrar a dos millones de inmigrantes? Y hay quien dice que eso no tiene nada que ver…

Freeman: “Pasado el ‘shock’, confío en que Trum sea un buen presidente. Al hombre no le gusta perder… Veremos”

XL. Ese es el argumento de Trump para sostener su política antimigratoria…

Freeman. Sí, ese es el mensaje que ha llevado a Trump a la Casa Blanca. Y algo de eso hay, aunque da la impresión de que este hombre no conoce bien lo que permite y lo que no permite nuestra Constitución. Ya hemos visto que los tribunales le han parado los pies…

Caine. Y eso que vosotros tenéis un gran control sobre quien entra. Yo viví aquí diez años y tuve que hacer miles de trámites y probar que tenía dinero, casa, trabajo; que, si me arruinaba, tenía quien respondiera por mí… Muchas trabas. Pero en Inglaterra cualquiera llega, recibe un subsidio y le pagan la vivienda. No todos, pero muchos se aprovechan de ese sistema. Entiendo que es importante mantener una puerta abierta, pero lo que sucede ahora no puede ser.

XL. A veces da la impresión de que Trump interpretara un papel, un personaje muy elaborado que lo ha llevado al despacho oval. ¿Qué opinan de él como actor?

Caine. Bueno, podría decirse que ha ganado el Oscar, ¿no? [Se ríen]. Pero te diré una cosa, si observas el lenguaje corporal de los seres humanos, cuanto más poderosos y seguros de sí mismos son, menos gestos hacen y más despacio hablan. A medida que bajas en la escala social, la gente habla más rápido y gesticula más. Es el recurso que tienen para que les prestes atención.

Freeman. Trump no responde a ese patrón del poderoso y seguro de sí mismo, desde luego. Gesticula mucho y de forma muy forzada. Son gestos nerviosos. Obama era mucho más comedido.

Caine. Sí, no se le ve muy natural. Es curioso, porque siempre se dice de él que lo es y que suelta lo primero que le viene a la cabeza, pero a mí me parece un hombre muy inseguro.

XL. ¿Y de dónde saca usted esa teoría sobre el lenguaje corporal y el poder?

Caine. ¿Has visto Zulú? En esa película, mi primer gran papel, yo era un oficial británico con mucha autoridad y estudié el lenguaje corporal de los poderosos. Me fijé mucho en el príncipe Philip, que siempre camina con las manos cruzadas a la espalda. La gente le abre las puertas, lo defienden si es atacado…, no necesita tenerlas delante [se ríen]. Además, habla despacio, no levanta la voz y todos le prestan atención. Lo cierto es que resultó un poco contraproducente como modelo para mí. ¡Casi me despiden!

Caine: “Dejé de beber, de salir; no tomo azúcar, sal ni gluten… ¡Igual me muero de tanto cuidarme!”

XL. ¿Y eso?

Caine. Llevábamos dos semanas rodando en África y, después de haber enviado a Paramount algo de material, Stanley Baker -protagonista y productor de la película- recibió el siguiente mensaje: «Despide al actor ese que hace del teniente Bromhead. ¡No sabe qué hacer con sus manos!» [se ríen a carcajadas].

XL. Aquella cinta, sin embargo, fue su gran plataforma de lanzamiento…

Caine. Así es, pero hay gente muy obtusa en este mundillo. Es más, con mi siguiente trabajo The Ipcress file, me pasó otra cosa… Yo era un espía, llevaba gafas y para seducir a una mujer me iba de compras y la invitaba a cenar. Pues, un día, el director recibió un telegrama de la productora. «Nos preocupa el protagonista. hace la compra, cocina y lleva gafas. ¡Parece homosexual!» [más carcajadas]. En fin, era 1965.

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (2)

XL. Usted, señor Freeman, ha sido dos veces presidente de Estados Unidos [Deep impact y Objetivo. La Casa Blanca]. ¿Qué se siente en la piel de alguien tan poderoso?

Freeman. Tampoco diría que he estado en su piel. En todo caso, no debe de ser fácil. Si pienso en los presidentes que ha habido desde mi infancia, liderando al país en todas las guerras y líos en los que nos hemos metido, los imagino despiertos toda la noche dándole vueltas a sus próximas decisiones…

Caine. Oye, entonces fuiste un presidente negro mucho antes que Obama.

Freeman. Sí, claro [se ríen]. Aunque recuerdo que con Deep impact [1998] muchos decían que el país no estaba preparado para un presidente negro…

XL. ¿Interpretar a Mandela fue quizá más enriquecedor?

Freeman. Es que Mandela fue un héroe de verdad, un hombre muy valiente, pero amable y compasivo. Fue muy interesante, pero recrear a una persona real es solo mímica, imitar sus gestos.

