Se llama Óscar San Miguel, firma como ‘Okuda’, y se lo rifan en medio mundo para que lleve a cabo sus intervenciones urbanas. Si no lo conoce, esta es su oportunidad… Por Virginia Drake 

Hay quienes lo descalifican denominándolo ‘grafitero’, pero en las galerías de arte de Los Ángeles y Londres cotiza como artista.

Nació en Cantabria hace 37 años y, a partir de los 15, empezó a pintar letras en las paredes de las fábricas abandonadas. Su nombre artístico: Okuda. Fue mal alumno en el colegio, suspendía seis y siete asignaturas cada curso. Se inició en el grafiti cuando era adolescente, pero su mundo cambió cuando se matriculó en Bellas Artes y empezó a viajar. Sus trabajos se identifican con el llamado ‘street art’, dentro del surrealismo pop; pero Okuda se considera también un renacentista urbano, admirador del Bosco.

“El mercado del arte es un monstruo con normas raras. Estoy en él, pero no me interesa nada”

El espectacular volumen que logra sobre murales planos y el estallido de color son sus marcas de referencia. Con ingentes cantidades de botes de espray, cintas y cúter en mano, realiza trabajos en más de 25 países de los cinco continentes y hay quienes aseguran que está en el top ten del arte urbano. Se lo rifan en París, Londres, Berlín, Nueva York, Denver, Las Vegas, Hong Kong, Shanghái…

XLSemanal. ¿El antes y el después en su carrera podría ser el momento en el que deja de “asaltar” paredes de forma ilegal para trabajar por encargo?

Okuda. Mi evolución ha sido muy lenta a lo largo de 20 años, así que no hay un momento concreto que marque el antes y el después. Mi trabajo ha ido madurando, yo he ido madurando y el street art o grafiti ha madurado también: ahora es arte público. Sin embargo, creo que el cambio más importante se produce cuando, a la vez que estudio en la Universidad, empiezo a viajar. En 2002 asistí en Alemania a un evento de grafiti bastante potente y, a partir de ahí, no he dejado de viajar y de crecer.

XL. Hay quien arranca los trozos de muro pintado y abandonado cuando un autor se convierte en un artista reconocido.

O. Eso se ha puesto de moda con los dibujos de Banksy porque ha sido el primero de los street art en entrar en la burbuja del mercado y porque su obra es, en muchas ocasiones, de dimensiones pequeñas. Además, Banksy tiene el apoyo de Damien Hirst (otro de los artistas urbanos más cotizados, ambos de Bristol) y juntos saben cómo hacer el juego para aumentar el valor de sus trabajos. La mía no la van a poder arrancar porque en la calle no hago obra pequeña; por eso y porque una obra de gran formato le da identidad a la ciudad.
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Uno de sus edificios en Hong Kong: «No hago bocetos porque, con tantos proyectos como tengo, no tendría tiempo libre. Cuando estoy abajo, pienso lo que voy a hacer y me hago un esquema mental; y, cuando subo, lo ejecuto

XL. ¿Qué le aportó licenciarse en Bellas Artes?

O. Cuando llegué a la Universidad, empecé a disfrutar porque estudiaba lo que de verdad me gustaba y aprobaba sin demasiado esfuerzo. Aprendí Historia del Arte y me nutrí de la esencia del surrealismo – es lo que más me ha interesado siempre-sí como conceptos y técnicas esenciales. Mi trabajo tiene mucha relación con el surrealismo, pero también con las culturas mexicanas, asiáticas, indias, africanas…

XL. Sus padres tienen que estar alucinados viendo en lo que se ha transformado su hijo -el grafitero”.

O. Sí, totalmente. Aunque siempre me han apoyado, para ellos ha sido pasar de medio mosqueo a estar muy orgullosos; pero también es cierto que, como me veían dibujar a todas horas, les ha parecido evidente.

XL. ¿En qué momento cambia su nivel de vida?

O. Hubo un punto de inflexión a partir de pintar la iglesia Skate de Llanera, porque llegó a todo el mundo. Entonces empecé a tener muchos proyectos y a vivir muy bien. Estuve un año entero haciendo entrevistas para medios de muchos países, desde Brasil a Indonesia.

