Incansable a los 82 años, Rafael Canogar sigue siendo uno de los artistas abstractos más importantes de Europa. Creador de nuestra portada, charlamos con él sobre arte y una sociedad que le cuesta entender. Por María de la Peña Fernández-Nespral

Empezó a pintar con 14 años y enseguida supo que lo suyo era ser artista. Sus padres se lo desaconsejaron porque le decían que se moriría de hambre. Pero su fuerte convicción lo llevó con apenas 20 años a fundar el grupo El Paso con otros artistas como Manolo Millares o Antonio Saura. Su reconocimiento internacional fue inmediato, a pesar de su juventud. Han pasado casi 70 años desde que se formó en el estudio del pintor Daniel Vázquez Díaz en la madrileña calle de María de Molina y sigue siendo uno de los artistas abstractos más importantes de Europa. No ha dejado de trabajar un solo día.

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Rafael Canogar en los años sesenta

Rafael Canogar, incansable a sus 82 años y con la misma ilusión de siempre por pintar, acaba de recibir un premio e inaugurar una exposición en China. Nos recibe en su estudio, donde ha producido Médula, la obra gráfica con la que rinde homenaje a los 30 años de XLSemanal, una serigrafía que refleja la serenidad de su última etapa. En esta entrevista aprovecha para volver la vista atrás, analizar la evolución de la pintura y también la de una sociedad que le cuesta entender.

XLSemanal. La obra Médula, que ha producido para el 30.º aniversario de la revista, se enmarca en el último periodo de su obra. Hay una clara vuelta a una pintura más esencial. ¿Por qué?

Rafael Canogar. Llega un momento en que, después de dominar lo que estabas haciendo (entre 1995 y 2009), necesitas renovarte. He retornado a la forma de pintar que en los principios de mis abstracciones, en los años cincuenta, me interesó. Con los mínimos medios en juego: óleo sobre tela u otra superficie y nada más. Soy muy intenso, produzco mucho y necesitaba volver a esa pureza.

XL. ¿Qué busca con esa simplicidad?

R.C. Quizá imágenes más transcendentes, que puedan reproducir el deseo de espiritualidad o de belleza más que una cosa o un momento concreto. A mí me enamoró de mi primera etapa de abstracción informalista esa esencialidad, cómo fosilizar un instante. A través de esta obra, arrastrando el color, con ese trazo sin vuelta atrás, se refleja esa búsqueda de la esencialidad.

XL. ¿Qué ha querido transmitir con la obra dedicada a XLSemanal?

R.C. Yo quiero dejar mi huella en el tiempo que me ha tocado vivir. Muchas veces, la gente dice al mirar una obra que no la entiende. Picasso decía: «¿Hace falta entender una flor? No, está ahí para adornar nuestra vida». Yo quiero que sea bella y que exprese un gesto de libertad al mismo tiempo.

XL. Desde luego, su obra hay que entenderla en su conjunto, con todas sus etapas, siempre investigando y arriesgando. ¿Cree que ha pasado suficiente tiempo para analizar la importancia del grupo El Paso (1957), del que por cierto fue el más joven?

R.C. Sí. Fui el más joven y tenía complejo de niño. Me llegué a poner un año más para llegar a los 20. Lo que ocurrió en los cincuenta y sesenta fue importantísimo; el mundo se sorprendió de ver a un grupo de artistas con una gran personalidad y una puntualidad estética, pero quizá eso se abandonó en un momento fundamental por buscar siempre la novedad. Puede que no se trate de hacer siempre algo que no haya hecho nunca nadie, sino de hacer buena pintura…

XL. Es lo que usted quiere reivindicar, ¿el oficio de la pintura?

R.C. Yo reivindico el acto íntimo del artista frente a la tela en la soledad de un estudio. Ahora, ya casi nadie pinta porque en las escuelas de Bellas Artes se enseñan nuevas tecnologías, nuevas herramientas, que por supuesto son fundamentales también. He trabajado en muchas cosas, he cambiado mucho, pero yo quiero volver a la pintura, a esa forma de expresar desde las vísceras hacia el exterior, para comunicarme de una forma muy muy auténtica.

XL. ¿Cómo cree que ha sido la evolución del arte en estos 30 años?

R.C. Hace 30 o 40 años, el arte español ocupaba un lugar más prominente que ahora. Matar al padre es una constante en el hombre; primero quisieron matarnos a los de la generación de los años cincuenta, después han venido otros que han querido hacer tabla rasa, pero yo creo que España es un país de creación, con una civilización muy antigua y eso siempre da un poso cultural. En la plástica es un momento complicado porque hay muchas propuestas, con posiciones muy militantes, muy destructivas hacia el otro. Pero al mismo tiempo es muy interesante y ahora hay mucho más apoyo a los artistas.

XL. Interesante, por ejemplo, es la obra de su hijo Daniel, que pertenece a la generación de artistas que utilizan esas nuevas herramientas de las que hablaba. Y su éxito internacional es extraordinario. ¡Qué orgullo!

R.C. Me siento muy orgulloso. Me gusta mucho lo que hace porque recicla cosas que la tecnología ha dejado inservibles y les da una nueva vida. Esa posición me interesa.

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XL. Tres de sus cuatro hijos son artistas.

