Clint Eastwood nos habla de su última película ‘15:17 Tren a París‘  y de como convirtió a tres héroes de verdad en actores. Por Fernando Goitia

XL. ¿Decidió filmar esta historia del ataque terrorista a un tren en Francia cuando vio las noticias, aquel 21 de agosto de 2015, o más tarde?

Clint Eastwood: Lo decidí tras leer el libro de Spencer, Alek y Anthony. Ellos mismos me lo enviaron, después de que nos conociéramos. Pero sí que recuerdo, en su día, que pensé en este tipo de cosas en las que todo el mundo piensa: ¿qué pasa por tu cabeza en un momento así?, ¿qué se siente?, ¿cómo consigues tomar la decisión de actuar al instante?

XL. La pregunta que todo el mundo se hace, creo yo, es: ¿qué habría hecho yo en su lugar?

C.E. Bueno, sí. De hecho, la mayoría de los que iban en el tren huyeron hacia otros vagones o se escondieron bajo los asientos. El comportamiento de estos tres muchachos y de unas pocas personas más fue excepcional. Salvaron a todos. Y la diferencia la marcaron unos detalles: los dos hombres que se topan con el terrorista cuando sale del baño e impiden que empiece a disparar a mansalva, un AK-47 que se encasquilla, Spencer que se le echa encima, una cuchilla que no acierta, Alek que le impide disparar su pistola; que Alek y Spencer tuvieran entrenamiento militar, que reaccionaran al momento…

XL. Antes de decidirse a contar con Anthony, Spencer y Alek para hacer de si mismos, ¿pensó en actores para sus papeles?

C.E. Oh, sí, estuvimos haciendo pruebas a unos cuantos, pero algo no me encajaba. Y un día se me ocurrió probar con los tres héroes reales, a ver qué tal; más que ver si sabían actuar, quería ver sus caras en la pantalla. Se lo pregunté y me dijeron que sí. Se tiraron a la piscina de inmediato y al ver su determinación tuve claro que todo iba a funcionar. Fue divertido porque se trataba de revivir todo ese incidente con sus verdaderos protagonistas, tres tipos que se conocían desde niños, y hacer con ellos una interpretación de sus propias vidas. Y lo hicieron de maravilla.

XL. Ninguno de los tres tenía experiencia ni formación como actor. ¿Cómo supo que lo harían bien?

C.E. La experiencia, supongo. A mis 87 años y he visto a mucha gente normal convertirse en actores. A veces, el que no es actor te da algo mucho más real. No es sencillo, pero funcionaron desde el principio. En serio, fue un alivio no tener que despedirlos [se ríe].

XL. Dice Tom Hanks que usted trata a los actores como si fueran caballos, porque les susurra y nunca grita «¡Acción! ni ¡Corten!». En el caso de estos tres, ¿qué estrategia siguió?

C.E. Yo sabía que la clave era crear un ambiente donde se encontrarán a gusto y nos ayudaran a recrear lo que pasó. Que lo revivieran siendo ellos mismos. En un rodaje el director es quien impone el tono y marca el ambiente, y si tú proyectas estrés y nerviosismo, eso es lo que recoges. Todo se deteriora rápidamente. Es algo extensible a cualquier jefe en cualquier ámbito.

XL. ¿Fue complicado convencer a los productores para invertir en una película, como dicen en Hollywood, con ‘civiles’?

C.E. Había cierto recelo, por supuesto, pero les dije: «No olvidéis que en Gran Torino también trabajé con gente que no había actuado nunca y salió todo bien». Así que confiaron en mí.

XL. A estas alturas, le dejan a usted hacer lo que quiera…

C.E. Bueno, echando la vista atrás, siento que siempre he hecho lo que he querido, la verdad [se ríe].

Tren a Paris pelicula

XL. Su película cuenta la Alek, Spencer y Anthony y la cadena de coincidencias que les permitió impedir una masacre. ¿Creen que estaban destinados a realizar aquel acto heroico?

C. E. Bueno, es que una historia como esta te hace pensar: ¿cómo es posible? Alguien debe de andar por ahí manejando las cuerdas para que todo esto haya encajado. Que estos tres chicos estuvieran en aquel tren aquel día para salvar a todos es mucha coincidencia. Y luego hay cosas como que a Spencer, por ejemplo, lo rechazaran en operaciones especiales y acabara en la unidad médica de emergencia; él siempre consideró aquello un revés, pero si no hubiera aprendido allí a taponar una herida con los dedos, Mark Moogalian, el pasajero que le quitó el AK-47 al terrorista y recibió una bala, estaría muerto.

XL. Lo que no cuenta usted es la historia del terrorista. ¿No le interesaba indagar en el origen de su odio?

C.E. Es que yo no quería contar su vida sino la de Alek, Spencer y Anthony. De todos modos, todo el mundo sabe de dónde vienen estos sujetos, cómo son adoctrinados para odiar a los infieles y matar a cualquiera que se les ponga por delante. Llega un momento en que se escapa a tu entendimiento, no entiendes por qué hacen lo que hacen así que prefieres no pensar mucho en ellos.

XL. En estos tiempos de amenazas terroristas, el mundo parece necesitado de héroes. ¿Fue esta una de las razones para rodar esta película?

C.E. Sí, bueno, el terrorismo no va a desaparecer, pero estas películas son un homenaje al hombre común, a los héroes inesperados. En este caso, además, más que un rodaje fue una recreación de lo que vivieron los propios protagonistas reales de aquel acto heroico.

XL. Sus dos películas anteriores, El francotirador y Sully, también cuentan historias de individuos normales que salvan vidas. ¿Es el tipo de persona que más admira?

C.E. Sí, me gustan estos ejemplos de comportamientos extraordinarios en situaciones extremas. Los mejores momentos de la historia de la humanidad los han proporcionado los héroes.

XL. Usted reinvidica a los héroes comunes en un Hollywood rendido por completo a los superhéroes. ¿Coincidencia?

C.E. Oh, sí, yo no pienso en superhéroes ni nada de eso. Ni siquiera sé quienes son. Yo me quedé en la primera de Star Wars [se ríe].

XL. ¿No le ofrecieron, por cierto, el papel de Superman antes que a Christopher Reeeves?

C.E. Sí, bueno, pero no me vi yo ahí… También me ofrecieron James Bond, cuando lo dejó Sean Connery; también lo rechacé. Imagínate, me hubiera alienado totalmente. ¡Yo haciendo de un inglés! [carcajadas].

XL. De haberlo aceptado, no habría sido compatible con Harry El Sucio

C.E. Sí, sí, no me arrepiento, desde luego. Mi abogado representaba también a los Broccoli [los dueños de la franquicia Bond] y la verdad es que me hicieron una oferta difícil de rechazar, pero sentí que mis pasos no iban por ahí.