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La iglesia de Llanera, en Asturias

XL. La iglesia de Llanera fue desacralizada y convertida en un centro de skate. Después, sus pinturas decoraron tres iglesias más: una en Marruecos, otra en Arkansas y una muy particular en Denver: The International Church of Cannabis, templo de consumición de marihuana. ¿Ha tenido críticas buenas y malísimas por eso?

O. Pues mira, lo que más me ha sorprendido es que no he recibido ninguna crítica por parte de la Iglesia. Me quedo con la reacción de la gente que va a ver mis trabajos, y casi siempre es muy positiva. Porque, al final, lo que hago es dar color a lugares grises. No recuerdo escuchar cosas negativas.

“Yo suspendía todo hasta que llegué a la facultad de Bellas Artes. Descubrí lo que me gustaba y empecé a viajar. No he dejado de crecer desde entonces”

XL. Ya tiene obra en Hollywood y Miami. ¿Los encargos en casa de gente famosa le han servido de plataforma?

O. Puede ser, pero no lo he hecho porque sean actores o cantantes famosos. En el caso de Alicia Keys se da la circunstancia de que su marido, Swizz Beatz (productor musical, DJ y rapero), es uno de los mayores coleccionistas de arte de Estados Unidos, con más de tres mil obras. Me interesaba más pertenecer a esa colección que el hecho de pintar la casa de una cantante tan conocida.

XL. Una vez que entra en la rueda del mercado del arte, participa del capitalismo que tanto critica. ¿Cómo gestiona este tema?

O. Entrar en el mercado del arte te da voz y voto, y la seguridad de que tú y las personas que quieres van a estar bien.

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Una de sus obras en Lieja (Bélgica)

XL. Entonces se aburguesa.

O. Yo no. Me gusta mantener el equilibrio entre ir a Las Vegas a hacer una escultura de gran formato e ir a la India sin cobrar nada y hacer cosas allí, simplemente por ver la sonrisa de la gente. Hago en cada momento lo que quiero y, si me ponen condiciones que no van conmigo, no acepto el proyecto. No necesito nada más de lo que tengo.

XL. Dice que no tiene pareja ni hijos… ¿No quiere compromisos de ningún tipo?

O. Nada, nada; simplemente, me rodeo de gente buena que me quiere. ¡Y ya está! [sonríe] Y eso trae cosas muy positivas, te lo aseguro.

XL. ¿Es un hombre de 37 años sin responsabilidad alguna?

O. La única responsabilidad que siento es la de mantenerme al mismo nivel que tengo ahora, o mayor, y centrarme en mi obra. Vivo en mi nube y me mantengo libre, aunque a nivel económico esté dentro del sistema. Yo no estoy contra el sistema siempre que pueda seguir haciendo lo que me apetece.

XL. Entonces, ¿en qué se sustenta su crítica contra el capitalismo?

O. No es una crítica, yo planteo reflexiones acerca de las cosas que pasan: de cómo el capitalismo se está cargando la naturaleza; de cómo, a su vez, nosotros nos estamos cargando a nosotros mismos por culpa del capitalismo…

“Yo no estoy en contra del sistema siempre que pueda hacer lo que me apetece. No critico el capitalismo, pero reflexiono sobre él”

XL. Pues si eso no es una crítica…

O. No lo es, porque lo hago de una forma metafórica e invito a la reflexión. Lo planteo simplemente para que la gente piense en ello. También pueden quedarse solo con el mensaje positivo de mi trabajo a través del color y no entrar en esas reflexiones.

XL. Lo comparan con Banksy, cuyos dibujos han llegado a venderse por más de un millón de euros. ¿Cree que llegará a ese nivel?

O. Ya has visto que no me muevo por dinero, aunque lógicamente no soy una ONG. Pero hay obras que valen mucho y no son tan buenas, porque el mercado del arte tiene unas estrategias de negocio que hace que se disparen las cotizaciones. No todo lo caro es bueno, y al revés. Una cosa es el mercado del arte -que lo puedo llegar a odiar- y otra cosa es el arte.

