Es el oro azul de la moda. Un tejido con el que se crean más de mil millones de piezas cada año por valor de unos 60.000 millones de euros. Esta temporada, el azul índigo vuelve a asomar por todas partes. Bordado, deconstruido o deshilachado.

El vaquero se ha convertido en el el tejido fetiche del año y, ya lo sabemos, del que viene. La bendición no procede precisamente de la calle, donde el denim siempre ha sido el rey, sino de las pasarelas, plagadas repentinamente de diseños que usan y abusan de este material humilde, aunque costoso de producir. Su materia prima, el algodón, es un bien escaso y que requiere de procesos poco sostenibles y contaminantes. Casualmente, su cotización ha alcanzado mínimos en los últimos meses, extremo que los expertos descartan como razón para este repentino interés de la alta moda por un textil tan popular. Se trata, más bien, del deseo de los creadores de conectar con un público que cada vez entiende menos los tejidos nobles (sedas, organzas, piel), y se identifica con el espíritu inconformista y, sobre todo, juvenil del denim. La tela vaquera rejuvenece. Y eso vende.

Los diseñadores se han reafirmado en su decisión veraniega de acudir al azul índigo como reclamo comercial intergeneracional. Chanel, YSL y Louis Vuitton, rendidos a la evidencia del vaquero hace meses, vuelven a editar prendas con este tejido en la temporada vestida por excelencia. Gucci lo convierte en un fetiche gracias a profusos bordados que añaden color y personalidad a piezas clásicas: jeans, cazadoras, camisas. Otros diseñadores lo usan como si fuera el nuevo negro. no se limitan a citarlo en sus formatos habituales, sino que con él terminan vestidos, faldas, abrigos… Todas las piezas imaginables. La adaptación del denim a patrones hipersofisticados es irresistible por la propia contradicción en términos que plantea. Al sacarlo de su tiesto, el tejido vaquero, sorprendentemente, se crece.

Dentro de la oficina
Un estudio de la consultora Cotton Inc. asegura que, en solo cinco años, el mercado de este tipo de textil crecerá aún un 7,3 por ciento, en parte por el creciente tirón de las economías emergentes. En Occidente, el peso del consumo crecerá gracias al estilo de vida antiprotocolario de los millennial y a la general relajación de la etiqueta en el vestir. Cada vez será más fácil ver vaqueros en las oficinas sin que remita necesariamente a cierta falta de formalidad. El denim conecta también con cierto rechazo a la ostentación y con su adaptación a una rutina más movida, donde hasta las oficinas son portátiles. Preocupa, sin embargo, la sostenibilidad de sus procesos de producción, aunque las innovaciones industriales van camino de superarlas incluso en las peores factorías de Bangladesh: la vigilancia de las agencias y ONG tiene muy cercadas a las firmas, sabedoras de que una mala reputación los aleja de los compradores jóvenes.

En el low cost, el carrusel de las tendencias obliga a los creyentes a cambiar de jeans casi cada temporada. Aunque en el reino de los pantalones pitillo no se pone el sol, lo que ordena el otoño-invierno son bajos tobilleros deshilachados, recortados y asimétricos, los que firma la marca de culto Vetements. También vaqueros oversize, muy rotos, decorados con bordados y chapas e incluso pintados, como homenaje a la década de los 90. O siluetas deudoras de los 70, con pata de elefante o campana, pernera ancha o gauchos. Imprescindible el doble denim. pantalones y camisa combinando dos tipos de tejido vaquero (tiene su dificultad), o incluso triple, si se añade cazadora, chaqueta o calzado.

Apuesta por la calidad
El comprador exigente, sin embargo, opta por modelos clásicos que mimar porque sientan como un guante y están fabricados en un tejido de altísima calidad. Para valorarla podemos dejarnos guiar por el precio, que suele ser indicador de la durabilidad de la prenda. Pero para evitar las firmas que descuidan la fibra y apuestan por el marketing, es útil conocer algunas especificaciones acerca de la obtención de este tejido. Las mejores fábricas de denim trabajan en Turquía, Italia y Japón. Muchas son empresas familiares que no se dedican a la gran producción, sino a la mediana pero de gran calidad, con procesos industriales altamente tecnificados, poco contaminantes y buscando la sostenibilidad. Kurabo, en Japón, es famoso por su técnica de teñido, otro proceso en el que el tejido puede verse comprometido si no se realiza adecuadamente. Los mejores vaqueros deben confeccionarse con algodón cien por cien, un poco duro al principio pero que enseguida se adapta a la figura de su propietario, y terminarse con puntadas pequeñas (tres y media por centímetro). Difícil encontrar un pantalón de estas características por menos de 150 euros, sobre todo si son desgastados. Más allá de los 200 euros estaremos comprando unos jeans longevos. Muy longevos.