Durante tres años, este policía nacional vio crecer a una niña mientras un hombre abusaba de ella y exhibía sus vídeos en la Red. Atrapar a aquel sujeto fue una de las grandes satisfacciones de su carrera. Por Fernando Goitia

No es la única. Al mando de la Sección Contra la Explotación Sexual Infantil en Internet, Luis García lleva 15 años cazando productores, distribuidores y consumidores de pornografía infantil. Un trabajo difícil, pero necesario, que, como él dice, «alguien tiene que hacer».

Sus ojos han visto cosas que él desearía no haber visto. Escenas que perturbarían al mismísimo rey de los hunos. Fotos y vídeos en los que menores, incluso bebés, son sometidos a…, a… Al inspector
Desde 2002, él y sus agentes patrullan los rincones más ocultos y sórdidos de Internet, allí donde pedófilos, pederastas y grupos organizados comercian y comparten unos contenidos tan perturbadores que, admite García, han provocado la “deserción” de varios efectivos. «Nada que objetar -disculpa el inspector jefe de la Sección Contra la Explotación Sexual Infantil en Internet de la Policía Nacional-. Trabajar aquí no es fácil. Pero alguien tiene que hacerlo, no?».

XLSemanal. Además de que usa Internet, ¿existe algún perfil tipo del pederasta al que persiguen?

Luis García. Un perfil, no. La mayoría son hombres, aunque también ha habido alguna mujer. Hay personas de todas las clases sociales. El solitario que vive con la mamá se da con asiduidad, pero no es un perfil; también hay hombres casados, incluso padres que abusan de sus hijos…

XL. ¿Qué pasa después con esos niños?

L.G. Nosotros no trabajamos ese aspecto, claro. Los redirigimos a las Unidades de Familia y Mujer (UFAM) de la Policía Judicial, que son quienes contactan con los Servicios Sociales si es necesario.

XL. ¿Nunca se ha interesado por saber qué le ocurrió a alguno de ellos?

L.G. No tiene sentido que yo haga eso, pero sabes que la vida será difícil para esos niños y niñas. Recuerdo un caso en el que las psicólogas le dijeron a la jueza que, pese a los abusos sufridos, la víctima, una niña, podría desarrollar una vida normal, sin que afectara a su vida sexual, etc. Entonces la jueza les preguntó: «¿Pero han visto ustedes los vídeos?». No los habían visto. La jueza, sí. Pegar a una niña con un cinturón y sodomizarla… ¿Cómo podían decir eso?

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Usted puede denunciar: la Sección cuenta con 16 funcionarios en tres grupos operativos. El Grupo 1 -donde los policías coleccionan los recortes de prensa- recibe denuncias en el e-mail pornografia.infantil@policia.es. También es la conexión con Interpol e investigan casos de ‘grooming’

XL. No sé si quiero escucharle detalles, pero lo cierto es que poca gente imagina lo que algunas personas son capaces de hacerle a un menor; a bebés, incluso…

L.G. Sí, son cosas espeluznantes. No sé, cualquier cosa que… Y, muchas veces, es en directo, en streaming.

XL. Hay contenidos de torturas. ¿Alguna vez han acabado matando al menor?

L.G. Sí, bueno, hace poco, en Filipinas, se ha detectado un clan que se dedica a este tipo de contenidos… Pero yo recuerdo un caso, en colaboración con un país europeo, en el que detuvimos a una pareja, hombre y mujer, que abusaban de una niña de unos tres años que habían sacado de un orfanato. La niña no apareció. Debieron de matarla en alguna de sus… En fin. Hay gente que… No sé, no es normal.

“Admitió haber abusado de más de cien menores. Y presumía. Acabamos todos locos, pensando: ‘Madre mía, cómo puede existir alguien así?'”

XL. ¿Los detenidos alegan trastornos mentales o algún problema psicológico?

L.G. Bueno, es muy difícil que se libren porque siempre hay premeditación: lo hacen a escondidas porque saben que es delito. Graban vídeos, hacen fotos, las comparten o las venden; saben lo que hacen y saben que está mal. Pero yo soy policía, no abogado.

XL. ¿No acaba uno pensando que el ser humano está enfermo?

L.G. Llevo en esto 15 años, piensas que ya nada te sorprende, pero nunca lo has visto todo. El otro día llegó un tema que… Bueno, bueno…, no aguanté ni cinco segundos. Tuve que levantarme.

