La gran directora española también está de celebración. Se cumplen 30 años del rodaje de su primer largometraje. Por Virginia Drake

Le hemos pedido que eche la vista atrás y nos cuente cómo ha cambiado la situación de la mujer en estos años.

A Isabel Coixet (Barcelona, 1960) le regalaron por su primera comunión una cámara de cine de 8 mm. Se puede decir que entonces comenzó a desarrollarse la gran pasión que la llevaría a lograr seis premios Goya a lo largo de su carrera.

Se licenció en Historia, porque en los ochenta todavía no había escuelas de cine en España. Comenzó a trabajar en una agencia de publicidad, y justo hace ahora 30 años, en 1987, empezó a rodar su primer largometraje, Demasiado viejo para morir joven.

Por sus películas y documentales, siempre comprometidos, es considerada como la gran directora española de cine intimista. Con ella repasamos el cambio social experimentado en la situación de la mujer en estas décadas.

XLSemanal. Cuando nació nuestra revista, Isabel Coixet tenía 27 años. ¿Cómo era aquella sociedad para las mujeres?

Isabel Coixet. Siempre tuve claro que ser mujer era llevar una mochila más.

XL. ¿En qué momento profesional se encontraba?

I.C. Estaba a punto de rodar mi primer largometraje. En España había una legislación muy avanzada gracias a Pilar Miró. Ella impulsó una ley para favorecer las óperas primas y muchas mujeres tuvieron su oportunidad. En aquellos años, 18 mujeres rodaron su primera película.

XL. Entonces fue una buena década para las directoras de cine.

I.C. Sí, pero el problema es que, 30 años después, de esas 18 mujeres casi solo quedo yo en activo.

XL. ¿Cuál es la explicación?

I.C. Hay un retroceso y no solo en el cine. Hace 30 años, cuando trabajaba en publicidad, había muchas mujeres creativas en puestos de responsabilidad; pero, 15 años después, fue abandonando la mayoría.

XL. Sin embargo, la incorporación al mundo laboral ha sido progresiva.

I.C. Pero no en determinados puestos. Las mujeres no llegaron a ocupar puestos de responsabilidad.

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XL. Pero se han roto techos de cristal.

I.C. No tantos. Yo soy cero discursos porque me aburren lo más, pero voy a poner un ejemplo. 10 años después de debutar, rodé mi tercera película, A los que aman, mi hija tenía seis meses y mis padres me acompañaron a los rodajes para hacerse cargo de ella. La sensación de culpabilidad que tenía al volver al hotel era tremenda, porque yo seguía trabajando en el cuarto y mi hija se aferraba a mí. ¿Qué director del mundo tiene que pasar por esto?

XL. ¿No avanzamos en conciliación?

I.C. Diría que nada. Yo pude seguir dirigiendo gracias a mi madre. En todas las entrevistas, me siguen preguntando mi edad y la manera en que concilio. ¿Le preguntan eso a un hombre? Conozco mujeres jóvenes en muchos campos profesionales que posponen la maternidad porque ven cómo es la vida y que, cuando tienen hijos, van de cabeza. Las que llegan a puestos de responsabilidad han tenido que renunciar a muchas cosas y están dispuestas a soportar los reproches que les hacen por ello. El día que dejemos de celebrar días de la mujer y tener conversaciones como esta creeré que hemos llegado a algún sitio.

“Las mujeres seguimos ganando menos y sin tocar poder. Los hombres solo están concienciados de boquilla”

XL. Los hombres siguen teniendo el poder, pero están más concienciados…

I.C. Los hombres lo dicen de boquilla. Hay pequeños avances, pero seguimos ganando menos dinero por las mismas actividades y sin apenas tocar poder. Los salarios siguen siendo más bajos para las mujeres, pero no paramos de trabajar, dentro y fuera de casa. Como dice Barbara Kruger: «It’s a small world, but not if you have to clean it» (‘El mundo es un lugar pequeño, pero no si tienes que limpiarlo’).

XL. Ya hay mujeres que destacan en el deporte, empieza a haber empresarias…

I.C. A mí no me hables de deportes, porque me importa tres pepinos, o del mundo de la empresa, que lo desconozco. Yo soy una persona muy limitada y lo admito: a mí háblame de cine, de libros, de música, de pintura… Y en todas esas disciplinas ya había mujeres despuntando hace 30 años y no eran menos que ahora, aunque algunas hayan sido ninguneadas.

XL. ¿Y en la pareja?

I.C. Se sigue considerando al hombre el cabeza de familia. Pero es verdad que en este terreno la situación de la mujer ha mejorado. Ahora, la mujer cuando ya no aguanta se va; el divorcio, en cambio, solo lo pide el hombre cuando tiene recambio. La mujer del siglo XXI no necesita recambio, cuando se cansa de verdad se marcha. Y solo por eso nos deberían dar unas cuotas igualitarias en todo porque eso ya demuestra una gran inteligencia [ríe].

XL. ¿En la sexualidad, no es más libre?

I.C. Ya lo era hace 30 años. Lo que ahora me preocupa mucho es el tema de los ‘vientres de alquiler’. Entiendo que haya parejas de hombres que quieran ser padres; pero esto de alquilar el vientre de una mujer para meterle dentro el óvulo como si fuera un microondas… me espanta: es una cuestión de piel.

