El mundo del arte admira a este francés. Llevó el Metropolitan al siglo XXI y ahora, a los 81 años, afronta el reto de convertir la Hispanic Society de Nueva York en un museo de referencia. Por María de la Peña Fdz-Nespral / Fotos: Hispanic Society

Al mando de la mayor institución de arte español fuera de nuestro país, recoge esta semana en Oviedo el Premio Princesa de Asturias.

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España en Nueva York: La sede de la Hispanic Society, en Manhattan, es un edificio neoclásico en Broadway Avenue, entre las calles 155 y 156

Es uno de los personajes más influyentes en el mundo de los museos. Ha estado 31 años al frente del Metropolitan de Nueva York, y desde 2015 es el gran motor del cambio en la Hispanic Society of America, el salvavidas de una institución que atesora la mayor colección de arte español fuera de nuestro país, pero que pocos conocen. A sus 81 años, no le asustan los retos y, aunque reconoce que no será fácil, se ha propuesto restituir la importancia que merece el museo neoyorquino que fundó el gran mecenas e hispanista Archer Huntington en 1904 y que incluye algunos de los mejores Velázquez, Goya o el Greco. La institución recibe la semana que viene el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional.

De noble familia francesa, con una refinada presencia física y un timbre de voz igual de elegante, a nadie se le escapa su habilidad para recaudar fondos, otro de los retos “inevitables” que tiene por delante para financiar las obras de remodelación de la Hispanic Society. Más allá de su capacidad de seducción, que puede desplegar en cinco idiomas, Montebello es un gran amante del arte español. « Cómo puede ser que un museo con tres grandes Velázquez no se conozca? ¡El Museo del Louvre no tiene ninguno!», subraya.

XLSemanal. La Hispanic Society lo contrató para presidir su patronato como «fichaje estrella» para revitalizar una institución en crisis desde hace tiempo…

Philippe de Montebello. Estoy lleno de ambiciones. Va a ser una gran lucha, pero necesaria. Es una gran institución.

XL. ¿Por qué cree que se lo ofrecieron?

P.M. Tengo experiencia en el mundo de los museos y un interés manifiesto en el arte español. Supongo que también porque mi reputación no es mala. Y porque da credibilidad y prestigio que la persona que dirigió el Metropolitan durante 30 años presida el patronato.

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El greco: El pintor cretense hizo dos versiones de La Piedad. Este óleo sobre tabla lo pintó durante su estancia en Roma (1571-1576)

XL. Y, personalmente, ¿por qué aceptó? El tiempo no parece sobrarle…

P.M. Probablemente porque no tenía nada más que hacer… [se ríe irónicamente]. Acepté porque me gustan los retos, porque siempre pensé que la institución necesitaba tener mayor visibilidad y que yo podía ayudar a conseguirlo.

“Cuando dejé el Metropolitan teía 70 años, hijos, nietos, muchas vidas por vivir… pero tengo terror al ocio”

XL. El Princesa de Asturias es un espaldarazo a su apoyo como embajador de la cultura española en Estados Unidos.

P.M. Sí, es un gran honor. La Hispanic Society es, de largo, el más importante depósito de material de estudio, de cartas, manuscritos, librería y obras de arte de la península ibérica y Latinoamérica fuera de España. No hay una institución parecida.

XL. ¿A qué se debe su interés por la cultura española?

P.M. Siempre me han apasionado el arte español y España. Soy miembro de honor del patronato del Museo del Prado; hice exposiciones de arte español cuando estuve en el Metropolitan: la primera de Zurbarán celebrada en América, también la primera de Velázquez…

XL. ¿La Hispanic Society es un tesoro olvidado en Nueva York?

P.M. Olvidado y desconocido. Ha languidecido en la oscuridad.

XL. Tiene un gran reto por delante. No parece fácil dar a conocer una institución que lleva tantos años en la sombra.

P.M. Pocas cosas en la vida son fáciles. Espero tener éxito; nos llevará tiempo y una parte considerable de recaudación de fondos, porque en este mundo no se consigue nada sin dinero.

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Un Velázquez… Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, uno de los primeros retratos cortesanos de Velázquez

XL. Durante su mandato en el Metropolitan, el presupuesto creció astronómicamente. En la Hispanic Society debe conseguir fondos para la remodelación (ya dispone de 15 millones de dólares).

P.M. Es inevitable y no es divertido. Debes pedir grandes cantidades a gente que consideras amiga y no quieres que acaben por ignorarte porque llamas para pedir dinero. Pero si estás seguro y eres convincente sobre por qué es importante ese dinero tienes éxito.

XL. Las obras del edificio empezaron en enero. ¿En qué fase están?

P.M. En la más cara y menos sexy [se ríe]. la reconstrucción del tejado y el nuevo techo de cristal. Cuando no se toca un tejado en cien años, salen goteras. Seguiremos con un nuevo sistema de iluminación y, sobre todo, espacio para salas de exposiciones que serán el motor del museo.

XL. ¿Cómo se puede modernizar, más allá de las obras, una institución centenaria que apenas ha sido actualizada?

P.M. La Hispanic Society tiene su propia personalidad, su propia aura y no queremos cambiar y ser un cubo blanco. Queremos seguir siendo diferentes; las obras están expuestas de otra forma, porque es el legado de Archer Huntington y así es cómo quería que fuese el museo.

XL. La ubicación del edificio, al norte de Manhattan, lejos de los principales museos, tampoco ayuda.

P.M. Probablemente por eso Berlín construyó la Isla de los Museos, cerca unos de otros. Pero, una vez que la gente esté familiarizada, tengamos exposiciones y las obras estén mejor expuestas, habrá una gran diferencia.