Caine. ¿Sabías que hice del presidente sudafricano Frederik de Klerk? ‘Mi’ Mandela fue Sidney Poitier. No sé si te he contado que fuimos a cenar una noche con De Klerk y que, días después, Mandela invitó solo a Sidney, pero a mí no porque… Bueno, da igual. El caso es que, cuando regresó de la cena, me contó: «¿Sabes lo primero que me ha preguntado Mandela?. ‘A qué se dedica, señor Poitier?’» [se ríen]. No sabía quién era.

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (4)

Freeman ha tenido dos esposas y es padre de cuatro hijos de tres madres distintas. Hace dos años sufrió el gran golpe de su vida, cuando su nieta E’Dena Hines [a la derecha] fue asesinada por su novio

XL. Hablando de Poitier, no fue él la primera opción para hacer de chófer en Paseando a Miss Daisy?

Freeman. Sí, es cierto. Yo tenía ya 50 años, estaba en una obra en Nueva York y oí que Bruce Beresford, el director, andaba por allí. Al acabar la función, le pregunté: «Entonces, es mío el papel?». ¿Sabes qué me respondió?. «Es que eres un poco joven» [carcajadas]. Querían a Poitier. Entonces, él rechazó el papel y les dijo: «Mejor contratáis al chaval» [más risas].

XL. El éxito le llegó a usted a los 50…

Freeman. Así es, aunque llevaba ya un par de años haciendo bastante cine. Pero bueno, siempre me las arreglé. Serví en las Fuerzas Aéreas, fui bailarín y trabajé sirviendo hotdogs antes de vivir de la interpretación. Ahí es cuando empecé a ligar [se ríen]. Fui un poco casanova yo…

Caine. ¿Sabes qué? Las chicas fueron lo que me trajo a mí a esta profesión. Un día, con 14 años, vi que la clase de teatro estaba llena de chicas guapísimas y pensé que, si me apuntaba, como yo era bastante zote en esas cuestiones, igual me tocaba hacer una escena romántica y podía besar a alguna [se ríen a carcajadas].

XL. Y usted, señor Caine, ¿qué trabajos realizó antes de dedicarse a esto?

Caine. Envasar mantequilla en una fábrica. Acababa de licenciarme del Ejército, donde estuve de los 18 a los 20 años… No sé si sabe que serví en Corea y que entré en combate. Aquello, por cierto, cambió mi vida. El primer día me dije a mí mismo. «Michael, llegó la hora. echarás a correr en cuanto aparezca el enemigo?». Y no lo hice. El problema es que luego pillé malaria cerebral, me enviaron a casa y pasé 11 días atado a una cama y con calmantes. Casi me muero. Esas dos experiencias me hicieron apreciar la vida como nunca.

Freeman. ¿Y la historia de la mantequilla? ¡Hemos hecho seis películas juntos y no te la he oído contar nunca!

XL. Sí, decía que trabajó con mantequilla justo antes de ser actor…

Caine. Ah, sí, sí. Tenía un jefe, ya mayor, que me dijo. «Muchacho, un joven como tú, sano y fuerte, no debería estar aquí. Dime, ¿no hay nada a lo que te quieras dedicar?». Le dije que quería ser actor, pero que andaba un poco perdido. Mi padre cargaba pescado y mi madre era asistenta, así que eso de ir a la Escuela de Arte Dramático nunca entró en mis planes. Yo aprendí observando a la gente en el metro, en el autobús…

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (4)

XL. Le dijo a su jefe en la fábrica de mantequilla que quería ser actor…

Caine. Sí, entonces, me respondió: «Vamos a ver, chaval. Mi hija es cantante y suele comprar este periódico, The Stage. Cómpralo y mira los anuncios». Respondí a uno que solicitaba un asistente de dirección de escena capaz de hacer pequeños papeles y me cogieron. Primero, una frase; luego, dos, cuatro, ocho; y de repente…

Freeman. De repente eras Michael Caine…

Caine. [Se ríe]. Eso es. Pasé nueve años en pequeños teatros hasta que, un día, actué en el West End. Por fin había llegado hasta allí, estaba feliz y, de pronto, en la primera noche, allí estaba Stanley Baker, productor y protagonista de Zulú. Nunca volví a subirme a un escenario.

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (4)

 «La amo», asegura Caine de Shakira, esta Miss Guayana por la que se obsesionó al verla en un anuncio en 1971. Se casaron en Las Vegas dos años después. Tienen una hija, Natasha, y tres nietos

XL. Esta es, como decían, la sexta película que hacen juntos en los últimos nueve años. ¿Coincidencia?

Caine. Digamos que hay decenas de estrellas jóvenes y atractivas, pero no muchas leyendas de 80 años en el mercado [se ríen].

Freeman. O se han retirado o están enfermos o están muertos… Toca madera.