XL. En febrero, en Madrid, se detuvo a 22 personas; una de ellas era un padre que había abusado de sus hijos de 8 y 13 años a los que, además, pensaba introducir en sus prácticas de sexo en grupo…

L.G. Sí, no es el primero; padres que abusan de sus propios hijos se dan de vez en cuando. Recuerdo a Cool Daddy, que metía a sus hijos en prácticas de sexo con otros niños y que, además, hacía estafas. Había una niña de 3-4 años a la que él…; a su chaval de 8-9 años…; a las hijas de sus parejas y amigas… No sé, ¿qué le pasaba a este hombre por la cabeza? ¡Algo no le tiene que funcionar bien, por Dios!

XL. Usted lleva 15 años aquí. En este tiempo, ¿han pasado bajo su mando agentes que no han podido aguantar?

L.G. Bueno, sí, hemos tenido funcionarios que no quisieron seguir. Un funcionario me dijo que no podía darle un beso a su hija sin pensar en las historias y los vídeos y fotos con los que investigaba. Nada que objetar. Yo lo llevo bien. Y si no lo hacemos nosotros, ¿quién los va a detener? Trabajar aquí no es fácil. Pero alguien tiene que hacerlo, ¿no? Oyes niños llorar, ves imágenes que te perturban, pero no puedes estar vomitando todo el día. Es lo que hay. En todo caso, intentamos crear software, herramientas automatizadas de rastreo e identificación que, en lo posible, nos ahorren la visión de todo el material.

“Hay foros en los que dicen que ser pederasta es una opción sexual más y que algún día se reconocerán sus derechos”

XL. ¿Tienen gabinete de ayuda psicológica para los funcionarios?

L.G. El que lo solicita, por supuesto. Pero, hasta ahora, ha sido: «Me voy. Ya no puedo más». Pides un traslado y cambias de Unidad.

XL. ¿En España se produce porno infantil?

L.G. Tenemos unas 200 investigaciones abiertas y, sí, hay bastantes. Mira, cuando se abrió la Sección, en 2002, nombraron a un nuevo comisario de la Unidad de Investigaciones Tecnológicas, es decir, mi jefe, y me preguntó: «¿Cómo estamos en materia de producción en España?». Llevábamos poco tiempo y le dije que no habíamos visto productores. ¡Para qué dije nada! En cuatro días empezaron a aparecer: Nanysex, Huaralino, Tantalio…

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En la internet profunda: el Grupo 3 tiene línea directa con el FBI, cuerpo puntero contra la pornografía infantil, a través de una oficina virtual. Los miembros de este grupo investigan en la llamada Deep Web

XL. Un inciso, si me permite. La ley que prohíbe en España el intercambio de pornografía infantil en Internet es de 1999. La Sección se abrió en 2002. ¿Qué pasó en esos tres años?

L.G. Es sencillo. En aquellos tiempos la Unidad era muy pequeña -siete personas, creo- y se investigaba de todo: fraudes, estafas, propiedad intelectual, pornografía infantil… En 2002 se vio que la cuestión iba en aumento y se creó una Sección específica. Las leyes también han avanzado. En 2004 se penalizó la posesión, que no era delito; después se tipificó el grooming, el acoso a menores por Internet, y en la última reforma se ha volcado prácticamente el Convenio de Budapest, el gran acuerdo internacional en la materia. Incluso se penalizan los dibujos realistas.

XL. La pederastia y la pedofilia no son algo nuevo, desde luego, pero ¿cómo ha influido la aparición de Internet?

L.G. La Red ha disparado la posesión, producción y distribución de forma exponencial. Antes tenías al pederasta solitario que iba a los parques a acechar o que abusaba de los niños que tenía a su alcance…

XL. Bueno, eso sigue existiendo. Aparecen casos, de hecho, entre ciertos colectivos, silenciados, muchas veces, durante años…

L.G. Desde luego, el culto al cuerpo, al prepúber y al adolescente ya se daba en Grecia y Roma, y siempre se han conocido casos a lo largo de la Historia. En el ámbito policial esto se persigue mucho antes de que existiera Internet, por supuesto, pero nosotros nos ocupamos de la pornografía y la pedofilia que se sirve de las tecnologías. En el tipo de casos que menciona intervienen otras unidades.

“Internet ha disparado el negocio de la pornografía infantil. Recuerdo a un español que, él solito, gastó 32.000 euros. Le hacían vídeos a la carta. Perversiones a su gusto. Eso existe”

XL. Hablaba usted de Internet…

L.G. Sí, le decía que para conseguir material pornográfico antes todo era más difícil, el mercado negro… Hoy, hablamos de crimen organizado. Internet ha disparado la demanda y hay mucha gente a la que no le gusta el sexo con niños, pero sí el dinero. Compran niños o les pagan, o a sus padres, o a los familiares o a gente que tenga acceso a ellos; producen vídeos y fotos, hacen streaming de sexo con menores, crean webs, cuentas bancarias falsas, captan clientes; ofrecen un servicio.

