Un 4 de septiembre de hace 50 años nacía Les Luthiers, un grupo argentino que crearía un humor nunca visto. Una combinación de juegos de palabras, teatro y música. Por Diego Bagnera / Fotos: Gerardo Horowitz y Carlos Luján

¿La guinda a su tarta de cumpleaños? El Premio Princesa de Asturias, un galardón que, admiten, querían mucho. “¿Y sabés qué? -dicen- Creo que nos lo merecíamos”.

Todo empezó, en realidad en 1965. Un grupo de estudiantes de medicina, derecho o de ingeniería se divertía en el coro de la Universidad de Buenos Aires…

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De izquierda a derecha: Carlos López Puccio, Martín O’Connor, Carlos Núñez Cortés, Marcos Mundstock, Tato Turano, Jorge Maronna

Como en todo grupo, unos se reconocieron rápidamente vibrando en una misma frecuencia de onda y empezaron a hacer lo que no han dejado de hacer en medio siglo: unir canto, palabra, teatro, música y mucho humor para echar unas risas como críos. Antes de ser Les Luthiers, el líder de aquel grupito, Gerardo Masana, compuso la Cantata Laxatón, que ya interpretaban con extravagantes instrumentos inventados por ellos mismos, una de sus principales señas de identidad. No era más que una broma para divertir al público de un concurso de coros. Gustó tanto que empezaron a llevarla por los teatros y, en 1967, sumaron a otros dos miembros y se constituyeron como Les Luthiers, en alusión a la palabra francesa que designa al artesano que fabrica instrumentos musicales.

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Un documento inédito. La primera foto oficial de Les Luthiers. De izda. a dcha.: Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Gerardo Masana (fundador del grupo) y Daniel Rabinovich, en 1967. En 1969, se sumarían Carlos Núñez Cortés y Carlos López Puccio, procedentes de otra agrupación en la que ya habían coincidido años antes, I Musicisti

Desde entonces han diseñado más de 40, todos igual de insólitos, como sacados de la mente de un loco o de un niño. El resultado de lo que crean es de una sencillez pavorosamente compleja que les permite acceder a públicos de todos los niveles culturales, estratos sociales, franjas de edad y latitudes y que les ha permitido realizar más de 4000 actuaciones ante 9 millones de personas… y subiendo. Para celebrar estos ‘primeros’ 50 años, acaban de aterrizar en España, donde presentarán su espectáculo Chist! en una gira que inician el próximo viernes 8 y que coronarán el 21 de octubre en Oviedo con la recepción del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades. Antes de todo este periplo, los entrevistamos en Buenos Aires a seis bandas.

XLSemanal. Para empezar, una pregunta facilita.: ¿cómo definirían su propio humor?

Martín O’Connor. Facilita, dijo. [Ríen].

Carlos López Puccio. Sí, sí. Ya luego podemos pasar tranquilamente a Umberto Eco, Platón, Deleuze…

Marcos Mundstock. [A sus compañeros]. Bueno, podemos definirlo por acumulación, no? Yo, por lo pronto, diría que es un humor que no se parece a ningún otro, muy eficaz, de carcajada, hecho con elementos no habituales para lograrlo, como son las sorpresas que surgen del malabarismo con las palabras y las ideas en un contexto de parodia musical. Es un humor un poco más elaborado, más ‘elevado’.

Carlos Núñez Cortés. El otro día, me preguntaba justamente si existía el término ‘ludolingüismo’; y sí. es un neologismo que denomina una disciplina que estudia cómo aprovechar las características de un idioma para hacer reír. Son chistes basados en juegos de palabras. Los franceses lo llaman ‘calembour’. descubrir una proximidad semántica y una lejanía ortográfica entre dos palabras. Y entonces ahí surge muchas veces el chiste.

Mundstock. No tiene por qué ser solo con palabras. Yo añadiría por eso el malabarismo con las ideas, y con ideas infrecuentes en espectáculos de humor.

