Madrileño, 47 años. Soy delineante, toco la guitarra y canto, dibujo, hago fotos, escribo poesía… pero me gano la vida como actor. Estreno ‘La niebla y la doncella’, basada en la novela de Lorenzo Silva. Por Virginia Drake / Fotos: Javier Ocaña

XLSemanal. Ha sido militar, policía… y, ahora, guardia civil. ¿Le queda algún cuerpo del orden público por tocar?

Roberto Álamo. ¡Jajaja! Y en la que acabo de rodar soy bombero: no hay más cuerpos, que yo sepa [ríe].

XL. Para envidia de muchos, también fue ‘chico Almodóvar’ (La piel que habito).

R.Á. Sí, pero yo no lo anhelaba como tanta gente, aunque lo hice encantado. Con las cosas de trabajo nunca sueño, no ambiciono nada concreto.

XL. Algún actor más en su familia?

R.Á. Ninguno. Mi mamá era ama de casa y mi papá, butanero: repartía bombonas y lo debió de pasar fatal porque era enorme, fuerte, alto, guapísimo y se movía lentamente. Lo llamaban el Barrenbiti, por Warren Beatty. Tener un butanero así en el barrio debía de ser la hostia. Yo soy bastante feo comparado con mi padre [ríe].

XL. Dice que nunca se imaginó ser actor.

R.Á. Es verdad. Si de niño me hubieran dicho que sería actor, no lo hubiera creído: soy enfermizamente tímido.

XL. Decir eso es un clásico entre actores…

R.Á. ¡Coño, es verdad! [Ríe]. Si hay más de dos personas que no conozco, mi dificultad para relacionarme es grande.

XL. Con el vozarrón que tiene y los papeles de hombre duro que ha hecho, resulta que luego… ¿es un llorón?

R.Á. No tengo nada que ver con un hombre duro. No digo que sea un pastelito, pero me emociono fácil. Soy muy quebradizo, no lo puedo evitar.

XL. Tras su segundo Goya, este es su año…

R.Á. ¡Sin duda! Además de Zona hostil y Es por tu bien, acabo de estrenar La niebla y la doncella, participo en la serie para TVE Estoy vivo, y este verano he rodado Alegría, tristeza, miedo, rabia. ¡Es mi año!

XL. Cuenta que, tras recibir su primer Goya (La gran familia española), le fue fatal.

R.Á. Sí, estuve ocho meses sin trabajo. Me quedé acojonado, creí que se habían olvidado de mí y que no volvería a currar.

XL. ¿Encerró el Goya en un armario?

R.Á. No creo en la maldición de los premios, pero estuve por venderlo para poder comer, te lo juro. Viví de lo que me prestaban mis amigos. Ya tras el segundo Goya (Que Dios nos perdone), no me falta trabajo. La palabra ‘actor’ no va unida a tener dinero; y, la mayoría de las veces, tampoco el éxito.

XL. Así que no es usted un buen partido…

R.Á. ¡Nada! La gente dice que los actores somos especiales… ¿Especiales en qué? Digamos que los actores somos curiosos, gente rara, pero nada más.


Desayuno: al alba, lo esencial

Desayuno Roberto Alamoo

 

«Desayuno sobre las siete con mi chica y mi hijo. Tuesto algo de pan, muy poco, para que quede blando por dentro, y le pongo aceite de oliva. Solo eso. Café? Nunca».