XL. Digamos que Internet ha sacado a los pederastas en masa del armario.

L.G. Bueno, se ha producido un boom, se crean tribus, comunidades pedófilas que les refuerzan a todos; ya no están solos, son muchos y se intercambian material. La Red está plagada de foros pedófilos. Hay instrucciones para abusar de menores, para que los familiares no detecten el abuso, para eludir a la Policía… Hay mucho, mucho.

XL. Una cosa que he leído: «Nuestra orientación sexual es tan normal como cualquiera y ahora está siendo perseguida como en su día lo estuvo también la homosexualidad».

L.G. Sí, hay comunidades que promueven que la pederastia es una opción sexual más y que, como los homosexuales, que han luchado durante muchos años, algún día se reconocerán sus derechos [suspira]. ¡En Holanda llegó a crearse un partido que promocionaba la pedofilia! La gente no puede hacerse una idea de lo que hay por ahí…

XL. A mí, desde luego, todo esto que cuenta me está dejando horrorizado…

L.G. Es un pozo sin fondo. Recuerdo otro caso que nos impresionó mucho, una operación con República Checa, Austria…, rastreando a unas niñas de 10-14 años. Muchas sufrían abusos con consentimiento de los padres, a otras les decían que podían ser modelos y… El caso es que teníamos a un comprador español que, él solito, gastó 32.000 euros. Producían vídeos a la carta para él. Perversiones a su gusto. Eso existe.

“Los padres tienen que enseñar a los niños a estar alerta, inculcarles sentido común. Y los profesores necesitan formación, herramientas para detectar ciertas cosas”

XL. ¿Cuánto gasta un comprador medio?

L.G. Pongamos que una cuarta parte de eso…. Bueno, es difícil decir, pero hablamos de mucho dinero. En Reino Unido hubo una operación contra una red con 7000 clientes solo en ese país; ¡7000 personas que pedían a la carta! ¿Cuántos compradores habrá en todo el mundo? Es un negocio muy rentable.

XL. ¿Es la mayor operación que ha habido?

L.G. No, bueno, esta fue resultado de una que hubo antes en Estados Unidos, en 1999, contra Landslide.com, una web que enlazaba a todo tipo de contenidos de sexo [un enlace, por ejemplo, se llamaba Violaciones de niños, con fotos de padres violando a sus hijos]. Tenía más de 35.000 clientes de varios países en su base de datos y eso derivó en varias operaciones.

XL. Esta es una lucha internacional. ¿La coordinación es fluida?

L.G. Sí. Aquí todas las operaciones son internacionales. En las bases de datos de Interpol y Europol todos subimos las investigaciones y saltan alarmas ante una posible correlación con otro caso en otro país. Acudimos a reuniones y foros, participamos en grupos de identificación de víctimas; somos el noveno país en identificar a víctimas y agresores.

XL. Antes mencionó a Nanysex, detenido en 2005, primer gran caso de la Sección…

L.G. Sí, nos marcó mucho. Todavía me pone los pelos de punta al verlo [abre un dosier en el ordenador con detalles del caso], porque abusar de niños tan pequeños, pues… Fueron ocho meses de angustia, porque tenías muchas ganas de detenerlos. Pero mira, lo que te decía de la colaboración internacional: el caso llegó por Interpol: un vídeo con un bebé en el que se veía un billete de Renfe. Pues averiguamos que se había expendido en la estación de Atocha -para zona B-3 de Cercanías de Madrid- y recorrimos todas las localidades B-3 con la foto del niño: Policía Municipal, guarderías, hospitales… Investigamos todo lo que se veía en el vídeo: un sofá, pues fuimos a visitar tapiceros; un ordenador con eñe en el teclado, pues al fabricante; una toalla del Hospital de La Paz, pues allí nos íbamos.

“Un agente me dijo que no podía darle un beso a su hija sin pensar en las historias, vídeos y fotos que veía. No quiso seguir”

XL. Investigación de la de toda la vida…

L.G. Claro, la base siempre es la misma. Y es muy curioso cómo los casos se relacionan unos con otros, cómo los pederastas y pedófilos forman parte de una red. En este caso recordamos el testimonio de un valenciano detenido por una operación anterior que nos habló de un tal Nanysex que abusaba de bebés. Eso fue clave. Encontramos un rastro en el caché de Google de un mensaje en un foro, analizamos el código fuente, hallamos un e-mail y nos llevó a Murcia, a varios domicilios y a una empresa de instalación de Internet. Un empleado había vivido en Collado Villalba, ¡zona B-3! «A ver si va a ser…». Revisando el vídeo a velocidad ultralenta, vimos que, en un giro de cámara, una milésima de segundo, se le veía. Era él. Fuimos al piso de Collado Villalba. Y allí estaba el sofá y todo lo demás.

