Donostiarra del 69 y autora de la exitosa ‘Trilogía de Baztán’. Con su última novela, ‘Todo esto te daré’, ganó el Premio Planeta el año pasado, lleva 19 ediciones en nuestro país y ya ha sido traducida a más de 20 lenguas. Por Daniel Méndez

XLSemanal. ¿Dónde estaba usted y qué hacía en 1987?

Dolores Redondo. Tenía 18 años y estaba muy cabreada. Muy peleona. Mi padre es marino y yo fui a apuntarme a la escuela media de pesca. ¡Y no me dejaron por ser chica! Afortunadamente, esas cosas han cambiado.

XL. ¿Qué grandes hechos recuerda de estas décadas?

D.R. La aparición del sida y el pánico inicial; el terror de la gente a tocarse, abrazarse. También recuerdo con mucho alivio el momento en que se convirtió en una enfermedad crónica y todo se empezó a tranquilizar.

XL. ¿La mejor noticia?

D.R. El fin de la lucha armada de ETA. Yo soy donostiarra y fue algo muy especial. Celebré mucho el fin definitivo. ¡Y lo sigo celebrando! Fue un gran éxito de nuestra sociedad.

XL. ¿Y la peor?

D.R. El terror en casa. Los malos tratos dentro del hogar, ya sea a ancianos, hombres, mujeres, niños.

XL. ¿Cómo estaremos dentro de 30 años?

D.R. Mejor. La gente está muy preocupada porque sus hijos sean buena gente, equilibrados. Se está poniendo una buena semilla para el futuro. ¡Aunque habría que regarla más! Más riego y más abono.

XL. ¿Quién le ha influido más durante estos años?

D.R. Mi vida no sería igual sin mis hijos. Si no estuvieran, no habría tomado muchas decisiones que he tomado y me habría perdido muchas cosas.

XL. ¿Qué momento de su carrera destacaría?

D.R. Cuando recibí la primera carta de rechazo de una editorial. Todavía la tengo. Aunque hubo muchas más después de esa, claro.

XL. ¿Se imaginaba a sí misma en el lugar en que está ahora?

D.R. No con esta claridad. Pero creo que todas las cosas hay que soñarlas para que ocurran. Si no eres capaz de proyectarlo, no va a ocurrir. Y yo soñaba y trabajaba en esta dirección.

Un mensaje para los lectores

«Me gustaría que se quedaran con el optimismo: vamos a hacerlo mejor cada vez. No hay que ceder a la desesperanza. Hay mucha gente haciendo cosas buenas. Aunque lo hagan en silencio, están ahí»