López Puccio. Sí, hay una acumulación de factores no habituales que dan como resultado una especie de género ‘novedoso’. Hay humor verbal, conceptual, música, mimo y un aspecto dramático, ya que en realidad hacemos un espectáculo teatral.

O’Connor. Yo creo que el humor de Les Luthiers se caracteriza por ser absolutamente imprevisible, siempre va hacia el lado contrario de lo que la lógica indicaría. Imaginás que va a ir a para allá y pega un viraje hacia el otro lado que sorprende permanentemente; por eso arranca la carcajada.

“Nuestro humor es imprevisible. Imaginás que va a ir para allá y pega un viraje hacia el otro lado. Por eso arranca la carcajada”

XL. ¿Y por qué el esmoquin? ¿Ya sabían hace 50 años que ganarían el Princesa…?

Jorge Maronna. Bueno, está ya desde el inicio porque lo primero que hicimos fue la parodia de un concierto. Usamos por eso lo que, digamos, es el uniforme habitual del músico de concierto.

Mundstock. Sí, y por otro lado -y no digo que esto nos lo hayamos propuesto- es ya como el uniforme blanco del mimo. el esmoquin representa la neutralidad.

Núñez Cortés. Sí, vos lo dijiste una vez, Marcos, y me gustó mucho. El esmoquin es como el ‘no traje’. Es decir. lo usamos también para que de algún modo el público deje de prestar atención a la ropa, para que entienda pronto que la cosa viene por otro lado.

Tato Turano. Pasa lo mismo con la escenografía, que no hay.

Núñez Cortés. Como si actuásemos en pelotas sin estarlo [ríen].

Mundstock. Es, de hecho, lo que nos ha permitido hacer de hombres, mujeres, piratas, niños, curas, sin necesidad de vestuario. El esmoquin es para nosotros como la malla para el bailarín.

LES LUTHIERS MUESTRA LES LUTHIERS PRODUCCION 1987 Y ENSAYO 1987 SALA VERDE DEL COLISEO LES LUTHIERS MUESTRA LES LUTHIERS PRODUCCION COLISEO 1987 Y ENSAYO SALA VERDE MAYO 1987

‘Desde su inicio, Les Luthiers ha perdido a dos de sus miembros. en 1973, al fundador del grupo, Gerardo Masana, y en 2015, a Daniel Rabinovich (aquí, en 1987, en el centro). «Nos queda su entrañable recuerdo y su incomparable aporte a lo que somos y hemos sabido crear entre todos», dicen

XL. ¿Y en estos 50 años han notado muchos cambios en el humor?

López Puccio. Ha cambiado la corrección política, esa aguja que marca lo que es o no políticamente correcto usar para hacer humor. Se han habilitado temas, antes eran inabordables, y a la par ya hay temas con los que no se puede bromear. Con el tema del machismo es muy claro esto que digo.

Mundstock. Sí, en cualquier caso son más los temas que se han habilitado.

López Puccio. ¡Hasta el sexo se puede mencionar! [Ríen].

XL. ¿Y ustedes se marcan líneas rojas?

López Puccio. Sí, siempre. Muy claras. Son difíciles de expresar, pero las tenemos. Nada que pueda herir la sensibilidad de alguien a quien una broma sobre algo puntual que podamos prever que lo herirá es para nosotros humor.

Turano. Empezando por el hecho de que no aludimos a personajes reales. Ese es el primer límite.

Mundstock. Y es por una cuestión de estilo, para que sea universal. Sería muy fácil cargar contra un político real. Bastaría con abrir el periódico.

Maronna. No significa por ello que eludamos temas o que no abordemos desde el humor la figura de un poderoso, solo que lo hacemos siempre desde una perspectiva más universal y menos coyuntural. Pero el tema de los poderosos claro que lo abordamos; por ejemplo, en La comisión, que está en Chist!