XL. En cuanto a la homosexualidad femenina, se visualiza sin los prejuicios de hace 30 años.

I.C. Totalmente. Parece que conseguimos sacar algún aspecto positivo a estas tres últimas décadas [sonríe], pero yo diría que en general en estos 30 años no creo que haya habido avances reales. Se han consolidado las cosas que habíamos conseguido, porque el esfuerzo que se hizo en los años anteriores a los noventa fue muy grande. Pero en muchos aspectos se ha producido una regresión.

“Todo lo que he conseguido me ha costado cuatro veces más que si hubiera sido un hombre. Lo digo sin victimismo”

XL. ¿En qué lo nota?

I.C. Yo he trabajado mucho con adolescentes y es alucinante, siguen siendo de un machista que asusta. Yo esperaba más de estas tres décadas. Soñaba con que mi hija viviera otro mundo y, sin embargo, veo que el de ahora tiene todavía más trampas que hace 30 años.

XL. En este tiempo, nos hemos hecho mayores y la dependencia se acerca…

I.C. En este aspecto, tampoco hemos mejorado nada: siempre nos toca a nosotras. El hombre se sigue escaqueando. Y eso es profundamente injusto. Ellos nunca son conscientes de que la mujer ‘curra’: ni hace 30 años ni ahora. Te pongo un ejemplo: en las películas escritas y dirigidas por hombres nunca el hombre se hace la cama e incluso nunca nadie sale haciendo la cama, a nadie se le ocurre que hay que hacerla. En las películas escritas o dirigidas por mujeres, sí. Por algo será, ¿no?

XL. Hay quien cree que la violencia de género es la misma, pero que ahora se denuncia y se visualiza y antes no.

I.C. ¡Ya! El producto interior bruto cada vez va a menos, pero el maltrato a las mujeres no deja de subir. La mujer sigue sin estar educada para ver las señales y alejarse. Hay un componente emocional por el que las mujeres se resisten a ver. Y las señales son claras.

XL. ¿Por qué aumenta el número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas?

I.C. Hay mujeres a las que matan por denunciar y a otras por no haber denunciado. Hay un estado de indefensión brutal. Hay mucha gente psicótica, muchos hombres que deberían estar en una vigilancia psiquiátrica porque no están bien. Al ver las cifras, me pregunto por qué con el paso de los años cada vez mueren más mujeres… y no entiendo la razón. Trabajando con los adolescentes, me sorprendió ver que los patrones siguen siendo los mismos que hace décadas. Es más, ahora, aumentados por la Red, WhatsApp…

XL. ¿Por qué seguir haciendo películas comprometidas?

I.C. Porque creo que soy la que mejor las hago y porque a mí hacer una película tipo Parque Jurásico o Wonder Woman me la ‘suda’, aunque estén muy bien hechas. Yo me pregunto: «¿Es esto lo que queremos? ¿Son los superhéroes un modelo para las mujeres? ¿Son un modelo para la humanidad?». ¡Pues no! Creo que ese tipo de cine es un modelo de ocio y de sublimación infantil de la realidad.

XL. Hace 30 años que rodó su primer largo, ¿algo habrá cambiando cuando ahora le van muy bien las cosas, no?

I.C. Yo soy consciente de que las cosas que he conseguido -y lo digo sin martirologios ni victimismos-me han costado cuatro veces más que si hubiera sido un hombre, lo tengo clarísimo. Veo todas las situaciones por las que he pasado, las cosas que me han dicho, la manera -a veces sutil y a veces feroz- con que han intentado comerme la autoestima y minimizar lo que hacía… No han sido fáciles estas décadas.

XL. Estos días se ha destapado el acoso sexual sufrido por las actrices, algo que lleva mucho tiempo ocurriendo.

I.C. Hace unos días, la directora de la Academia de Cine nos preguntaba si a Harvey Weinstein había que despojarle de su membership, y yo le dije: «Si le despojáis a él, ¿eres consciente de toda la gente a la que tendrías que despojar también?». Cuando habló la primera mujer sobre el acoso, yo pensé: «Esto es solo el principio». Lo de James Toback lo sabía todo el mundo, es un enfermo; y lo de Weinstein yo lo sé desde hace 15 años. Y no me extrañaría que volviera a salir el caso de Woody Allen…

XL. ¿Le parece mal que se denuncie, aunque sea tarde?

I.C. Por supuesto que no, pero me horroriza cómo lo trata la prensa. Yo no quiero saber los detalles ni los necesito. Si todas esas mujeres acosadas hubieran sido hombres, estoy convencida de que ninguno de ellos tendría que darlos. Hace unos días, en la NBC, la gran estrella del periodismo Megyn Kelly le decía a una de las mujeres que han sido acosadas por Weinstein: «Los espectadores querrán saber cómo se puede forzar al sexo oral a una mujer». Lo estaba viendo y me indignaba. ¿Aun siendo acosadas, tenemos que dar el triple de explicaciones? No estoy diciendo que todas las mujeres que acusan tengan razón, eso lo tiene que decir un juez, pero me parece una humillación pública lo que tienen que pasar las mujeres que se deciden a denunciar un acoso sexual.

XL. ¿Dentro de 30 años nos seguirán preguntando cómo conciliamos?

I.C. [Risas]. Quiero pensar que, después de estas décadas absurdas de insania, van a venir años mucho mejores para la mujer. A nosotras, nos ha tocado la china. ¡Qué le vamos a hacer!