XL. ¿Lo detuvieron?

L.G. Todavía no, teníamos que saber quién era el niño, si el sospechoso había alquilado el piso, quiénes eran estas otras dos personas que salen en el vídeo: el que toma la foto, el que le sujeta la boca al niño y el que le introduce el dedo. Entonces, eran este y otros dos tipos -en los foros uno era ‘BL’, iniciales de boy lover, amante de niños-, y resultó que Nanysex vivió allí y había realquilado una habitación a una pareja con un niño. Al final, identificamos a todos, registramos sus domicilios de forma simultánea y los pillamos.

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Sabuesos de pedófilos: los miembros del Grupo 2 son expertos en rastreo por Internet. ‘Patrullan’ las redes P2P, donde está el grueso de la pornografía infantil, o la red Tor (The Onion Router). También se encargan de la conexión con Europol

XL. ¿El matrimonio estaba implicado?

L.G. Al principio eso sospechamos, pero no se pudo demostrar. Eran gente muy humilde y, por lo visto, cuando se iban a trabajar, el bebé se quedaba al cuidado del Nanysex este: «Ah, no te preocupes. Dejadlo conmigo». Luego, uno de los socios, para captar a más niños para abusar de ellos, se ofrecía como canguro a domicilio [muestra el anuncio en el ordenador].

XL. ¡Cobraba tres euros la hora!

L.G. Es evidente que no lo hacía para ganar dinero… En los discos duros hallamos vídeos con siete niños de 1 a 3 años y otros dos de 9 años. Recuerdo que, cuando el tipo estaba confesando, ya todo ufano, presumiendo, su abogado se fue. Que no seguiría asistiéndolo. En comisaría admitió haber abusado de más de cien menores. Acabamos todos locos, pensando: «Madre mía, cómo puede existir alguien así?».

XL. A muchos se les pilla al jactarse de sus delitos. ¿Se confían mucho?

L.G. Sí, sí, por suerte, porque ahí es cuando les pillas enseguida. El delincuente que lleva mucho tiempo ejerciendo se puede relajar y confiar. La sensación de impunidad los pierde.

XL. ¿Siguen encerrados?

L.G. Están condenados a más de 50 años.

XL. ¿Lo celebraron?

L.G. Hombre, tampoco abres champán, pero sientes como que te quitas de encima un peso gigante, aunque sigues trabajando.

XL. Detener a Nanysex les llevó ocho meses de investigaciones. ¿Ha habido casos de mayor duración?

L.G. Sí, claro, la operación Huaralino, que tardamos tres años en cazarlo. Fue angustioso porque veíamos los vídeos de una niña que crecía, abusaban de ella… ¡Tres años! Ves lo que hacen con los niños y sientes que nunca vas a tirar del hilo final; ese decir «casi lo tenemos, casi lo tenemos», pero ahí sigue. Es horrible porque ese material todavía circula por Internet. A veces, me dicen que han encontrado tal vídeo en tal país para que avise a la familia de la niña por si quieren ir al juicio.

XL. ¿Denuncian muchos padres que ven comportamientos sospechosos?

L.G. Sí, las denuncias del grooming llegan así. «¿Qué pasa con mi hijo? Le da miedo salir a la calle. Sacaba buenas notas y de pronto no quiere ni ir al colegio». Lo difícil es asociar «algo pasa» con «lo que pasa es esto». Lo importante es que el menor no se sienta culpable, para que no se encierre.

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Lo que hay que ver: el inspector jefe Luis García muestra imágenes de menores que han sufrido abusos -sus rostros pixelados- en su despacho del complejo policial de Canillas, en Madrid, sede de la Unidad de Investigación Tecnológica, a la que pertenece su Sección

XL. ¿Es usted padre?

L.G. Dos hijas, ya mayorcitas -27 y 20 años-, pero siempre les di mucha tralla con esto. Hay que enseñar a los niños a estar alerta, inculcar sentido común… No sé, si tus padres no te educan de forma adecuada, aumenta el riesgo. En todo caso, cuando hay problemas serios y no los detectas es porque no prestas atención suficiente a tus hijos. Así de claro.

XL. Además de los padres, ¿los profesores también pueden ayudar a prevenir?

L.G. Claro, pero precisan de formación y herramientas para detectar ciertas cosas; que, ante una conducta, un indicio, sospechen que puede ser algo relacionado con todo esto. Es algo que debería estar en el bagaje del formador.

XL. ¿Usted habla de su trabajo con amigos y familia, de las cosas que ve?

L.G. Bueno, me preguntan cuando sale algo en prensa y tampoco doy muchos detalles. Pero digamos que no hablo mucho de mi trabajo fuera de aquí. Aunque con todo lo que he hablado hoy contigo creo que ya lo hemos compensado, ¿no?