O’Connor. Sí, en las entrevistas, da igual dónde nos las hagan, nos preguntan siempre si La comisión nace de todos los casos de corrupción de la actualidad, y no: está escrito hace 20 años. Y no se cambió ni una coma.

López Puccio. Además, si hiciéramos chistes sobre Theresa May, luego tendríamos que adaptarlo a Theresa June, July, August… Ahora sería Theresa September. Es terrible la fragilidad de nuestro humor. [Ríen].

“Tenemos líneas rojas muy claras. No hacemos ninguna broma sobre algo puntual que pueda herir a alguien con nombre y apellido y que podamos prever que lo va a herir”

XL. Y al margen de las propias líneas rojas, ¿creen que se puede hacer humor sobre cualquier cosa?

Núñez Cortés. ¿Sobre el Holocausto, por ejemplo?

O’Connor. A ver. Se puede; de hecho, hay gente que lo hace. Pero uno elige o no hacerlo.

XL. Pero incluso con el caso del Holocausto se puede hacer o un despreciable chiste racista o la película de Roberto Benigni La vida es bella.

Mundstock. Fíjate que yo ni siquiera pude ir a verla.

Núñez Cortés. Sí, me acuerdo cuando se estrenó, que la fui a ver y Marcos dijo: «Yo no pienso verla; con eso no se jode».

Maronna. Pero no jodía Benigni con eso.

Mundstock. Ya, pero para mí ese es uno de esos temas muy dolorosos que, cuando alguien se sube a una tarima para decir algo sobre eso y no dice: «Asesinos, hijos de puta», no me interesa.

XL. Un amigo suele decir que España morirá de humor, que esta moda de transformar la frustración social y la impotencia ante el poder en un meme, un chiste, un audio viral solo hace que las sociedades se lo pongan más fácil a los poderes.

Maronna. Bueno, morirá de humor España o todo el mundo. Es algo universal.

López Puccio. Pero, vamos, a corrupción no nos van a ganar.

O’Connor. Nooo… De ninguna manera.

López Puccio. ¡Además, no lo vamos a permitir! ¡Nosotros, más! [Ríen].

Turano. Es que aquí hemos llegado a tal punto que lo que se llamaba la viveza criolla ya está hasta en el más pequeñito. Ya sabe qué tiene que hacer para joderte. Está todo corrompido. En España están todavía lejos de eso. De verdad.

Mundstock. Lamentablemente, son malos hábitos que se van instalando a lo largo del tiempo, y cuanto más tiempo se fueron instalando sin que hubiera reacción ni antídoto, más tiempo llevará que eso se revierta, si es que algún día se revierte.

Núñez Cortés. Sí, pero no sigamos hablando de esto, a ver si nos retiran el Princesa de Asturias [ríen].

“El esmoquin es como el uniforme blanco del mimo, representa la neutralidad. Lo usamos para que el público deje de prestar atención a la ropa”

XL. Y cómo viven la famosa ‘grieta’ que a lo largo del gobierno de Cristina Kirchner se abrió en Argentina, entre quienes la apoyan aún hoy y quienes no, hasta el punto de enemistar a familias?

Núñez Cortés. Bueno, la llamada ‘grieta’ está, pero estamos todos a un mismo lado… [Ríen]. Así que podemos charlar de cualquier cosa.

personajes, les luthiers, humor, comicos argentinos, premio princesa de asturias, xlsemanal (1)Además del diseño de los instrumentos, el grupo se encarga de la dramaturgia y de la dirección de sus espectáculos. La presente gira por España -Sevilla, Madrid, Salamanca, Mérida- tendrá a su vez el componente especial de ver aún en escena a Carlos Núñez Cortés (sentado), quien, al regresar a Argentina, seguirá en el grupo, pero ya no en los escenarios

XL. Y por parte del público, ¿sintieron algún tipo de demanda para que ustedes se manifestasen en alguna dirección?

Núñez Cortés. Bueno, después de un programa de televisión en el que nos entrevistaron y en el que el presentador sacó el tema político, hubo una minigrieta [en ese programa dejaron claro que no eran kirchneristas]. En las redes sociales apareció gente, fan de Les Luthiers, que empezó a agredirnos y a decir: «Para mí, murieron acá». Así, en ese plan. O incluso quien había comprado su entrada para nuestro espectáculo, la rompió, le hizo una foto y la subió a las redes. Esto ya te da una pauta del fanatismo al que se ha llegado con este tema.