Caine. Cuando me preguntan si quiero llegar a los cien, cosa que sucede cada vez más [se ríen], siempre respondo que no, que no me lo podré permitir. Tengo un nivel de vida muy alto y algún día dejaré de trabajar. Prefiero morirme a vivir de nuevo en antros como en los que viví de joven. No más grandes que esta habitación. Y la cama en medio.

Freeman. Lo decía Sophie Tucker: «He sido pobre y he sido rica y ser rica es mucho mejor».

Caine. Oh, sí, es muchísimo mejor.

Freeman: “A mí me gustaría vivir para siempre. Soy demasiado curioso para morir”

XL. Y usted, señor Freeman, ¿piensa en esto de llegar a los cien años?

Freeman. A mí me gustaría vivir para siempre. Soy demasiado curioso para morir [sonríe].

Caine. Yo tengo tres nietos. Dejé de beber, de salir; no tomo azúcar ni sal ni gluten; he perdido 14 kilos… Igual me muero de tanto cuidarme, la verdad, pero cada año merece la pena. Miles y Allegra, las gemelas, tienen seis y Taylor, el chico, siete. Me gustaría seguir aquí cuando sean adolescentes.

Morgan Freeman y Michael Caine, personajes, cine (4)

Caine, Freeman y Alan Arkin protagonizan ‘Un golpe con estilo’

XL. Tienen 83 años [Caine] y 79 [Freeman]. ¿Necesitan trabajar para pagar facturas?

Freeman. Oh no, podríamos llevar años retirados, pero es que esto es muy divertido.

Caine. Y nos siguen ofreciendo buenos guiones. En realidad, uno no deja el cine; el cine te deja a ti. Un día, el teléfono deja de sonar y… De todos modos, esto nunca se hace por dinero.

Freeman. Totalmente. Si trabajas por dinero, nunca tienes suficiente. Mira a Trump, es millonario y todavía quiere más. Por eso sigue intentando engañarnos…

XL. ¿Cree que está en la Casa Blanca para ganar más dinero?

Freeman. A ver, yo soy positivo. Voté a Hillary y tras las elecciones sentí que estábamos saltando al abismo, pero, pasado el shock, espero -deseo, más bien- que Trump sea un buen presidente. No tengo miedo. Al hombre no le gusta perder… Ya veremos.

XL. Alguno de ustedes ha perdido algún amigo o se ha distanciado de familiares por diferencias políticas?

Freeman. No. Por dinero sí [se ríen], pero nunca he dejado que la política se metiera tanto en mi vida.

Caine. Yo nunca he sido una persona muy politizada. He votado laborista y conservador; lo más adecuado en cada momento. Voté a Blair, a Cameron, a Maggie Thatcher, pero no a James Callaghan, su predecesor, que aumentó los malditos impuestos en un 82 por ciento. Esa fue la razón por la que pasé diez años en Beverly Hills. Lo cierto es que debo estarle agradecido porque lo pasé de maravilla [se ríen]. Pero, de otro modo, nunca habría dejado Inglaterra.

XL. ¿Echan de menos aquellos tiempos?

Freeman. Pienso más en el presente y en lo que surgirá mañana. Nunca he sido nostálgico.

Caine. Yo tampoco. ¿Quién dijo aquello de: «El pasado es un país extranjero; allí las cosas se hacen de otra manera»? ¿Somerset Maugham?

XL. Es la frase inicial de El mensajero, la gran novela de L. P. Hartley…

Freeman. Una frase muy inteligente, sin duda.

Caine. Te diré otra: «Los nietos llenan un espacio en tu corazón que no sabías que estaba vacío». Es absolutamente cierto. Hay una conexión especial. Si te fijas, ambos tenemos ganas constantes de decirles a los padres: «¡Por favor, ya déjame en paz!». Comparten eso: un enemigo común [carcajadas].

XL. Le sacan 40 años al director de Un golpe con estilo. ¿Aprovecharon su edad y su leyenda para intimidarlo?

Freeman. Oh, sí, sí. Cuanto más mayor, mejor te tratan. A nosotros no nos gusta mucho que nos dirijan y a estos jóvenes les puedes decir: «¡Cállate la boca!» [se ríen]. Ya sabes, no le dices a una leyenda. «A ver, tú, ahora haz tal y tal…». Es más en plan. «Señor Freeman, ¿si no es mucha molestia, podría…?» [se ríen].

Caine. De todos modos, yo siempre he preferido a los directores que te dan libertad. Esto me lo enseñó John Huston rodando El hombre que pudo reinar: «El secreto para dirigir una película es el casting. Si eliges bien a los actores, el resto viene solo». Nunca me dijo lo que tenía que hacer. Con él era en plan: «Si te pagan un montón de pasta por hacer este trabajo, es porque sabes cómo se hace. No necesitas que te diga lo que tienes que hacer» [se ríen].

Freeman. Tenía toda la razón.