Esta mujer ha cambiado la vida a decenas de actores. Con su revolucionario método de interpretación, los ha convertido en estrellas y a ella, en millonaria. Jamás deja filmar sus clases, así que contratamos una sesión privada con la nueva Stanislavski… Por Stephan Maus

La puerta del escenario se abre de golpe. Dos hombres salen en tromba. Se detienen, doblados y sin aliento. Intentan recuperar el resuello. Luego, uno de ellos le hace un gesto obsceno al mayor con su dedo índice.

De repente, resuena un atronador: «¡Alto! ¡Alto! ¡Así no! ¡Esto no está bien!».

La voz profunda y áspera pertenece a Ivana Chubbuck, que dirige una prestigiosa academia de interpretación en Los Ángeles. Muchos se refieren a ella como la star whisperer, la mujer que susurra a las estrellas. Antes de pasar por sus clases, Brad Pitt hacía anuncios vestido con un disfraz de pollo; hoy es uno de los actores mejor pagados del mundo. Chubbuck también preparó a Halle Berry para su papel en Monster’s ball. Ayudó a Jim Carrey a superar un profundo bache profesional y transformó a Sylvester Stallone en un actor de verdad. De Ivana Chubbuck se dice que es la nueva Stanislavski, aquel profesor ruso de teatro que revolucionó la interpretación a comienzos del siglo XX.

Su método exige que los participantes se abran totalmente, que desnuden su alma, motivo por el cual los periodistas no tienen acceso a los talleres. Como no se me permite presenciar sus clases, he optado por conocer su método en primera persona. Estoy a unos minutos de empezar mi clase particular con Ivana Chubbuck.

De niña sufrió malos tratos y abuso psicológico. Su madre era bipolar y su padre, adicto al trabajo, siempre estaba ausente

La mujer que susurra a las estrellas me envió hace días el texto de una escena de Birdman, la comedia negra del director Alejandro González Iñárritu. Mi personaje es Mike, un actor de teatro tan genial como enamorado de sí mismo. Mike flirtea con la joven Samantha sobre la azotea de un teatro de Broadway. Todo lo que Samantha quiere de mí, de Mike, es un beso. Pero yo tengo que hacer lo posible para que ese beso no tenga lugar. Me cuesta relacionarme, soy un egocéntrico incurable y tengo problemas crónicos de erección. La verdad es que me siento algo pillado. sí, yo también soy un egocéntrico. Pero, a diferencia de Mike, odio los escenarios. No soporto hablar en público. Pero hay que vencer los miedos. Esa parte del método Chubbuck ya la tengo asumida. Y ha llegado el momento de ponerlo en práctica.

Una hora con Ivana

Comienza la hora de coaching privado con Ivana Chubbuck. ¡Uf! Vestida de negro, parece sacada de un catálogo de Prada y dirige una mirada cargada de dudas a la grabadora: «¿Está seguro de que quiere grabarlo? -me pregunta-. Van a salir cosas que no le gustará ver publicadas».

Dicho esto, me pide que interprete mi papel. Ella hace de Samantha. Me estudia con sus ojos implacables y, cuando termino de interpretar mi escena, me siento como de hormigón armado.

Y entonces la señora Chubbuck saca su máquina de agitar el hormigón. Primero hablamos de lo que mi personaje quiere hacer con su vida, trabajamos sus motivaciones. Identificamos todos los miedos de mi personaje. La señora Chubbuck es una analista de guiones muy perspicaz. Lo que sigue es una sesión de terapia psicológica.

Pero hay un problema. Solo hay una cosa que odie más que subirme a un escenario: las conversaciones personales. Pero a la señora Chubbuck eso la trae sin cuidado. Es implacable. Solo necesitó cinco minutos para hacer que Beyoncé rompiera a llorar como una niña. Fue así como la preparó para su papel de la gran dama del blues Etta James en Cadillac Records.

Sentimientos, temores y traumas

Ivana Chubbuck indaga mi biografía, hace que me sumerja en ella en busca de una persona que me provoque los mismos sentimientos y temores que sufre mi personaje: ¿una persona que me pueda provocar problemas de erección? «Una vez que identifiques a esa persona -me dice-, lo único que tienes que hacer es proyectarla en el personaje de Samantha».

Mi coach me dice que me imagine que estoy en alguno de los lugares donde viví experiencias negativas con esa sombra oscura extraída de mi biografía; que en mi interpretación tengo que superar todos los dramas vitales reprimidos. Porque no hay nada que les guste más a los espectadores que ver a otras personas superando sus traumas. Verlas vencer. Y no hay nada que aburra más a la gente que los perdedores.

Chubbuck quiere que venza a mis demonios delante de ella. Tengo que poner en el papel todo mi dolor, toda mi rabia.