Mundstock. Sí, a mí también me tocó opinar en un programa de radio y hablé en contra de ese gobierno, y los comentarios que siguieron en la redes sociales eran de ese tipo: «Yo, que los quería tanto, que desilusión, que viejos pelotudos, fachas, ricachones…» Es tristísimo. A mí me da mucha pena.

Turano. Sí, en muchos programas nos hacen ya preguntas directas. No es que te saquen el tema y te den espacio para que hables hasta donde quieras hablar. Te acorralan hasta que te posiciones, y tampoco vas a esconder tu opinión.

XL. Qué duro andar midiendo lo que se dice para no ‘ofender’ a algunos espectadores…

Mundstock. No, no, para nada. No nos mordemos la lengua. Ni ahora ni antes, durante el gobierno de Kirchner.

XL. Hablando de grietas en pequeñas y grandes sociedades, tengo entendido que hicieron terapia juntos durante 17 años.

Maronna. Sí, era una terapia del trabajo. Laboral. Terapia de la institución, se llama. La hacíamos con Fernando Ulloa, un reconocido médico psicoanalista de aquí, pero lo que hacíamos no era psicoanálisis. Era una terapia sobre nuestro trabajo y no sobre el inconsciente de cada uno de nosotros.

Mundstock. Claro, el paciente era la institución.

López Puccio. Lo cual no impedía que tuviésemos unas broncas individuales tremendas, ¿no?

O’Connor. Quizá lograron sobrellevarlo todo tanto tiempo gracias a eso.

López Puccio. Totalmente. Estoy convencido de ello.

XL. ¿Y cómo surgió aquello de empezar hacer terapia juntos?

López Puccio. El disparador fue la enfermedad terminal y la muerte de Gerardo Masana, el fundador de Les Luthiers, que murió relativamente pronto. En 1973. Yo creo que fue una sabia decisión que tomamos la de ir juntos a soportar ese momento.

Maronna. Masana era nuestro líder y estaba enfermo desde hacía tiempo. Y nosotros estábamos muy muy conflictivos. La convivencia era muy difícil, había mucha pelea… Y en un momento nos dimos cuenta de que necesitábamos de alguna ayuda externa, porque, si no, no íbamos a durar mucho más tiempo juntos.

XL. ¿El ir y venir a los dos lados del ‘charco’ les permitirá escuchar chistes tanto de argentinos como de españoles. ¿Cuáles les han hecho gracia últimamente a un lado y al otro del océano?

Mundstock. A mí los chistes de gallegos [así llaman en Argentina a los españoles, sean o no de Galicia] me dan mucha bronca. Sí, porque son como poner la estupidez y la maldad en otro lado y en otros. Es bullying. Hasta le encontramos el nombre. Es acoso.

Núñez Cortés. Sí, es un gesto que aparece también en otros sitios. están los chistes de italianos en Suiza, de portugueses en Venezuela, de leperos en España.

Mundstock. Claro, es ese componente de cagarse siempre en otros más débiles o a los que se busca estigmatizar como más débiles, y a mí no me gusta nada.

López Puccio. Sí, son chistes que viven del tópico y lo alimentan. El chiste en sí no importa; se busca más bien instalar la idea de que hay un tipo que para todos, subjetivamente, es o debe ser un idiota. Alguien a quien se busca ponerle una etiqueta, y así, a base de repetirlo a través de un buen chiste, se acaba instalando la idea de que ‘X es igual a idiota’.