En equipo: “Ellos se ocupan de la gestión de mis obras y proyectos en el mercado del arte para que yo sea libre y feliz en mi trabajo”

XL. Pues hace un segundo solo veía ventajas en el mercado del arte.

O. Vamos a ver: pienso que al final es una burbuja extraña, un monstruo raro con normas raras… El arte es una cosa más pura, donde yo me siento bien y donde creo que estoy; y otra cosa es el mercado del arte, en donde también estoy, pero que no me interesa nada. Quizá a mi equipo le interese el mercado más que a mí. Yo prefiero estar más limpio y mantenerme al margen. Mi equipo se ocupa del mercado para que yo sea libre y feliz.

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Okuda con parte del equipo de Ink and Movement, con el que comparte espacio y estudio en Madrid. De izda. a dcha.. Sergio Gómez, Alejandra Kreisler, Zigor Cavero, Óscar Sanz, Ana Llorente y Diego Carnicero

XL. Es curioso que la prensa apenas hable de usted y que, en cambio, su obra esté muy bien considerada a través de las redes.

O. Mi equipo se encarga de todo eso y, de hecho, más del 50 por ciento de mi obra se vende directamente por Internet. La galería tradicional tiene que sufrir un gran cambio porque hoy un artista puede mover a través de la Red él solo su obra, sin necesidad de representantes, marchantes, galeristas u otro tipo de intermediarios. Lo bueno -y lo malo- de Internet es que tú puedes hacerte tu propio marketing y mostrarte al mundo como tú quieres. ¡Esto es la hostia! Eres tú en directo con el que tiene interés por ti. Punto. ¡Es magia!

XL. ¿Tiene miedo a algo?

O. A perder a las personas que quiero. No tanto a la muerte en sí como a que un día ya no esté esta persona o aquella.

XL. ¿Por qué se fue a la India casi dos años?

O. Estuve haciendo una obra para el Instituto Cervantes y hubo bastantes artistas que empezaron a crecer a raíz de un mural que hice allí en 2011. El street art creció en la India a la par que yo hacía mi mural. Eso fue muy interesante.

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Su madre y su hermana realizan los tapices que Okuda dibuja. «Mi madre hace tapices cuando le apetece. Yo le doy a mis padres todo lo que necesitan. Fue muy bonito poder comprarles una buena casa con jardín. Se merecían eso y más. Mis padres me dan mucha energía»

XL. Su agenda es, fundamentalmente, internacional. ¿Se siente malquerido aquí?

O. Por la gente, no. Además, la gente de Madrid es muy guay. Ya me van saliendo cositas en mi país. Me gusta vivir el tiempo que puedo aquí, porque la luz de Madrid es increíble -no la tiene ni Berlín ni Nueva York, que son dos ciudades que me encantan-, porque su cielo siempre es azul; y porque, a nivel económico, puedo mantener un estudio así y una casa como la que tengo…

XL. ¿Le interesa la política?

O. No, porque todo lo que veo de los políticos es nefasto.

XL. ¿Y los nuevos partidos?

O. Tampoco me interesan. Los veo muy iguales a lo de siempre. La última vez ni siquiera voté. Me pareció todo una broma.

XL. Tiene entre manos la construcción de la falla del Ayuntamiento de Valencia. ¿Va a soportar ver arder su obra en 3D, elaborada durante más de un año?

O. Esa sensación no la he vivido nunca y todavía no sé qué voy a sentir. Voy a tener que pasar antes por el proceso de convertirme un poco en valenciano para poder entenderlo.

“La galería tradicional tiene que sufrir un gran cambio. Hoy el artista puede mover su obra en la red sin intermediarios. ¡Es magia!”

XL. Para terminar, ¿qué le gustaría hacer en España?

O. Estoy deseando pasar cuatro meses seguidos, aquí en Madrid, para realizar un lienzo de cinco por cuatro metros con miles de detalles, inspirándome en El jardín de las delicias. Y también me gustaría hacer algo en el Centro Botín de Santander, porque me parece un espacio precioso; o en el Palacio de la Magdalena, aunque ahí no sé si me dejarían [ríe].

La buena vida

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«Para mí, el lujo es poder viajar por trabajo a 20 países cada año o tener unos días libres en Tahití. Vivo en un ático con terraza en Madrid, lo que siempre había soñado. No tengo coche, ni siquiera tengo carné. Me muevo en bici. Y vengo de familia con restaurante, así que me encanta comer bien, pero me gusta cocinar en casa».