“Vamos, di lo primero que se te pase por la cabeza. Que no te dé vergüenza. Todo lo que te hace sentir vergüenza es oro puro para tu interpretación”

La señora Chubbuck revuelve en mi vida sin un atisbo de piedad, busca recuerdos desagradables. Cuando titubeo en una respuesta, chasquea los dedos insistentemente, me apremia. «Vamos, di lo primero que se te pase por la cabeza. Va, rápido, rápido. Lo primero que se te viene es la verdad. Vamos, venga. Que no te dé vergüenza. Todo lo que te hace sentir vergüenza es oro puro para tu interpretación. Utilicémoslo».

Me pregunta por relaciones pasadas y sueños que se me fueron por el sumidero. «Lo que hago es trabajar como lo haría un criminólogo -gruñe-. ¿Sabes a lo que me refiero?». Sí, sí que lo sé, asiento. «¡Pues, venga, a qué estás esperando!». Traza grandes círculos delante de mi cara con sus largos dedos de araña, da vueltas, se acerca y clava su aguijón en mi mente. No tarda en conseguir lo que necesita. Drama. Traumas. Ira. Odio. Desesperación.

Esto es terrible. Horroroso. De repente siento una enorme compasión por Beyoncé. ¿Acaso he reprimido cuidadosamente todos mis traumas para ahora arrojárselos a los pies a una millonaria norteamericana?

No tienes que actuar, tienes que ser

La señora Chubbuck me hipnotiza con su mirada de cuervo vestido de Prada. Su párpado derecho se cierra ligeramente. ¿Es un truco? Pues parece que sí porque no tardo mucho en rendirme. Le entrego mis secretos. Todos. Tengo las manos frías. Heladas. Las extiendo hacia ella. Quizá así se apiade de mí. Quizá así me dé su absolución.

Su método exige que los participantes se abran totalmente, que desnuden su alma. Por eso, los periodistas no tienen acceso a los talleres

Y lo hace: toma mis miserables y gélidas pezuñas de periodista europeo en sus cálidas manos hollywoodienses y me dice con voz profunda: «¿Ves? Funciona siempre. No tienes que actuar, tienes que ser. Y solucionar tus problemas al hacerlo. Es la única manera de ofrecerle al mundo un atisbo de esperanza. Porque esa es nuestra obligación como artistas. Tenemos que darle al mundo esperanza». Chubbuck se reclina en su sillón. Ha abierto mi coraza de hormigón. Ahora ya puede empezar a trabajar conmigo.

No tiene recetas milagrosas, me dice. Brad Pitt tuvo que dejarse la piel antes de que le permitiera pronunciar un par de líneas del guion. «Recrear el comportamiento humano requiere un montón de trabajo. Los seres humanos son endiabladamente complicados», concluye.

ASÍ NOS CAMBIÓ LA VIDA IVANA

Sharon Stone, Jim Carrey, James Franco, Brad Pitt, Gerard Butler, Eva Mendes… por las manos de Ivana Chubbuck ha pasado medio Hollywood. Así les cambió la vida a cuatro grandes estrellas.

Charlize Theron

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«Ivana me enseñó a utilizar mis emociones y todo lo que me había sucedido en la vida para convertirme en una actriz más efectiva. Los riesgos eran muy elevados, pero encontré un lugar muy interesante donde detenerme y darme varias veces de bruces contra el suelo».

Chubbuck ayudó a la diva sudafricana, cuya madre mató a su padre en defensa propia cuando era una niña, a convertirse en la asesina en serie de Monster. Por ese papel ganó el Oscar a la mejor actriz.

Halle Berry

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«El curso de mi carrera y la profundidad de mi trabajo cambiaron drásticamente bajo la tutela de Ivana. Posee un conocimiento extraordinariamente sagaz de la condición humana y la habilidad para transmitir esa percepción a sus alumnos. Está entre los grandes profesores de la Historia».

En 2004, Berry se convirtió en la primera afroamericana en ganar un Oscar, por Monster’s Ball. En su discurso dijo: «Ivana Chubbuck, nunca hubiera conseguido averiguar quién era esta mujer sin ti. Gracias. Te quiero».

Sylvester Stallone

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«Me destruyó. Me hizo ver que, como actor, era un pianista con un solo dedo que golpea siempre la misma nota. Entró en lugares que yo no quería abrir, como la muerte de mi hijo. Me dijo: ‘Eso es justo de lo que debes hablar. Tu personaje lidia con la pérdida, el dolor’».

Con 68 años y más de 60 películas en su haber, Stallone trabajó con Chubbuck en Creed, el retorno de Rocky al cine. el papel le valió su primer globo de oro y una nominación al oscar.

Beyoncé Knowles

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«Sentí que hacer de Etta James sería difícil; era adicta a la heroína y yo no he probado drogas. Pero Ivana me ayudó a sentirme como si estuviera colocada, alcancé emociones que me pedían evadirme y eliminar el dolor. Fue una experiencia cruda, única».

En 2008, Chubbuck ayudó a la cantante en Cadillac Records. Su recreación de la gran diva del blues le reportó grandes críticas y nominaciones a varios premios.


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