O’Connor. Luego, un poco aparte, están los chistes de judíos que los propios judíos cuentan. Solo contables por ellos mismos. Con las demás culturas no suele pasar. Es raro que los gallegos cuenten chistes de gallegos o los argentinos de argentinos.

Núñez Cortés. Bueno, nosotros tenemos un chiste de ‘autobullying‘ en uno de nuestros espectáculos. A ver si sabéis cuál es. [Los otros piensan].

Mundstock. ¿Cuál? ¿El del tango?

Núñez Cortés. ¡Claro! «En cualquier lugar del mundo».

López Puccio. Sí, es durante la presentación de un tango [Me engañaste una vez más, que cantaba el fallecido Daniel Rabinovchi] se dice.

Núñez Cortés. «En cualquier lugar del mundo, suena un tango, y enseguida se levanta un clamor: ‘Cuidado: argentinos.’» [ríen]. Y es un buen chiste. Pero es tolerable porque lo hacemos nosotros. Siempre es uno el que puede permitirse la autocrítica riéndose de sí mismo.

XL. Y qué valor tiene y qué significa para ustedes el Premio Princesa de Asturias.

Núñez Cortés. Nos encantó.

Mundstock. Sí. Nos encantó. Somos bastante escépticos con los premios, pero este sí lo queríamos. Es realmente un premio muy importante a nivel mundial.

Núñez Cortés. Y nos venían nominando desde hacía años. Creo que unos diez ya…

O’Connor. Sí, reconoce, además, no un espectáculo, sino toda una carrera.

XL. Y le han ganado a The New York Times, la Feria del Libro de Guadalajara, a Scorsese…

López Puccio. Sí, eso también es importante: con quién te comparan a nivel mundial. Aun cuando no te elijan, ya te han reconocido. Es, a su vez, el máximo premio al que podríamos aspirar. Lo siguiente es el Nobel y creo que no hay una categoría para nosotros. Yo, además, no lo aceptaría [ríe]. En serio: me parecería un exceso. Y alguna vez me he preguntado si no lo era que nos nominaran al Princesa de Asturias.

Núñez Cortés. Shhh… no digas nada…

López Puccio. No, no, me encanta que nos hayan premiado, ¡por supuesto! Pero, bueno, somos payasos de lujo…

Núñez Cortés. Mirá, yo creo que lo merecemos. Tengo la firme sensación de merecerlo. Absolutamente. Y, fundamentalmente, por los 50 años a lo largo de los cuales venimos haciendo lo que hacemos sin claudicar. Y con una densidad de trabajo y de seriedad y de inteligencia que realmente me hace sentir que lo tenemos merecido. Que, sin duda, hay otras muchas personas e instituciones que deberían ganarlo, pero que también nosotros hemos hecho mucho para merecerlo.

XL. Pues me alegra que lo vivan así; sobre todo, siendo, como ustedes mismos reconocen, en general, bastante escépticos respecto de los premios.

Mundstock. Sí, porque, a partir de cierta altura del prestigio, hay que empezar a tener mucho cuidado con quién, con qué y por qué te premian. Porque empezás a ser presa codiciada de premiadores profesionales…

López Puccio. Sí, sí. Hay premiadores en serie… [Ríen]. Lucran con el premiado para significarse ellos.

Núñez Cortés. Sí, funciona al revés. Como aquella vez que a partir de eso de que Borges vivía siendo candidato al Nobel y nunca se lo daban, alguien tituló: «Otra vez no le dieron el Borges al Nobel» [ríen]. Maravilloso.


El luthier emérito

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Carlos Iraldi (1920-1995) fue inventor, científico, dibujante, escultor y, sobre todo, el principal constructor de gran parte de los insólitos instrumentos de Les Luthiers. En colaboración con Núñez Cortés, construyó los más espectaculares. En la web del grupo (www.lesluthiers.com) puede verse una completa galería de esas creaciones. Tras la muerte de Iraldi, el nuevo Luthier del grupo es Hugo Domínguez.