R.C. Les gusta mucho el arte a los cuatro, también al pequeño, que es matemático. Han tenido en mí, más que un padre, un compañero que los ha apoyado siempre en lo que han hecho. Cuando cumplí 80 años, me hicieron un vídeo que fue muy bonito. Me gustaría que se mantuviese siempre ese espíritu de camaradería con ellos.

XL. ¿Cómo ve la sociedad que deja a sus hijos?

R.C. Para mí es muy duro entender la sociedad de hoy. En los años cincuenta soñaba con una democracia, una libertad, pero hay muchas cosas de esa democracia que no me gustan nada.

XL. ¿Qué no le gusta?

R.C. El destrozo de una convivencia. Sufro mucho con lo que está ocurriendo en Cataluña. Las bestialidades que dicen, gastándose el dinero de todos los españoles en una aventura sin salida. Hay gente que dice que ya no lee la prensa, que no quieren saber nada, pero yo no puedo. Me gustaría entender el mundo, pero lo paso mal.

XL. Este verano se celebró una retrospectiva suya en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada y, menos dos obras, todas pertenecían a su colección. ¿Atesora muchas de sus obras y de otros?

R.C. Vendí tanto en los años sesenta y setenta que, de mi época informalista, no me quedaban cuadros, y por eso compro obras mías. Y soy coleccionista, pero no me gusta demasiado que se sepa.

“Soñé con una democracia que ahora tiene muchas cosas que no me gustan nada, como el destrozo de la convivencia”

XL. ¿Ha comprado algo en la última edición de Arco?

R.C. Este año no porque voy a intentar limitarme. Tengo tantas obras que no sé ni dónde meterlas. Incluso tengo una escultura que está aún sin desembalar y me sirve para apoyar cuadros. Esas obras a lo mejor no las veo, pero sé que las poseo y me gusta que estén ahí.

XL. ¿Sigue trabajando tanto? ¿Cuántas horas pasa en el estudio?

R.C. Ahora estoy trabajando en cinco o seis cuadros al mismo tiempo. Desayuno y voy al estudio sobre las diez. Tengo una costumbre, que es desayunar y leer el periódico en la cama. Lo he hecho desde pequeño gracias a mi madre, que me lo llevaba todas las mañanas, y ahora lo hago con mi mujer. Como aquí también. Me traigo la comida de casa para no engordar y sobre las seis o las siete me voy a casa.

XL. Ya se entiende su forma física a los 82 años… ¿Algún otro secreto para estar tan joven?

R.C. Debería venir andando, pero siempre voy con prisa. El estudio es mi gimnasio. Tiene tres plantas y ¡bajo y subo sin parar!

XL. Vive cerca del Retiro y del paseo del Arte. ¿Tiene tiempo para ver exposiciones?

R.C. Tengo poco tiempo, pero, cuando podemos, mi mujer y yo vamos al Prado todos los domingos.

“Cuando me preguntan cuáles son mis mejores cuadros, yo contesto que son los que no están pintados todavía”

XL. ¿Y al Reina Sofía? Le dedicó una exposición en 2001.

R.C. Voy poco, a pesar de estar cerca. Yo sé que muchos artistas lo critican por no hacer suficientes exposiciones de artistas españoles. Estoy de acuerdo en parte. El visitante espera ver arte español y a veces ves mucho más arte extranjero que español. Pero es un museo muy importante, con una colección fabulosa.

XL. Aparte de su admiración por los clásicos, ¿son Picasso y Miró los dos artistas que más le han influido?

R.C. Sí, efectivamente. A Picasso no lo conocí, pero a Miró sí. Vino especialmente desde Palma de Mallorca cuando el grupo El Paso hizo una exposición en Barcelona en el año 58 y cenamos juntos. Gracias a él se organizó una exposición nuestra en la Galería Pierre Matisse de Nueva York. Fue un hombre muy generoso, una bellísima persona y un gran pintor. Yo siempre lo he admirado muchísimo.

XL. Ha dicho que la intuición ha sido importante en su vida, que le ha servido de guía para no dudar a la hora de enfrentarse a una nueva etapa de su producción; para creer en sí mismo. ¿Cuál es ahora su estado anímico?

R.C. Estoy tranquilo y satisfecho. Y cuando me preguntan cuáles son mis mejores cuadros, yo contesto que son los que no están pintados todavía.

ASÍ SE HIZO NUESTRA PORTADA

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Rafael Canogar ha creado, para celebrar el 30º aniversario de XLSemanal, la obra titulada Médula, una serigrafía a cinco colores sobre papel.

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El fondo rojo de la gráfica es muy característico de la obra de Canogar y ha sido concebido como nota de atención, pues según él una portada tiene que ser siempre una imagen potente. Realizó esta gráfica tras descartar otras dos. «Me ha costado mucho trabajo, incluso horas de sueño», admite el artista. «La obra tiene que pasar por un impresor y hasta que no ves el resultado sufres», añade. Canogar describe la imagen como una especie de trazo, de huella vertical que, como partitura, quiere dejar su presencia en la nervadura de su sintética estructura.

personajes, rafael canogar, arte, serigrafia, portada 30 aniversario xlsemanal‘Médula’, 2017. Serigrafía a cinco colores / Tamaño: 66,5 x 55 cm / Papel Fabriano acuarela, 300 g / Tiraje: 30 ejemplares / Impresor: Pepe Herrera Taller Gráfico / Editor: XLSemanal