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… y otro más: El genio sevillano pintó en Roma al cardenal Camillo Astalli y a una larga serie de prominentes romanos

XL. ¿Incorporar arte contemporáneo puede ayudar a atraer público?

P.M. La colección de la Hispanic Society acaba en Sorolla, no tiene apenas arte del siglo XX, pero no hay razón para no construir diálogos entre lo antiguo y lo nuevo. No veo inconveniente en pedir a un artista contemporáneo que exponga sus obras en conversación con las antiguas. Es una forma muy legítima de acercar el museo a nuestros días.

“Estoy lleno de ambición. Va a ser una gran lucha. Este museo ha languidecido en la oscuridad. Es un reto”

XL. No obstante, es usted un ferviente defensor del arte antiguo y su vigencia.

P.M. Sí. Los seis millones de visitantes del Metropolitan no van a ver arte contemporáneo porque hay muy poco. Llegan a ver el arte de Egipto, Grecia o Roma. El arte del pasado sigue siendo fascinante. El Louvre tiene diez millones de visitantes; el Prado, tres…

XL. El número de coleccionistas de arte antiguo, sin embargo, es cada vez menor.

P.M. Es por la disponibilidad. El arte del presente es una mercancía en crecimiento y el del pasado es cada vez más escaso. Además, coleccionar antigüedades o maestros antiguos es difícil porque mucho está protegido por la Unesco o por todo tipo de leyes. Además, la gente está muy focalizada en el arte contemporáneo porque es donde está el dinero, lo que interesa a la prensa.

XL. ¿Por qué el arte es necesario?

P.M. Es un refugio. Andar por un museo como el Metropolitan, el Louvre o el Prado es un paso atrás en el tiempo, pero también un paso adelante en cuanto a que es lo mejor que ha producido el ser humano a lo largo de los siglos. Es estar frente a una sensibilidad más elevada que la tuya y aprendiendo también, porque estos objetos son la memoria del hombre.

XL. La prensa estadounidense habla de convulsión en el Metropolitan. Los expertos observan atónitos la pérdida de rumbo de su mejor museo tras tres décadas bajo su dirección. ¿Qué opina?

P.M. Lo siento mucho, pero no voy a hablar del Metropolitan. Me ha traído ya demasiados problemas hablar de él.

XL. ¿Quiénes son los Huntington de hoy? Hombres tan apasionados por la cultura, por el coleccionismo…

P.M. No sé. ¿Dónde colocas a Pinault, Arnault…? La diferencia quizá sea que Huntington no coleccionaba tanto arte de su tiempo. El mundo cambia.

XL. ¿Cuál es hoy en día la principal misión de los museos?

P.M. Más allá de todas las distracciones que contienen -cafetería, auditorio, tienda…-, es ser grandes librerías de arte para la posteridad. Y uno de sus crecientes papeles es el de la interpretación, la educación de sus colecciones. Es vital. Y el uso de la tecnología para proporcionar información y hacerlos más accesibles.

XL. Hay varias clases de visitantes. Los turistas que quieren ver lo máximo posible y el visitante de una ciudad con un museo como el Prado. ¿Qué le recomendaría a ese ciudadano que tiene un gran museo en su lugar de residencia?

P.M. Que fuera a menudo y viera pocas cosas a la vez. Si vives en Nueva York, ve un día el arte egipcio, otro día el arte español del siglo XVII, el Siglo de Oro… Aunque no hay una forma perfecta de visitar un museo.

“Buscar fondos no es divertido. No quieres que los amigos acaben por ignorarte porque llamas para pedir dinero”

XL. Se fue del Metropolitan, entre otras razones, porque quería más tiempo libre. Es paradójico porque ahora ¡no para!

P.M. Sí, tengo menos tiempo que nunca. Tengo citas desde primera hora de la mañana hasta la noche. Viajo, doy conferencias, soy consejero en una película de arte islámico, doy clases en la New York University… Cuando me fui del Metropolitan tenía 70 años. Tengo hijos, nietos, muchas vidas que quería vivir de otra forma. Hay momentos en los que hay que cambiar.

XL. ¿A qué se debe su hiperactividad?

P.M. A que tengo terror al ocio.

XL. ¿Cómo?

P.M. ¡Me gusta demasiado! [Se ríe]. Debo tener mucho cuidado.

XL. Es admirable su forma física y su energía a los 81 años.

P.M. La edad es relativa. Henry Kissinger sigue escribiendo libros y tiene más de 90 años. Tiziano pintaba cuando era muy mayor. Tengo mis problemas físicos, mi espalda, pero por suerte sigo teniendo bien mi cabeza.

Siempre en lo más alto Tras 31 años al frente del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, Montebello preside la Hispanic Society, también en Manhattan. «Soy un apasionado del arte español», dice.

Juan Vespucci
Este Mapamundi, de Juan Vespucci, que trabajó para la Corona española, muestra la extensión del imperio de Carlos V en 1526.

El fundador

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Archer Milton Huntington fundó en 1904 la Hispanic Society of America, el gran sueño de su vida. Hijo de un magnate del transporte, dedicó su juventud a viajar con la bendición paterna. Fascinado en México y España por la cultura hispánica, comenzó a coleccionar obras del Greco, Zurbarán, Velázquez, Goya, Sorolla y muchos otros, además de esculturas y cerámicas españolas, mientras acumulaba una biblioteca con más de 15.000 volúmenes anteriores al año 1700, germen de su museo.